"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

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domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre idealismos y realismos

Publicado en Rebelion.org

Vamos a intentar muy humildemente hacer un poco de pedagogía sobre ciertos conceptos filosóficos que en mi opinión tienden a usarse mal, lo que conlleva a equívocos y malas interpretaciones. No hay nada más odioso que te cuelguen la etiqueta de idealista en el medio o en la conclusión de una discusión frente a otra parte, que por supuesto, denominan realista. El uso de estos conceptos de esta manera denota una forma de pensamiento dualista en la que se tacha a una parte de utópica, aún cuando sus razonamientos sean más o menos acertados, y a la otra parte de realista, que viene a representar el mal menor.

Para ponernos en situación la discusión versaba sobre economía. El tema en cuestión no es relevante para el desarrollo del artículo, lo importante saber es que a una de las partes que podríamos denominar keynesiana o cercana ideológicamente a la izquierda reformista se la etiqueta como realista y a la otra parte más cercana al marxismo se la etiqueta de idealista o utópica.

Definamos pues que es el idealismo. Intentemos definirlo a través de un ejemplo concreto, la concepción del Derecho en la actualidad.

Según las teorías actuales sobre Derecho, la convivencia, vivir el hombre entendido como ser humano, con el resto de hombres, vivir en sociedad, requiere un orden, sin el que no sería posible. La base del orden deviene de unas reglas fundamentales a las que debe atenerse tal convivencia. El conjunto de esas reglas constituye el Derecho natural. Derecho que es perceptible por la razón humana, que es congruente con la naturaleza del hombre, y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Los derechos naturales son universales e inalienables: no se pueden renunciar a ellos y nadie puede impedir que otra persona goce de estos derechos. Cuando este derecho está vigente, es decir, cuando rige en el determinado momento en el que se le contempla, hablamos de Derecho positivo. El Derecho positivo y el Derecho natural tienen concordancia, puesto que el Derecho positivo ha de inspirarse en el natural, no contradiciéndolo, sino desarrollando sus principios y reglas a tenor de las circunstancias y necesidades de cada momento y lugar. Sólo su armonía con el Derecho natural legitima al positivismo, y lo convierte en justo o injusto. Desde un punto de vista objetivo, se trata de un conjunto de normas que deben inspirarse en el Derecho natural.

Por lo tanto, hablamos de idealismo cuando los razonamientos se basan en una idea que transciende al ser humano (es trascendente) y que en este caso concreto viene representada por el Derecho natural, el ideal de lo justo. Sin embargo, existe otro razonamiento por el cual el Derecho no viene determinado de ningún ideal de lo justo que transciende al ser humano y es invariable en la historia del mismo, sino que este Derecho viene determinado por una ética determinada que ha logrado imponer la clase dominante en un cierto momento histórico gracias al control privado de los medios de producción. En este caso estamos haciendo un razonamiento materialista histórico. Como defensa de esta tesis, pensad, por ejemplo, que el ideal de lo justo en la edad media venía determinado por la ética o filosofía de la clase dominante en ese momento, la nobleza, que es muy diferente al ideal de lo justo actual, que viene determinado por la ética o filosofía de la burguesía, grandes empresarios y banqueros.

Si yo dijera que los bancos tienen derecho a cobrar lo que se les debe, todos podríamos pensar que ciertamente es justo que los bancos perciban aquello que han prestado con intereses, con intereses de demora si me apuráis. Ahora, si defender este ideal de justicia conlleva que haya personas que se queden sin casa y tengamos barrios enteros en las grandes ciudades con las casas vacías mientras, efectivamente, hay personas que necesitan un techo, desde mi punto de vista, debería prevalecer el derecho colectivo de los miembros de una sociedad a tener un techo donde formar una familia sobre el derecho de los bancos a cobrar las deudas contraídas. Por lo tanto, en este caso, no comparto un ideal de justicia trascendente y eterno, sino que considero que el sentido de justicia viene determinado por intereses relacionados con una clase social concreta. Podríamos decir que en el caso concreto del Derecho, soy calificable como materialista histórico y no idealista.

Volviendo a la economía, la izquierda reformista y la izquierda marxista en teoría comparten el análisis de los problemas y las consecuencias realmente injustas de las prácticas capitalistas. La diferencia fundamental es como afrontar esta problemática y que filosofía subyace en la manera de dar respuesta a las crecientes desigualdades económicas y acumulaciones de capital. Tomemos en consideración por ejemplo el artículo de Joseph E. Stiglitz “Para curar la economía” [1], economista que podríamos englobar dentro de la esfera de la izquierda reformista. El propio título del artículo da a entender (y el desarrollo del mismo) que la economía se trata de una idea eterna, trascendente a cualquier realidad histórica y no determinada por los intereses particulares de una clase social concreta ni por las relaciones sociales. Estamos ante una visión idealista de la economía, cuyo razonamiento nos dice que el modelo económico puede ser modificado con el ajuste estatal de ciertos mecanismos. Sin embargo cuando en nuestros razonamientos llegamos a la conclusión de que en realidad el modelo económico viene determinado por una ética concreta que viene impuesta por una clase social dominante y que determina las relaciones sociales existentes en un momento histórico concreto, estamos hablando de una visión materialista histórica de la economía. Siendo consecuente con este razonamiento, para cambiar el modelo económico no solo basta con tocar ciertos resortes del mismo, sino que es necesario un cambio de ética, un cambio de filosofía en las relaciones sociales para que este cambio sea realmente efectivo y acabe con la ética impuesta por la clase dominante.

Vamos a explicar con una analogía hasta que punto la izquierda reformista está cargada de idealismo. Según la izquierda reformista, y según la receta que nos da Joseph E. Stiglitz en su artículo, sería posible reformar el capitalismo de forma que se evite la especulación, la acumulación de capitales y las desigualdades sociales; y de esta manera podamos salir de este callejón sin salida llamado en primera instancia crisis financiera y ahora llamado crisis de la deuda. Pero esto es tanto como pedir que el capitalismo no sea capitalismo; la especulación y la acumulación de capitales en búsqueda del máximo beneficio propio está en la propia idiosincrasia, o si lo prefieren, en la propia genética del capitalismo. Imaginemos por ejemplo un cáncer, sabemos que es malo y llevará nuestro cuerpo al caos y a la muerte. La izquierda reformista vendría a decirnos que como la extirpación sería peligrosa y dolorosa, mejor vamos a intentar convencer al cáncer que no sea cáncer y que no siga creciendo, cuando todos sabemos que en la propia genética del cáncer está el crecimiento sin control. El materialismo histórico vendría a decirnos que el cáncer no puede ser otra cosa que un cáncer, por lo tanto debemos extirparlo por muy doloroso y peligroso que resulte, y para ello debemos cambiar, debemos entender que el cáncer no forma parte de nosotros sino que es una minoría que contamina los recursos de la mayoría.

¿Quién es el idealista entonces?, ¿el que afirma que el cáncer puede controlarse o el que no?, ¿quién es el realista?, ¿el que asume que el cáncer nos matará si no lo extirpamos o el que no?

Al marxista se le tacha de idealista pues defiende la tesis de que para cambiar el modelo económico es necesario cambiar nuestra forma de pensar, nuestra ética, un cambio moral a través de la conciencia colectiva y la pedagogía. Esto se ve como una utopía pero lo cierto es que no es la primera vez que estos cambios ocurren en la historia de la humanidad, es un razonamiento materialista histórico. Sin embargo, al que afirma que para cambiar el modelo económico basta con hacerse con el control del estado y realizar ciertos ajustes, tesis que ya ha fracasado en repetidas ocasiones, a este se le califica de realista.

Hablemos con propiedad, el idealista es materialista; y el realista, idealista o conformista, según el caso.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

sábado, 23 de abril de 2011

Las drogas y el caos

No hace mucho leía Fukushima: la pulsión de muerte como fuente de energía [1] de John Brown en su blog. La lectura de dicho artículo me trajo a la cabeza la idea de entropía, concepto sobre el que había oído hablar de boca de un profesor en mis estudios universitarios en relación con su implicación en la producción de energía y el desorden que provoca en el medio ambiente. Dicho concepto siempre me ha apasionado, no solo como segundo principio de la termodinámica, sino por su validez como concepto filosófico, como principio aplicable a otros ámbitos que no tienen nada que ver en principio con la termodinámica.

En el caso concreto de la energía, este profesor venía a decir que toda producción de energía genera un desorden (o caos) en el sistema. De esta manera, la quema de residuos fósiles (carbón, petróleo, …) está provocando lo que actualmente conocemos como el calentamiento global, la energía nuclear genera residuos contaminantes (caóticos) y además desastres que generan un terrible desorden en las zonas donde se producen. Sin embargo, existen otros tipos de producción de energía menos caóticos. Este profesor opinaba que la naturaleza había ya resuelto el problema energético con una producción de energía poco caótica y en aparente equilibrio, las plantas y la fotosíntesis, y que nuestras miradas e investigaciones deberían ir encaminadas a descubrir los misterios de la fotosíntesis. Sin embargo, seguimos insistiendo en controlar la producción de energía de las estrellas, los procesos nucleares, caóticos donde los haya, al menos para la vida natural.

En el artículo que he citado al principio creo intuir también que este concepto de entropía afecta al capitalismo y a los sistemas económicos y de producción. Si el sistema económico con el paso de tiempo se desordena, entonces el capitalismo es un sistema económico terriblemente caótico pues tiende muy rápidamente al desorden y al caos. Las consecuencias de este desorden que provoca el capitalismo en las relaciones humanas están a la vista: hambre, guerras, miseria, calentamiento global, deforestación, … Como dice el artículo citado, debemos pues encontrar un sistema económico global menos caótico y equilibrado, porque de otra manera el capitalismo nos arrastrará a todos al desorden y al caos que contienen en si mismo.

Este concepto de entropía afecta también a los sistemas biológicos, a la vida natural. ¿Por qué morimos?, pues muy sencillo, porque con el paso del tiempo nuestro sistema biológico se desordena a causa de la producción de energía de las células. Básicamente las células usan el oxígeno para quemar azúcares y producir así energía. En este proceso las células se oxidan, se desordenan, se deterioran, envejecen. Al final morimos. Este proceso de desorden de nuestro cuerpo como sistema biológico no actúa siempre de la misma manera en todos los seres humanos, sino que depende de nuestro estilo de vida, nuestra dieta, nuestros hábitos, …

Siguiendo esta línea de argumentación, las drogas no son sino elementos que generan dentro del cuerpo desorden y caos. Obviamente no todas las drogas son igual de caóticas, existen unas más caóticas que otras pero todas, absolutamente todas, generan desorden. Los efectos inmediatos de este desorden pueden ser los efectos psicotrópicos de las mismas, que quizás sean los efectos que el consumidor esté buscando, pero no son los únicos. Las drogas aumentan los ritmos del cuerpo, hace que el cuerpo trabaje más y más, provocando como he mencionado anteriormente más desorden con este trabajo y a la larga enfermedades; alzheimer y parkinson a edades tempranas, problemas psicológicos, enfermedades de riñón e hígado, cáncer, … No os engañéis, la entropía no falla, si jugáis a acelerar los ritmos de vuestros cuerpos moriréis más jóvenes, de una cosa o de otra.

El acto de la ingesta de drogas es esencialmente egoísta, se busca el placer inmediato e individual sin importar en absoluto como esto afecta a la relación que se tiene con las personas queridas. Las drogas es el placer inmediato, sin esfuerzo, individual, pasajero, medido, empaquetado y convertido en mercancía.

Todos aquellos que habéis sucumbido a este placer que lleva terriblemente al caos y al desorden, que habéis decidido que vuestra forma de vida es esta y no pensáis cambiarla, que rechazáis la ayuda de vuestros seres queridos, os pediría que os radicalicéis, que practiquéis el egoísmo en su máxima expresión, no cultivad ningún tipo de sentimiento en los demás que tenga que ver con la amistad o el amor, porque el caos que generáis dentro de vuestro cuerpo no solo os afecta a vosotros, sino a todas esas personas que os quieren, a los cuales les vais dejando un inmenso vacío y mucho dolor y sufrimiento.

Por otra parte el consumo de drogas es una consecuencia más del culto al individualismo, del piensa en ti mismo y en tu bienestar. Es una consecuencia y una contradicción más de la ética del ser individual imperante en estos tiempos, del sistema social y por ende del sistema económico capitalista, que todo lo convierte en mercancía, que todo se puede comprar y vender, incluido el placer humano.

El capitalismo y todo el caos que genera en nuestras vidas con su ética de ser individual, con su moral de todo se compra y todo se vende, y su obsesión por el crecimiento cancerígeno por encima de las necesidades humanas, no provoca otra cosa en mí que asco, repulsa y actualmente incluso odio.

Tengo un compromiso vital, no descansaré hasta que el último ser humano de este planeta entienda que la solución a los problemas humanos, nuestra felicidad y nuestro destino no pasa, como nos quieren hacer creer y como pregona el capitalismo, por una mirada hacia nuestro interior, hacia nuestro interés y bienestar individual; sino por una mirada al reflejo que proyectamos en los demás, una mirada al interés y al bienestar colectivo.

Pedro Luis López Sánchez

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[1] John Brown, Fukushima: la pulsión de muerte como fuente de energía, http://iohannesmaurus.blogspot.com/2011/04/fukushima-la-pulsion-de-muerte-como.html