Pedro Luis López, @estrateglobal. Miembro del Círculo Podemos de Murcia
En medio de la plaza del duomo
de Milán se encontraba una celda grande para pájaros con un
franciscano dentro. Era su forma de denunciar la caza al negro
que se había realizado la noche antes en una pequeña ciudad cerca de
Milán. De plena madrugada efectivos de la policía italiana habían entrado
en las casas de un barrio en donde vivían sobre todo inmigrantes llevándose a todo aquel que fuera negro, tuviera papeles o no.
Años antes se había aprobado la ley de inmigración
Turco-Napolitano. Dos ex-comunistas ponían nombre a una ley que
oficializaba la inmigración clandestina y preveía la existencia de
los centros de retención temporales (los
CIE en su versión actual española), donde retenían a los
inmigrantes en espera de un juicio de expulsión. Tiempo
más tarde, en el 2008, la Unión Europea permitiría este tipo de
leyes con centros temporales de retención en todos
los Estados miembros,
aprobando la que se vino a denominar la directiva de la vergüenza,
la directiva de retorno 2008/115/CE. Esto ha hecho que los CIE's
proliferen por todo el sur de Europa e incluso por el norte de
África, y también ha provocado que el Mediterráneo sea una de las
zonas más militarizadas del planeta dedicándose casi exclusivamente
al control de la inmigración.
Por el tiempo de la performance
en la plaza del duomo de Milán, hace
ya una
década, yo colaboraba
con FILEF (Federazione Italiana dei Laboratori Emigrati e
Famiglia), organización que
nació originariamente para asistir en Milán a los trabajadores
italianos del sur y sus familias que emigraban
hacia el norte de Europa después de la segunda guerra mundial, y que más tarde se ha reconvertido
en una organización que
asiste a los inmigrantes en
Lombardia, región donde se encuentra Milán. Alguna vez me tocó
acompañar a la abogada al CETI (Centro de Estancia Temporal de
Inmigrantes) de via Corelli en
Milán. Espeluznante:
carabinieri armados
con fusiles de asalto, registros
a la entrada y a la salida, pinchos y concertinas encima de los
muros. Una auténtica cárcel para personas que no habían cometido
ningún delito, sino que al
máximo se encontraban en
una situación administrativa irregular.
De la mano de FILEF
tuve la oportunidad de asistir a un encuentro nacional en Italia
sobre inmigración en el
pequeño
pueblecito
costero
de Cecina, cerca de Livorno.
Pasadas las conferencias y
los talleres, ya de noche, se mantuvo una charla informal sobre inmigración con un
diputado de Rifundazione Comunista. Ante la insistencia de los asistentes y el
poco caso que dicha organización mostraba hacía la causa de los
inmigrantes, el diputado respondía (no son las palabras exactas pero
se acercan): “me encuentro solo en este tema, los
compañeros de partido dicen que esto de los inmigrantes está muy
bien pero que nos hacen perder votos”.
Es una de las frases mas
horrorosas que he oído alguna
vez a un dirigente de la
izquierda política y social.
Con el anuncio de la
participación de Jorge Verstrynge en un acto de PODEMOS en Madrid he
vuelto a tener la misma extraña sensación.
En el 2007, en pleno debate sobre la directiva europea de la
vergüenza antes mencionada, Verstrynge y Cía sacaba el “Informe
sobre la Inmigración”. Entre otras barbaridades, «Verstrynge
y Cía describen los actuales niveles de inmigración como “aumentos
de la población brutales” y los comparan, citando a Jacques Chirac
(¡!), con una “invasión”. Sostienen que este flujo crea
problemas masivos para la población receptora, justificando esta
idea por medio de las opiniones negativas vertidas sobre la
inmigración en los Barómetros del CIS. Añaden que si esta
situación sigue, crecerán grandes fuerzas de extrema derecha como
la de Le Pen (o una “lepenización de la sociedad”)» [1].
Las
leyes sobre inmigración en Italia, pese a ser tan restrictivas, no han frenado el
ascenso de la extrema derecha. Es más, la han alimentado. La extrema
derecha no se combate haciendo de extrema derecha y reforzando sus
argumentos, todo lo contrario: se combate desarticulando la
argumentación que criminaliza al inmigrante y lo pone en el centro
de los problemas en tiempo de crisis. Esta forma de pensar hace
del inmigrante un
chivo expiatorio de los problemas causados por otros y desvía la
atención sobre los verdaderos culpables, grandes empresarios y
banqueros que han arruinado este país a base de pufos y fraudes.
Insisto, la crisis no la han provocado oleadas de inmigrantes
saltando una valla de pinchos y cuchillas, no: la crisis la han
provocado grandes empresarios que defraudan y tributan en paraísos
fiscales y banqueros que arruinan bancos mientras se ponen sueldos
millonarios.
Algunos podrían decir, no, Verstrynge ha cambiado, ya no piensa así. Nada
más lejos de la realidad. En junio de 2013 en una entrevista
concedida al Frente Cívico Somos Mayoría Valencia [2], ante la
pregunta de “Tu criterio sobre la migración suscita fuertes
polémicas en el seno de la izquierda. ¿En qué consiste, a grandes
rasgos?”. Contesta:
«Resumiendo, en que la inmigración ilegal beneficia a los
grandes empresarios y perjudica a las clases populares de los países
receptores, que acaban compitiendo con la población inmigrante por
unos servicios públicos menguantes. Me parece, además, que es muy
fácil desde supuestos pretendidamente progresistas y viviendo en
zonas residenciales, citar como efectos beneficiosos de la
inmigración irregular un supuesto multiculturalismo. Se lo pregunto
a mis alumnos: ¿Habéis visto alguna vez a la patronal protestar por
la inmigración ilegal? No, porque presiona los salarios a la baja.
En España hay un excedente de 1,5 millones de inmigrantes, gente a
la que hay que ayudar a que retornen a sus países. Se trata en
muchos casos, además, de gente formada. Por eso el hecho de que los
acojamos también puede considerarse una forma de expolio a sus
países.»
De esta manera pone
a los inmigrantes como competidores a la baja con los sectores
populares autóctonos, lo que refuerza el racismo y los argumentos de
la extrema derecha; argumento que recuerda mucho al utilizado en
la época en la que las
mujeres empezaron a incorporarse al mercado laboral y también las
acusaban de tirar los salarios a la baja. Debe quedarnos claro que quién tira los salarios a
la baja es la
gran patronal de este país, aprovechándose de una situación de
crisis que han provocado ellos, para hacerse aún más rica
a costa de la mayoría social, migrante o no; y
no los inmigrantes, que son uno
de los colectivos más machacados y atacados por este sistema.
Por todo ello quiero mostrar mi
preocupación por la
invitación a Jorge
Verstrynge para intervenir en
un acto de PODEMOS en Madrid
junto a Pablo Iglesias e Iñigo Errejón entre otros.
Uno de los límites puestos en la creación de PODEMOS fue el respeto
a los derechos humanos, límite reforzado por las cabezas más
visibles de este proyecto, tanto por Pablo Iglesias como por Juan
Carlos Monedero. Debo recordar que los derechos humanos son
universales e inalienables, esto quiere decir que las personas los
tienen independientemente de quienes sean, donde estén y en que
situación administrativa o penal se
encuentren. Por mucho que el
Sr. Verstrynge suavice el discurso, proponer expulsiones masivas de
inmigrantes y decir que sobran es no respetar los derechos de los
inmigrantes, y por lo tanto es no respetar los derechos humanos de
una parte de la población que
está sufriendo esta estafa llamada
crisis.
Mi opinión, como miembro activo del
Círculo Podemos de Murcia, es que Jorge Verstrynge, por su perfil público, no tiene cabida en este
proyecto a no ser que se
retracte de sus opiniones públicas anteriores y recientes sobre el tema
concreto de la inmigración, que no casan con los principios que entiendo rigen PODEMOS. También valoro como un gravísimo error haberlo invitado a un acto dadas las
circunstancias.
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