"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

Mostrando entradas con la etiqueta derecho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecho. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Seguridad contraciudadana

Publicado en La Opinión de Murcia


«Bajo un Gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel», escribía Henry David Thoreau en 1848 en su conferencia titulada La desobediencia civil, cita que el Gobierno ha puesto de plena actualidad. Dicha obra sirvió de inspiración a Gandhi en la resistencia contra la ocupación británica en la India, o a Martin Luther King, Jr. en la estrategia de acciones directas no-violentas en contra de las leyes segregacionistas de la población negra en EEUU. La desobediencia civil y la presión social han conseguido a lo largo de la historia la modificación de leyes que hoy consideramos injustas y nefastas. En cambio, el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana presentado por el Gobierno de España en Consejo de Ministros incide claramente en la criminalización de la desobediencia civil.

El título del citado anteproyecto de ley ya es de por sí manipulador; seguridad ciudadana no es criminalizar al ciudadano que protesta pacíficamente contra las medidas que lo están empobreciendo; seguridad ciudadana es tener servicios públicos de calidad; seguridad ciudadana es tener la garantía de que si pierdes el empleo no vas a vivir en la miseria; seguridad ciudadana es confiar en que siempre va a haber una solución habitacional para ti y tu familia; seguridad ciudadana es saber que aunque lo estés pasando mal económicamente tus hijos e hijas van a poder comer como mínimo tres veces al día y, en definitiva, seguridad ciudadana es tener la seguridad de que no vas a perder tu condición de ciudadano, es decir, que vas a poder conservar intactos tus derechos independientemente de tu estatus laboral y económico.

Por contra, ¿legisla este Gobierno contra la corrupción y el fraude fiscal que en un 80% es atribuible solamente a las grandes empresas y fortunas? No, porque esto sería legislar contra sí mismo y contra la minoría que representa; esa minoría que se sigue enriqueciendo a costa de la mayoría social que va camino de la miseria; minoría que es rescatada con dinero público, que evade impuestos, que lleva el dinero a paraísos fiscales. La Policía debería estar para protegernos de estos antipatriotas de pulserita de España, debería estar para perseguir a corruptos y a los banqueros culpables de esta crisis, y no para reprimir a los ciudadanos que protestan en la calle.

Hay algunos aspectos de este anteproyecto de ley que son especialmente preocupantes. Por un lado se convierten algunas faltas y los nuevos métodos de protesta en infracciones administrativas. Esto que podría parecer una acción despenalizadora del Gobierno no lo es tanto, en realidad se busca castigar administrativamente lo que los jueces no están castigando por vía penal, de hecho hasta verano de este año ninguno de los 447 detenidos en movilizaciones del 15M en Madrid había sido condenado. Con esta medida se busca pasar de un procedimiento penal, en el que se tiene que demostrar que el acusado cometió un delito tipificado, a un procedimiento contencioso-administrativo, en el que el ya multado tiene que demostrar que la administración le ha impuesto una sanción injustamente, a lo que hay que sumar que el sancionado tiene que pagar las tasas para acceder al procedimiento.

En segundo lugar se elimina el concepto de falta para convertir algunas de ellas en delitos leves. Aunque podrían no variar las sanciones impuestas, las faltas no contaban como antecedentes penales, pero ahora convertidas en delito sí. Con esta medida queda clara la intención del Gobierno de que activistas sociales pasen temporadas en la cárcel por acumulación de lo que antes de este anteproyecto de ley eran meras faltas; y estamos hablando de un país con uno de los índices de criminalidad más bajos y con una de las poblaciones penitenciarias mayores respecto a los países de su entorno.

Con todo, lo más preocupante es la indefinición de algunas tipificaciones penales como la de 'ofensa' a España o el uso de términos como 'peligrosos'. En un Estado de Derecho, el principio de legalidad consiste en someter toda actuación judicial en materia penal a la preexistencia de una norma que defina claramente el delito, lo que da garantías al acusado frente a la posible arbitrariedad del poder. Sin embargo, con este nuevo Código Penal lo que se busca es prevenir la comisión de delitos criminalizando a todos aquellos que osen levantar la voz en la calle, lo que es más propio de derechos penales totalitarios.

Cuando al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se le pregunta en rueda de prensa qué considera él como ofensa a España y no sabe responder, no es que esté haciendo el ridículo, es que se está buscando precisamente esta indefinición. Esto abre una gran libertad de interpretación al juez que hace de él un instrumento político de régimen.

'Problemática"', 'autoritaria', 'camino a una dictadura', 'amenaza a la democracia' son algunos de los términos empleados en la prensa europea para definir este borrador de ley; hasta el comisario europeo de derechos humanos, Nils Muiznieks, lo considera 'altamente problemático', a lo que Fernández Díaz ha respondido con el enfrentamiento. Claro, ¿qué se puede esperar de aquellos que una noche se acostaron franquistas y a la mañana siguiente se levantaron demócratas? Efectivamente, que cambiasen en apariencia para no cambiar en la realidad.

Y es que a estos 'demócratas' lo que les va es lo retro, lo anterior a la mal llamada transición.

domingo, 15 de septiembre de 2013

La represión del Estado y el fascismo responden a los mismos intereses

El 15 de mayo de 2013 fueron detenidos «Los 5 de Barcelona» /1, cinco jóvenes anarquistas acusados de incurrir en los delitos de pertenencia a grupo terrorista, enaltecimiento del terrorismo, captación y adoctrinamiento y depósito de sustancias explosivas.

Los hechos a los que responden tales acusaciones son: la supuesta participación de estos cinco jóvenes anarquistas en páginas de Facebook (Bandera Negra y Front Solidari de Barcelona, entre otras) que la fiscalía y los cuerpos de policía autonómica consideran "bandas terroristas" – pese a no poder demostrarse su actividad fuera de las redes –; su asistencia a manifestaciones en las que se han producido incidentes y la difusión de opiniones "que han tenido como fin el de difundir el ideario subversivo, para incitar y/o cometer hechos delictivos contra el Estado y los intereses capitalistas" (Auto judicial del 17/5/2013 /2). Si, han leído bien, acusados de incitar a cometer hechos delictivos contra !¿los intereses capitalistas?!.

Material incautado a los anarquistas detenidos en diversas partes de Catalunya.

Por otra parte la fiscalía considera que el material incautado en sus hogares refuerza estas acusaciones: banderas y camisetas con iconografía anarquista, libros de filosofía libertaria, gasolina en el garaje, tornillos de diversas clases, tracas valencianas y cohetes cuya comercialización es legal. No me cabe la menor duda que para la fiscalía lo más peligroso de lo incautado fueron los libros de filosofía anarquista, esa misma fiscalía que no duda en presionar a un juez para sacar a Blesa de la cárcel.

El juez Pedraz, en su auto, les impuso prisión preventiva que actualmente cumplen en distintos centros penitenciarios de la provincia de Madrid y Ávila, lejos de sus familiares y amigos, bajo el régimen de aislamiento FIES de tercer grado. A día de hoy llevan más de cien días en prisión.

Hay que recordar también el caso de Alfonso Fernández, Alfon, comunista y miembro de Bukaneros, que fue detenido en la pasada huelga general del 14-N cuando se dirigía con su novia a un piquete informativo, acusado de portar una bolsa con material explosivo (bolsa que la policía no ha podido demostrar que fuera de Alfon), y al cual se le decretó prisión preventiva por “alarma social” (precepto que estaba en las leyes franquistas, desaparecido en la actual Ley de Enjuiciamiento Criminal) bajo el régimen de aislamiento FIES de quinto grado, reservado a internos vinculados a la delincuencia internacional o a condenados por terrorismo islamista. Finalmente fue puesto en libertad a espera de juicio tras pasar 56 días en la cárcel de Soto del Real y gracias en parte a la presión popular.


Nótese que en ambos casos no se ha cometido ningún delito contra nada ni nadie, sino que se han detenido preventivamente a personas acusadas de algo tan difuso como “terrorismo” con la aparente intención de poder así decretar prisiones preventivas. Este tipo de actuación de la judicatura española recuerda al objetivo de los penalistas nacional-socialistas, que pasaba del principio de legalidad que rige un Estado de derecho en donde cualquier delito debe estar recogido en una ley, lo que da garantías al acusado frente a la arbitrariedad del poder; a un principio de seguridad de la comunidad, en donde no solo hay que actuar punitivamente ante la actuación de un delito, sino preventivamente, lo que da al juez una amplia libertad de interpretación lo que hace de él un instrumento político del régimen.

Por otra parte, los once detenidos por el asalto fascista a la delegación de la Generalitat de Catalunya en Madrid el día de la Diada, tras pasar 72 horas incomunicados, fueron trasladados a Madrid donde fueron puestos a disposición del juez instructor de la Audencia Nacional, y tras pasar declaración fueron puestos en libertad acusados de los cargos de lesiones, atentado y amenazas (la acusación de terrorismo ya no aparece). Recordemos que los ultras asaltaron la delegación de la Generalitat, agredieron físicamente a las personas que se encontraban en aquel momento celebrando un acto por el día de la Diada, entre otros al diputado de CiU Josep Sánchez Llibre; y finalmente rociaron a los allí presentes con gas pimienta, lo que produjo que varias personas tuvieran que ser atendidas, entre ellas una niña de tan solo 5 años.


Pareciera que para la justicia española, si eres anarquista o comunista, basta hacer comentarios en las redes sociales contra “intereses capitalistas” o dirigirte a un piquete informativo para que seas acusado de terrorismo y encerrarte preventivamente en regímenes de aislamiento penitenciario. En cambio, si eres un fascista con antecedentes penales, que asalta la delegación de una Comunidad Autónoma, agredes a un diputado y rocías el lugar con gas pimienta provocando varios heridos; eres tan solo un gamberro al cuál no es necesario aplicar ninguna medida preventiva, tan solo no acercarte a menos de 100 metros de dicha delegación.

Para entender por qué ocurre esto hay que seguir profundizando en lo que significa la (anti)ideología fascista. Del 20 al 25 de agosto se celebró la IV Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en La Granja, Segovia, unos días de encuentro y debate de la izquierda alternativa y anticapitalista. El lugar y la celebración de dicho encuentro parece ser que no gustó a todo el mundo. El diputado del PP por Segovia, Pedro Gómez de la Serna, días después de la clausura de la Universidad escribió un vomitivo artículo anticomunista en un periódico local segoviano en contra de ésta /3. 
 
El anticomunismo es parte fundamental de la (anti)ideología fascista. En Grecia empiezan a ponerlo en práctica; el viernes 13 de septiembre conocimos que ocho jóvenes comunistas militantes del KKE griego fuero ingresados en un hospital de Atenas tras la brutal agresión con palos y porras metálicas de miembros de Amanecer Dorado, organización neonazi.

No es nuevo, junto a los judíos, los primeros represaliados tras el ascenso del nazismo y el fascismo en Europa previo a la II Guerra Mundial fueron socialistas, comunistas y anarquistas de todo tipo que fueron encerrados también en los campos de concentración nazis. No había banqueros y grandes empresarios en los campos de concentración pese a atravesar una de las crisis económicas mundiales más virulentas; estos financiaban el fascismo, se enriquecían con el negocio de la guerra usando mano de obra esclava judía y de todo tipo, y robaban a los represaliados.

La bandera Republicana está expuesta permanentemente en lo que fue el campo de concentración de Mauthausen.

Esta conexión entre fascismo y poder económico no nos es extraña. Recientemente hemos conocido que el recién nombrado director general de El Corte Inglés, Dimas Rodrigo Gimeno Álvarez, formó parte de las candidaturas de Falange Española Independiente en las elecciones generales de 1996 y 2000. El broker español Martín-Artajo, acusado de haber ocultado un agujero de 6.000 millones de dólares en el banco JP Morgan Chase, es sobrino-nieto de Alberto Martín-Artajo, ministro de Asuntos Exteriores desde 1945 a 1957 en el régimen franquista. Rodolfo Martín Villa, Gobernador Civil de Barcelona durante la dictadura de Franco, es consejero del banco malo SAREB. Y así podríamos seguir encontrando numerosos ejemplos en los consejos de administración de las empresas del IBEX 35 ya que, como afirma Juan Torres López, es «la oligarquía económica que sostuvo al franquismo el poder real en España» /4.

En definitiva, la represión del Estado y el fascismo responden a los mismos intereses, frenar cualquier intento de cambio social que represente una amenaza a los privilegios de las clases dominantes, banqueros y grandes empresarios.

Nuestras madres, padres, abuelos y abuelas, aquellas que perdieron la batalla contra el fascismo en la España del '36, cantaban aquello de «nuestros hijos nacerán con el puño levantado» /5. Sepan que somos las hijas y nietos de aquellos, que estamos con el puño en alto y caminamos con el convencimiento que «más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor» /6.

¡No pasarán!

Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

-


 

5/ Anda jaleo, jaleo - La plaza de mi pueblo, http://www.youtube.com/watch?v=ihWL-cX7ZFM

6/ Último discurso del presidente chileno Salvador Allende realizado desde el Palacio de la Moneda.

domingo, 18 de noviembre de 2012

La derecha poliédrica

Publicado en Kaosenlared.net

“Salvaje agresión al consejero de Cultura Pedro Alberto Cruz” titulaba La Verdad el 15 de enero de 2011 en su edición digital [1]. Al consejero de Cultura de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, tres asaltantes le agredieron ocasionándole diferentes fracturas en la cara. Las reacciones no se hicieron esperar, la fiscalía actuando de oficio, detención inmediata de un joven retenido durante 72 horas sin pruebas contra él, y la prensa dando detalles de la vida de este joven y la de su familia, saltándose a la torera cualquier ápice de ética periodística.

Se montó entonces toda una campaña mediática durante semanas con entrevistas a nivel nacional en radio y televisión, línea y líneas de artículo de opinión, debates en horarios de máxima audiencia, y un presidente de la Región de Murcia, el Sr. Varcárcel, acusando a la izquierda poliédrica [2] de la agresión, en un miserable intento de relacionarla con las protestas de funcionarios contra los recortes que recorrían entonces las calles de Murcia. De los autores de la agresión, de los motivos, de la relación con la noche murciana nada se sabe, mediáticamente tapado, silenciado.

Resulta difícil no relacionar aquella agresión con la agresión sufrida por Carlos Gorairis, miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de la Región de Murcia, en la jornada de la huelga general del 14 de noviembre por parte de los antidisturbios que estaban destinados a la “contención de la masa”, como lo definiría nuestro querido Delegado del Gobierno Sr. Bascuñana, en Murcia ciudad. Como decía, resulta difícil no relacionarlo por el parecido de las heridas sufridas.

En un primer momento, la Delegación del Gobierno y la Jefatura de Policía se apresuraron a usar los medios de comunicación para dar su versión de los hechos, afirmando que hubo provocación previa con lanzamiento de piedras y objetos y que Carlos se tropezó golpeándose con una moto que estaba en la acera. En el atestado se aportaron piedras como pruebas de la provocación previa y unos policías de paisano se hicieron pasar por familiares de Carlos en el hospital de la Arrixaca para acceder al informe médico. Y todo esto con toda la impunidad que proporciona incumplir la norma de ir debidamente identificado, impunidad denunciada ya en varias ocasiones por diferentes organizaciones de derechos humanos.

Gracias a la colaboración ciudadana y los vídeos aportados que han aparecido en prensa digital estos últimos días, se ha demostrado a los ojos del que quiera ver, que los antidisturbios acorralaron sin motivo a los manifestantes en un callejón estrecho repleto de coches y otros vehículos a ambos lados de la calzada, que cargaron sin previa provocación física con una proporción aproximada de dos antidisturbios armados hasta los dientes por manifestante desarmado, y finalmente, con toda su crudeza, empujaron a Carlos contra una moto y le patearon la cabeza cuando yacía inconsciente en el suelo. Ante la evidencia, el Jefe Superior de Policía, Cirilo Durán, ha tenido que reconocer que hubo “mala praxis” en la actuación policial y ha ordenado la apertura de una investigación interna.

¿Y la fiscalía donde está?, desaparecida, ni está ni se la espera. ¿Habrá consecuencias para los responsables de esta atroz agresión y de la cadena de decisiones previas a una carga policial no justificada? La experiencia nos dice que lo dudemos, es más, en el caso de que hubiera condenas, ya se encargará el gobierno de turno de conceder los correspondientes indultos. No sería la primera vez.

Pero Carlos no solamente ha sido víctima de uno o dos animales con uniforme que han actuado al amparo de la impunidad que les da no ir identificados con el beneplácito de sus jefes, no, Carlos ha sido también víctima de una estrategia bien defina. Desde que se convocó la huelga general del 14 de noviembre, la derecha (me refiero a la banca, la CEOE y los partidos que representan sus intereses) ha usado todo su poder mediático, que es mucho, para primero persuadirnos de que la huelga es mala para España, como si el origen de la crisis fueran las huelgas, los sindicatos o los piquetes, después para amenazarnos con importantes pérdidas económicas, como si los casi seis millones de parados diarios no lo fueran ya, seguidamente mandando excesiva presencia policial a las manifestaciones y piquetes donde se encuentran sus intereses particulares, bancos y grandes empresas, para convertir el ejercicio mayoritariamente pacífico del derecho a huelga y manifestación en un problema de orden público; y finalmente haciendo uso de la violencia desproporcionada y la brutalidad policial para crear miedo y terror entre las personas que defienden sus derechos pacíficamente en las calles.

Carlos ha sido víctima de la estrategia bien definida por la derecha poliédrica, una derecha que cada vez más deja ver su verdadero rostro.

Pedro Luis López Sánchez

-

[1] Salvaje agresión al consejero de Cultura Pedro Alberto Cruz, La Verdad, http://www.laverdad.es/murcia/20110115/local/region/agresion-consejero-cruz-201101151953.html

[2] Varcárcel: «Es producto de la izquierda poliédrica», La Verdad, http://www.laverdad.es/murcia/v/20110119/region/valcarcel-producto-izquierda-poliedrica-20110119.html

jueves, 16 de agosto de 2012

El derecho a la existencia digna

“Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan”
Emma Goldman

¿De donde emana el derecho?, es decir, ¿de donde vienen los derechos?, ¿existen de por sí?, ¿alguien se los inventa cuando tiene alguna ocurrencia?, ¿han existido siempre?, ¿siempre han significado lo mismo?

La filosofía del derecho aceptada en la actualidad habla de derecho natural. El derecho natural constituye el conjunto de reglas fundamentales sobre la que se basa la convivencia humana, que es perceptible por la razón, que es congruente con la naturaleza del hombre y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Cuando este derecho está vigente hablamos de derecho positivo, es decir, cuando este derecho está escrito en una ley. El derecho positivo y el derecho natural tienen concordancia, pues el derecho positivo debe inspirarse en el natural, desarrollándolo. La armonía con el derecho natural es lo que legitima al derecho positivo.

Sin embargo, cada vez somos mas conscientes de que las leyes son mucho más permisivas con ciertos delitos de alto standing y por el contrario, realmente duras con el pequeño delito. A las cárceles solo van los pobres, en las cárceles solamente hay pobres. La acción del SAT en los supermercados ha puesto de manifiesto que el derecho positivo, las leyes, no tienen por qué coincidir con el sentido de justicia, y por lo tanto, aún siendo ilegal la acción, una mayoría la considera justa y legítima. ¿Qué está ocurriendo?, ¿de donde viene este divorcio entre el derecho positivo y natural, que deslegitima el primero al menos para un mayoría social?

Immanuel Kant
Para explicar este divorcio debemos abandonar la teoría kantiana del derecho natural, es decir, abandonar la teoría de la existencia de un derecho universal perceptible por la razón humana anterior a la organización de las sociedades y contra el cuál no se puede legislar. De hecho, la percepción de lo justo ha evolucionado a lo largo de la historia del ser humano. Desde un punto de vista marxista, materialista, la percepción de lo justo no es anterior a los sociedades, sino que en cada época del ser humano prevalece el sentido de justicia de la clase dominante, incluso en contra de los intereses de la mayoría social. Es decir, son las condiciones socio-económicas impuestas por la clase dominante las que determinan un sentido de justicia favorable a sus intereses. De ahí que una mayoría social percibamos como justo y legítimo acciones ilegales, porque aún siendo justas para la mayoría, son contrarias a las leyes que la clase social dominante ha impuesto, con métodos mas o menos sutiles.

La crítica de los marxistas a la Declaración Universal de los Derechos Humanos [1] no proviene de que consideremos injusto lo que allí se expone, sino del hecho de que no sirve de mucho tal declaración si no se acaba con el origen de la injusticia, que se encuentra en las relaciones de explotación presentes en el capitalismo. El desarrollo histórico del capitalismo nos da la razón; las potencias más industrializadas, libres y democráticas violan constantemente los derechos humanos, son incapaces de implantarlos en su propio territorio, pues el origen de la injusticia sigue existiendo. Yo les invito a que lean y repasen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y juzguen ustedes mismos.

En este sentido, los trabajadores hemos aceptado como natural (en el sentido descrito anteriormente) el derecho al trabajo. Los sindicatos mayoritarios se afanan en la defensa de tal derecho, incluso a costa de especular y retroceder en derechos laborales conseguidos gracias a años de lucha, sangre, sufrimiento y lágrimas. Pues yo les digo señores sindicatos mayoritarios, entre los esclavos no había paro. ¿Qué en las entradas de los campos de concentración nazis se pusiera la expresión alemana Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres) no os da una pista del engaño? Los trabajadores hemos aceptado que bienestar individual debe ser conseguido con trabajo individual, de ahí que necesitemos exigir derecho al trabajo. Y los que no pueden hacer valer este derecho, pues “¡que se jodan!” [2], que trabajen en lo que puedan, incluso en condiciones de semi-esclavitud. Es el régimen de la meritocracia; en sociedades en (supuesta) igualdad de oportunidades cada uno tiene lo que se merece, dicen. Y digo yo, ¿qué méritos habrán realizado los Botín, Ortega y Roig para acumular tal cantidad de riqueza? Y en cambio, ¿qué pecados despreciables habrán cometido los desahuciados, parados y pobres de este país para merecerse tal castigo de miseria e indigencia?


Derecho al trabajo, ¡pero que absurdo tan grande! Si algo hemos hecho los trabajadores por encima de nuestras posibilidades ha sido trabajar y producir. Y después de tanto producir, de tantas casas construidas, de aumentar tanto la productividad, de tanto avance tecnológico en la agricultura, industria y servicios en post del progreso y el bienestar, ¿qué nos queda?, ¿por qué seguimos reclamando más y más trabajo?, ¿es que nos hemos vuelto todos locos?

De lo que tenemos derecho es a una existencia digna en nuestras sociedades, independientemente de nuestro estatus social y laboral. Tenemos derecho a disfrutar de lo que hemos producido en los últimos años entre todos, tenemos derecho a casa, comida, ropa, vacaciones, transporte, educación, sanidad y el resto de servicios sociales. Tenemos derecho a que la sociedad nos proporcione tal bienestar y que el trabajo quede relegado a un deber social necesario para hacer efectivo este derecho, un deber repartido entre todos.

En este momento histórico, para los trabajadores, una sociedad que no haga valer el derecho a una existencia digna a todos sus integrantes, es una sociedad fracasada y debe ser superada.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

-

[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos, Naciones Unidas, http://www.un.org/es/documents/udhr/index.shtml

[2] Andrea Fabra, diputada del PP en el Congreso, gritó ¡que se jodan! cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba los recortes en la prestación por desempleo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Aunque el fascismo se vista de seda, fascismo se queda

Aún pudiendo pecar de realizar un análisis simplista, podemos observar dos formas de razonar en cuanto a lo que nos parece justo o no respecto a la actuación policial para acabar con las protestas de los alumnos del IES Lluis Vives de Valencia ante la falta de calefacción en su centro de enseñanza.

Una forma de razonar sería que lo justo o lo injusto lo definen las leyes, que son las normas que rigen nuestra vida en común. Además, el poder elegido en las urnas tiene el deber de aplicar la norma. Por lo tanto, siguiendo esta forma de razonar, ante una manifestación no comunicada que protesta contra unos recortes ejecutados por un poder constituido democráticamente en las urnas, solo cabe el uso de la violencia para reprimirla, pues están actuando fuera de la norma, o no, pero están poniendo en cuestión al poder constituido en las urnas, - ¡Pecado! ¡¿Qué pasaría si a todos nos diera por protestar por nuestros problemas?! -, dirían. Esta forma de pensar dictaría que su deber es estudiar para poder sacar este país adelante y dejar de quejarse, que todos lo estamos pasando muy mal. - ¡Lo mismo vale para los obreros, hay que trabajar y arrimar el hombro para salir de esta situación de crisis! -, concluirían. Ahora, nada de plantearse si lo que está ocurriendo es justo o injusto, o si hay culpables o no de que no haya calefacción, porque lo injusto o justo lo dice la norma, y en última instancia, el poder constituido.

En cambio, uno podría razonar que el dinero que debería ir para calefacción en particular, y para educación y sanidad en general, el poder constituido en las urnas lo ha gastado en otros menesteres en los que existen sospechas que ha mediado corrupción e intereses privados. Es más, este poder no se ha presentado ante los ciudadanos con un programa electoral que especifique que va a realizar recortes, no, ha accedido al poder con engaños. Por lo tanto, independientemente de lo que digan las leyes, podemos concluir que es legítimo y justo la manifestación para poner de relieve una mala praxis en el uso del poder, de forma que se puedan derivar las actuaciones pertinentes, y en su caso, el establecimiento de nuevas normas que recojan este nuevo sentido de justicia que podríamos tener la mayoría de la población.

La primera forma de pensar es fascista y reaccionaria, y la segunda democrática. ¿Por qué? Porque las sociedades evolucionan, y por lo tanto, el sentido de justicia que es compartido por los individuos de la sociedad también evoluciona. Por ejemplo, lo que hasta hace algunos años a la mayoría de la población le parecía justo, como es que el banco desahuciara si el deudor no pagaba (a mí nunca me ha parecido justo, pero bueno), ahora sin embargo, ante la nueva realidad de desahucios indiscriminados, poco a poco el sentido de justicia compartido en la sociedad nos dice que de ninguna de las maneras es justo, y que hay que buscar otras vías, hay que legislar para solucionar esta situación, es decir, hay que cambiar las normas para que recojan el nuevo sentido de justicia. ¿Cuál es la respuesta del poder? Mandar a la policía para defender el derecho de la banca a desahuciar, defendiendo así el sentido de justicia imperante, imponiéndolo. Por lo tanto, la primera forma de pensar impide y reacciona ante cualquier cambio del sentido de justicia, poniendo obstáculos a la evolución de la sociedad. La segunda forma de pensar, en cambio, reconoce como dentro de la normalidad democrática las manifestaciones, porque es una vía por la cuál las sociedades avanzan en el sentido de justicia y de convivencia.

Hay que plantearse, entonces, por qué el poder constituido es reaccionario. Pues en resumidas cuentas porque los que ostentan el poder se benefician de forma privada del sentido de justicia reflejado en la norma actual, norma que han moldeado a lo largo del tiempo de forma que no suponga un riesgo para sus privilegios y según su sentido de justicia particular, o de clase. Por ejemplo, hace cien años la usura era delito, y era delito porque se tenía como injusto que se pudiera aprovechar la necesidad del otro para imponerle un interés excesivo. Sin embargo se despenalizó, despenalización que va solo en beneficio de una minoría, los prestamistas o la banca, que comparten intereses privados con los que ostentan el poder.

Volviendo con la policía, su ideología, en esencia, es fascista y reaccionaria, pues no solo está para atrapar a los que cometen delitos, no, sino también para mantener el orden establecido por encima de cualquier otra consideración. Esto significa, en la práctica, no servir al pueblo como dicen, sino defender del pueblo los intereses privados y privilegios de una minoría. Esto no quiere decir que todos los policías sean fascistas, no, pero si ante la agresión violenta de un compañero policía contra dos niñas que estampa contra un coche sin mediar provocación, no lo denuncia por corporativismo o lo que fuere, está siendo partícipe de esta ideología.

Hace tiempo hablaba con un amigo que había aprobado las oposiciones a policía nacional, le dije que evitara pertenecer a los antidisturbios, pues se acercaban tiempos difíciles y la calle se iba a calentar. No me he equivocado, y todavía se acercan tiempos peores. De vez en cuando le pregunto que si me viera en una manifestación y me reconociera me pegaría, él me contesta que al primero y se ríe. Está bromeando, espero. Pero de esto se trata, de tomar decisiones; pues en el trascurso de lo que se avecina, los hechos nos obligarán a todos a posicionarnos en un lado o en el otro, fascismo o democracia del pueblo, reacción o revolución. Los miembros de la policía no forman parte de la minoría privilegiada, es más, tienen hermanos, padres, sobrinos, amigos, conocidos que lo están pasando mal también. Es hora de organizarse, también en la policía, porque para algunos llegará el momento en que tendrán que dar un paso al frente y decir: nosotros no pegamos a nuestros semejantes, a los de nuestra clase, a nuestro pueblo.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

jueves, 20 de octubre de 2011

La gran estafa o funcionamiento básico del capitalismo

A riesgo de escribir una entrada con un texto evidente desde el punto de vista económico, creo en la necesidad de explicar de la forma más sencilla posible los mecanismos por los cuáles se mueve la economía capitalista, de forma que podamos afrontar y filtrar con espíritu crítico la cantidad de información sesgada que nos llega desde los medios de comunicación de masas a propósito de la crisis y sus consecuencias.

Partamos del hecho real de qué son los bancos los que tienen el dinero, el capital. Imagina que eres una PYME (las Pequeñas y Medianas Empresas representan en torno al 80% del empleo en España) y quieres producir algún tipo de producto o prestar algún tipo de servicio. Necesitas dinero por adelantado, por ejemplo para empezar a emplear a trabajadores, comprar maquinaria, pagar el alquiler de las oficinas, iniciar ciertos proyectos, … Ese dinero se lo tienes que pedir a un banco que te lo presta a un cierto interés. Finalizada la producción, con la riqueza que se ha producido, tienes que pagar al banco con intereses, pagar a los trabajadores y te tienes que quedar con una cierta cantidad de enriquecimiento propio (para eso montas una PYME). Ahora, si quieres seguir cubriendo tus necesidades o quieres seguir enriqueciéndote no puedes parar de producir, y para poder seguir produciendo tienes que pedirle de nuevo dinero al banco; por ejemplo para comprar las materias primas necesarias, actualizar la maquinaria, contratar a más trabajadores, seguir empleando a los que tenías, embarcarte en nuevos proyectos, … De esta forma, para que la economía capitalista funcione no se puede parar de producir, de crecer, y para ello debe haber inversión, es decir, debe existir alguien que te preste el dinero necesario para poder producir, los bancos, a cambio de una devolución con intereses. Este sistema productivo no solo se aplica a la PYME, evidentemente, sino a cualquier tipo de actividad económica en la actualidad. De ahí que el motor de la economía sea el crecimiento, producir cada vez más, y si no se crece, no se genera empleo.

Sigamos profundizando. Decíamos que no se puede parar de producir, y estos productos lógicamente deben ser comprados, por lo tanto, no se puede parar de consumir con el dinero que se ha ganado produciendo. De ahí el afán intencionadamente consumista de los países desarrollados o capitalistas. Para seguir enriqueciéndose, las empresas producen más y más, y el banco les presta más y más porque aún le sigue siendo rentable; pero el nivel de consumo empieza a no mantenerse, es decir, la sociedad empieza a no ser capaz de absorber todo aquello que se está produciendo al ritmo esperado. La razón es que se produce antes, incluso mucho antes, de saber cual va a ser la demanda real, es decir, lo que la sociedad va a necesitar; además, esto importa poco (la demanda real) pues la motivación para producir es el enriquecimiento propio y no la satisfacción de necesidades humanas reales. Como el consumo baja, las empresas empiezan a recortar para mantener la rentabilidad, despidiendo a trabajadores o recortando sus salarios, pero claro, esto hace que se consuma aún menos, contagiando incluso a otros sectores de la economía y empeorando la situación. Al final la burbuja de producir por encima de la demanda real estalla en una crisis de sobreproducción. Cuando esta crisis de sobreproducción se contagia al resto de los sectores de la economía incluso a nivel global, hablamos de una crisis general de sobreproducción. Esto ocurre cíclicamente en el sistema productivo capitalista. Las crisis de sobreproducción localizadas en ciertos sectores se suelen dar cada 10 años, las grandes crisis generales de sobreproducción se dan cada 50 años aproximadamente. Por lo tanto, en la propia genética del capitalismo está la crisis.

Una vez que se ha entrado en una crisis general de sobreproducción, los bancos dejan de prestar dinero pues ya no hay rentabilidad y la economía capitalista se para, sin inversión no se puede producir como hemos visto con anterioridad. Es más, dejan de prestarse entre ellos mismos porque no se fían de que ciertos bancos no estén también contaminados por la crisis y tengan mucho dinero prestado con una baja probabilidad de poder recuperarlo. Entramos entonces en una crisis financiera o de confianza, de la que hablaban los medios en el 2008. Obviamente, los bancos siguen reclamando todo aquello que han prestado con la complicidad de la clase política. El capital se acumula entonces en unas pocas manos aumentando las desigualdades sociales. Alguien podría argumentar que en realidad los bancos tienen depositantes que se benefician también del “buen hacer” del banco, pero mientras los depositantes se reparten las migajas, los grandes banqueros, grandes inversores y accionistas ganan dinero a espuertas.

Fijaos que los bancos y las juntas directivas de grandes empresas no han generado ningún tipo de riqueza real, no han producido cosas, no han plantado cereales ni ningún tipo de vegetal, no han prestado ningún tipo de servicio de economía real; sin embargo, debido al sistema productivo capitalista, terminan por acumular en sus manos la mayor parte del dinero, del capital. Aquellos que sí han generado riqueza real, los trabajadores de toda índole (trabajadores asalariados, autónomos, pequeños emprendedores, ...), se quedan sin trabajo o negocio, se les pide sacrificios, son desahuciados, humillados y se les persigue hasta que devuelvan hasta el último céntimo (con intereses de demora) del dinero que han pedido prestado para satisfacer necesidades básicas como por ejemplo tener una casa. He aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Pero todavía no ha acabado el despropósito. Los gobiernos, ante el temor de que los bancos dejen definitivamente de prestar y el sistema colapse por completo, deciden prestar dinero a los bancos (dinero de los contribuyentes, dinero de todos nosotros que entregamos al Estado para financiar sanidad, educación, pensiones, infraestructuras) para que estos a su vez empiecen a prestar de nuevo a empresas y particulares y la economía se reactive; es decir, fluya el crédito, se empiece de nuevo a producir y crecer y se genere empleo, reactivando el consumo. Estos son los llamados planes de rescate en 2009 (por cierto, se está hablando de otros planes de rescate en la actualidad). El plan de rescate en el caso de España funcionó de la siguiente forma: el gobierno para poder prestar a los bancos los 30.000 millones de euros que finalmente prestó, tenía que pedir a su vez ese dinero prestado al mercado, otros bancos y fondos de inversión. Como en el 2009 el Estado podía pedir prestado ese dinero al 2%, pensó en prestarle a los bancos mediante este fondo de rescate al 3% [1], de esta manera a los contribuyentes no les costaría ni un euro ayudar a los bancos, es más, el gobierno pensó en su absoluta ingenuidad que el Estado ganaría con esta operación. Resulta que algún mes después de efectuar este rescate, el Sr. Botín, presidente del Banco Santander, afirmó que en aquel momento “la banca haría un flaco favor a la economía si prestara dinero de forma irresponsable” [2]. Desde el gobierno hubo algún tímido reproche pero nada importante, al fin y al cabo el Estado seguiría ganando. Resulta que meses después se empieza a especular con la idea de si los Estados podrán devolver la cantidad de dinero que han pedido prestado, es decir, si los Estados podrán devolver su deuda. Comienza la crisis de la deuda. Los mismos bancos a los que se les ha prestado dinero al 3%, especulan con la deuda española con el resultado de que en el 2011 al Estado le cuesta pedir dinero un 5%, dos puntos más. En resumen, el Estado prestó en el 2009 dinero de todos nosotros a los bancos al 3%, y estos mismos bancos no solo no han prestado el dinero a las empresas y particulares, el objetivo inicial, sino que han especulado con la deuda española de forma que en el 2011 ellos prestan dinero al Estado al 5% [3]. Y de nuevo, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Si somos capaces de entender este funcionamiento básico del capitalismo (y eso que no hemos entrado en cuestiones de los mercados de seguros, futuros; especulación en estado puro) estaremos entonces preparados para afrontar otro tipo de cuestiones, como por ejemplo la reforma constitucional. La reforma de la Constitución Española plantea que el Estado en su conjunto no podrá gastar más de lo que ingresa, que a simple vista parece lógico, pero debemos entender que hasta la fecha y por lo explicado con anterioridad, el sistema productivo capitalista no es lógico, es cíclico, que es diferente. Básicamente, hemos (han) constitucionalizado la idea (y uso la palabra idea con total conocimiento de causa) de que el Estado no podrá endeudarse para prestar dinero a empresas y particulares que permita reactivar la economía en una situación de crisis general de sobreproducción. Es más, y cito textualmente el artículo número 3 de la reforma, “(...) Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. (...)”. Es decir, hemos (han) constitucionalizado la imposición de que lo prioritario es pagar a los bancos y fondos de inversión que nos prestan dinero, a los Botín & Cía, incluso antes de pagar los gastos de educación, sanidad, pensiones o infraestructuras. Por tercera vez, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Algunos economistas y banqueros (y sus lacayos a sueldo) afirman que, ante la situación descrita, todos somos culpables de la crisis, todos nos hemos enriquecido en los años de bonanza económica, por lo tanto, todos somos en cierta medida actores secundarios de este despilfarro u orgía capitalista. Hay que analizar entonces estos dos aspectos, la culpabilidad y el enriquecimiento.

En cuanto a la culpabilidad, la razón principal consiste en asegurar que los bancos no obligaron a nadie a pedir préstamos, por lo tanto, se es culpable de pedir hipotecas. Destaquemos varios puntos:
  1. Un trabajador, para hacer efectivo el derecho recogido en la Constitución Española de acceso a una vivienda digna, debe pedir una hipoteca a un banco. Otro debate sería que nos plateásemos la vigencia o no de este derecho, pero sinceramente, no me gustaría vivir en una sociedad en la que solamente unos pocos tengan acceso a una vivienda digna y los demás debamos hacinarnos como en el siglo XIX.
  1. Cuando un trabajador se acerca a un banco a pedir una hipoteca no tienen capacidad negociadora salvo ciertas décimas porcentuales en el tipo de interés. El banco impone sus condiciones salvo cierto frenos recogidos en la legislación, que por cierto, en algunos casos se saltaron a la torera.
  1. Un trabajador no tiene culpa de quedarse sin trabajo, no se puede culpabilizar este extremo. Le hayan prestado 200.000 €, 150.000 €, 100.000 € o 50.000 €, si un trabajador se queda sin trabajo, no puede pagar. Si el trabajador estuviera en régimen de alquiler, tampoco podría pagar, se iría a la calle de la misma forma.
  1. El hecho real es que a quién están desahuciando no son a los que tienen dos casas y cuatro coches, como nos quieren hacer creer, sino a los trabajadores más desprotegidos que viven en los barrios más marginales de nuestras ciudades.
En cuanto al enriquecimiento, es cierto que en los años de bonanza económica ha habido la sensación (y el uso aquí de la palabra sensación no es banal) de cierta riqueza, había mucho dinero en movimiento, pero esto era debido a una fuerte inversión, los bancos prestaban mucho. Si uno analiza las rentas del trabajo de los años de bonanza económica, descubrirá, con sorpresa, que los sueldos de los trabajadores no es que fueran altos, sino que han ido descendiendo en torno a un 6% en los últimos 17 años [4]. Lo cierto, el hecho real, es que mientras los bancos prestaban mucho y la economía iba viento en popa, los trabajadores nos hemos ido empobreciendo. Y peor aún, como nos hemos ido empobreciendo, para hacer efectivos los derechos garantizados en la Constitución Española como tener acceso a una vivienda digna, hemos tenido que pedir préstamos, préstamos que hay que devolver con intereses y a los cuáles teníamos fácil acceso. Por enésima vez, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

¿Y como se mantiene un sistema así? Imponiendo un sentido de la justicia y de la ética que convenga a los que se benefician del sistema y aplicando violencia cuando sea necesario. Habría que estudiar cada circunstancia global, nacional o local concreta. En el caso español, cuando hubo un intento de proponer otro tipo de economía, dirigida no por el interés del enriquecimiento privado de unos pocos, sino dirigida para y por el bienestar de la mayoría de la sociedad, casualidades, hubo un golpe de estado. Esta idea es discutible, seguramente el golpe de estado tuvo otras muchísimas causas, pero lo cierto es que después de tantísimos años y de tanto dolor, nos encontramos en la actualidad con que las juntas directivas de las empresas englobadas en el IBEX 35, las empresas mas potentes de España, y las juntas directivas de bancos y cajas se encuentran copadas por la oligarquía (o sus descendentes) del antiguo régimen franquista, junto por supuesto, a presidentes de gobierno y ministros populares y socialistas (los nuevos oligarcas aceptados en el club gracias a los servicios prestados). Juzguen ustedes mismos.

Para salir de la crisis, la derecha económica propone recortes y más recortes, pero en realidad lo que se esconde detrás de esta obsesiva dieta económica es la privatización de los sectores aún no privatizados, la educación y la sanidad en el caso español. Dentro de la lógica capitalista, si queremos reactivar la economía deberemos ofrecer sectores rentables a los bancos para que vuelvan a prestar, para que vuelva a fluir el crédito. Si no lo remediamos, la derecha económica llegará al poder, privatizará paulatinamente la sanidad y la educación, el crédito volverá a fluir y la economía se reactivará. Seremos otra vez engañados, como imbéciles, nos creeremos nuevamente en la cresta de la ola y todos estaremos felices y contentos, pero más pobres. Un nuevo ciclo económico pasará y una nueva crisis general de sobreproducción vendrá. Pronostico, aún a riesgo de equivocarme, que si no lo remediamos, para el 2060 – 2070 a los trabajadores, a los de abajo, no nos quedará absolutamente nada, solamente miseria.

Si miramos hacia la izquierda reformista el panorama no es mucho mas halagüeño. En mi opinión está falta de discurso, incluso de una ideología creíble. Tiene buenas intenciones pero es incapaz de llevar a cabo sus propuestas. La ideología de la izquierda reformista se basa en la existencia de estados fuertes que sean capaces de controlar la economía capitalista, de forma que puedan frenar la producción por encima de la demanda real (periodos alcistas) y dar crédito cuando se entra en una crisis de sobreproducción, evitando así, el colapso y la parada de la economía capitalista (periodos bajistas). Aunque la afirmación que voy a realizar es discutible, supongamos que efectivamente esta ideología se aplicó con éxito en la crisis de 1929. El problema es que el capitalismo actual es muy distinto al capitalismo de 1929; se ha globalizado y los estados están más interconectados entre sí, los estados son más débiles que nunca, los sindicatos estás desactivados y la economía está gobernada por una serie de instituciones internacionales con una evidente falta de cultura democrática. Por poner un ejemplo, una propuesta tan evidente como implantar una tasa a las transacciones internacionales para que de esta forma los que más tienen colaboren con la recuperación económica lleva años sin poder llevarse a cabo. Imaginad en qué saco caería proponer una banca pública europea. El problema fundamental, en mi opinión, es que la izquierda reformista tiene una visión idealizada del capitalismo, como si este hubiera existido siempre y debiera existir eternamente, independientemente del desarrollo histórico humano. Sin embargo el capitalismo es una creación humana, un sistema económico creado para beneficiar a unos pocos en detrimento de la mayoría. No se podrá reformar salvo para seguir manteniendo a esta minoría dominante, que en ciertos momentos podrá ceder, es posible, pero para coger más fuerza. La historia de los cien años de socialdemocracia y la situación en la que nos encontramos en la actualidad nos lo demuestra.

El problema no son las crisis, ni las desigualdades sociales, ni siquiera la acumulación de capital en unas pocas manos como afirma Joseph E. Stiglitz [5]. Estas realidades son consecuencias propias de la genética capitalista. El problema principal es el sistema productivo capitalista, la principal causa de este desvarío es la propiedad privada sobre los medios para producir riqueza.

El debate fundamental que está encima de la mesa, lo que deberíamos empezar a plantearnos sin ningún tipo de tapujos ni prejuicios, es la vigencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, o visto desde otro punto de vista, debemos plantearnos la posibilidad de construir un sistema productivo democrático en búsqueda del bienestar social y no del interés privado.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

-

[1] Fondos de Adquisición de Activos Financieros (FAAF), Ministerio de Economía y Hacienda, Gobierno de España, http://www.fondoaaf.es/SP/Subastas.html

[2] Botín dice que la banca haría "un flaco favor" a la economía si prestara dinero de forma irresponsable, RTVE, 05/02/2009, http://www.rtve.es/noticias/20090205/botin-dice-que-banca-haria-flaco-favor-economia-prestara-dinero-forma-irresponsable/228613.shtml


[4] Evolución de los salarios en España (1978-2010), Alberto Garzón Espinosa, Piju$ €conomicus, http://www.agarzon.net/?p=949

[5] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre idealismos y realismos

Publicado en Rebelion.org

Vamos a intentar muy humildemente hacer un poco de pedagogía sobre ciertos conceptos filosóficos que en mi opinión tienden a usarse mal, lo que conlleva a equívocos y malas interpretaciones. No hay nada más odioso que te cuelguen la etiqueta de idealista en el medio o en la conclusión de una discusión frente a otra parte, que por supuesto, denominan realista. El uso de estos conceptos de esta manera denota una forma de pensamiento dualista en la que se tacha a una parte de utópica, aún cuando sus razonamientos sean más o menos acertados, y a la otra parte de realista, que viene a representar el mal menor.

Para ponernos en situación la discusión versaba sobre economía. El tema en cuestión no es relevante para el desarrollo del artículo, lo importante saber es que a una de las partes que podríamos denominar keynesiana o cercana ideológicamente a la izquierda reformista se la etiqueta como realista y a la otra parte más cercana al marxismo se la etiqueta de idealista o utópica.

Definamos pues que es el idealismo. Intentemos definirlo a través de un ejemplo concreto, la concepción del Derecho en la actualidad.

Según las teorías actuales sobre Derecho, la convivencia, vivir el hombre entendido como ser humano, con el resto de hombres, vivir en sociedad, requiere un orden, sin el que no sería posible. La base del orden deviene de unas reglas fundamentales a las que debe atenerse tal convivencia. El conjunto de esas reglas constituye el Derecho natural. Derecho que es perceptible por la razón humana, que es congruente con la naturaleza del hombre, y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Los derechos naturales son universales e inalienables: no se pueden renunciar a ellos y nadie puede impedir que otra persona goce de estos derechos. Cuando este derecho está vigente, es decir, cuando rige en el determinado momento en el que se le contempla, hablamos de Derecho positivo. El Derecho positivo y el Derecho natural tienen concordancia, puesto que el Derecho positivo ha de inspirarse en el natural, no contradiciéndolo, sino desarrollando sus principios y reglas a tenor de las circunstancias y necesidades de cada momento y lugar. Sólo su armonía con el Derecho natural legitima al positivismo, y lo convierte en justo o injusto. Desde un punto de vista objetivo, se trata de un conjunto de normas que deben inspirarse en el Derecho natural.

Por lo tanto, hablamos de idealismo cuando los razonamientos se basan en una idea que transciende al ser humano (es trascendente) y que en este caso concreto viene representada por el Derecho natural, el ideal de lo justo. Sin embargo, existe otro razonamiento por el cual el Derecho no viene determinado de ningún ideal de lo justo que transciende al ser humano y es invariable en la historia del mismo, sino que este Derecho viene determinado por una ética determinada que ha logrado imponer la clase dominante en un cierto momento histórico gracias al control privado de los medios de producción. En este caso estamos haciendo un razonamiento materialista histórico. Como defensa de esta tesis, pensad, por ejemplo, que el ideal de lo justo en la edad media venía determinado por la ética o filosofía de la clase dominante en ese momento, la nobleza, que es muy diferente al ideal de lo justo actual, que viene determinado por la ética o filosofía de la burguesía, grandes empresarios y banqueros.

Si yo dijera que los bancos tienen derecho a cobrar lo que se les debe, todos podríamos pensar que ciertamente es justo que los bancos perciban aquello que han prestado con intereses, con intereses de demora si me apuráis. Ahora, si defender este ideal de justicia conlleva que haya personas que se queden sin casa y tengamos barrios enteros en las grandes ciudades con las casas vacías mientras, efectivamente, hay personas que necesitan un techo, desde mi punto de vista, debería prevalecer el derecho colectivo de los miembros de una sociedad a tener un techo donde formar una familia sobre el derecho de los bancos a cobrar las deudas contraídas. Por lo tanto, en este caso, no comparto un ideal de justicia trascendente y eterno, sino que considero que el sentido de justicia viene determinado por intereses relacionados con una clase social concreta. Podríamos decir que en el caso concreto del Derecho, soy calificable como materialista histórico y no idealista.

Volviendo a la economía, la izquierda reformista y la izquierda marxista en teoría comparten el análisis de los problemas y las consecuencias realmente injustas de las prácticas capitalistas. La diferencia fundamental es como afrontar esta problemática y que filosofía subyace en la manera de dar respuesta a las crecientes desigualdades económicas y acumulaciones de capital. Tomemos en consideración por ejemplo el artículo de Joseph E. Stiglitz “Para curar la economía” [1], economista que podríamos englobar dentro de la esfera de la izquierda reformista. El propio título del artículo da a entender (y el desarrollo del mismo) que la economía se trata de una idea eterna, trascendente a cualquier realidad histórica y no determinada por los intereses particulares de una clase social concreta ni por las relaciones sociales. Estamos ante una visión idealista de la economía, cuyo razonamiento nos dice que el modelo económico puede ser modificado con el ajuste estatal de ciertos mecanismos. Sin embargo cuando en nuestros razonamientos llegamos a la conclusión de que en realidad el modelo económico viene determinado por una ética concreta que viene impuesta por una clase social dominante y que determina las relaciones sociales existentes en un momento histórico concreto, estamos hablando de una visión materialista histórica de la economía. Siendo consecuente con este razonamiento, para cambiar el modelo económico no solo basta con tocar ciertos resortes del mismo, sino que es necesario un cambio de ética, un cambio de filosofía en las relaciones sociales para que este cambio sea realmente efectivo y acabe con la ética impuesta por la clase dominante.

Vamos a explicar con una analogía hasta que punto la izquierda reformista está cargada de idealismo. Según la izquierda reformista, y según la receta que nos da Joseph E. Stiglitz en su artículo, sería posible reformar el capitalismo de forma que se evite la especulación, la acumulación de capitales y las desigualdades sociales; y de esta manera podamos salir de este callejón sin salida llamado en primera instancia crisis financiera y ahora llamado crisis de la deuda. Pero esto es tanto como pedir que el capitalismo no sea capitalismo; la especulación y la acumulación de capitales en búsqueda del máximo beneficio propio está en la propia idiosincrasia, o si lo prefieren, en la propia genética del capitalismo. Imaginemos por ejemplo un cáncer, sabemos que es malo y llevará nuestro cuerpo al caos y a la muerte. La izquierda reformista vendría a decirnos que como la extirpación sería peligrosa y dolorosa, mejor vamos a intentar convencer al cáncer que no sea cáncer y que no siga creciendo, cuando todos sabemos que en la propia genética del cáncer está el crecimiento sin control. El materialismo histórico vendría a decirnos que el cáncer no puede ser otra cosa que un cáncer, por lo tanto debemos extirparlo por muy doloroso y peligroso que resulte, y para ello debemos cambiar, debemos entender que el cáncer no forma parte de nosotros sino que es una minoría que contamina los recursos de la mayoría.

¿Quién es el idealista entonces?, ¿el que afirma que el cáncer puede controlarse o el que no?, ¿quién es el realista?, ¿el que asume que el cáncer nos matará si no lo extirpamos o el que no?

Al marxista se le tacha de idealista pues defiende la tesis de que para cambiar el modelo económico es necesario cambiar nuestra forma de pensar, nuestra ética, un cambio moral a través de la conciencia colectiva y la pedagogía. Esto se ve como una utopía pero lo cierto es que no es la primera vez que estos cambios ocurren en la historia de la humanidad, es un razonamiento materialista histórico. Sin embargo, al que afirma que para cambiar el modelo económico basta con hacerse con el control del estado y realizar ciertos ajustes, tesis que ya ha fracasado en repetidas ocasiones, a este se le califica de realista.

Hablemos con propiedad, el idealista es materialista; y el realista, idealista o conformista, según el caso.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

-

[1] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

jueves, 24 de febrero de 2011

Derecho y socialismo. Ser individual vs. Ser colectivo

Publicado en Rebelion.org

Quería aportar mi granito de arena al debate surgido a partir del artículo de Carlos Rivera Lugo “El comunismo jurídico” [1], que ha suscitado tantas y tantas páginas escritas y han provocado, al menos a lo que mi persona concierne, que pase largas horas leyendo respuestas y contra-respuestas.

Mis dos últimas lecturas han sido “La miseria del Derecho” [2] del mismo Carlos Rivera Lugo y “El Derecho y la Construcción del Socialismo” [3] de Daniel Adam Blanco. Mi reflexión surge a partir de la lectura de este último artículo que he citado y que ha despertado en mí una cierta sensación de que algo no funciona, algo se está perdiendo en este cruce de ideas.

Para centrar un poco la cuestión empezaré por el principio (que nunca está de más), y el principio es ¿qué es el Derecho?, o mejor dicho, ¿en que razonamientos filosóficos se basa el Derecho actual?.

Según las teorías actuales sobre Derecho, la convivencia, vivir el hombre entendido como ser humano, con el resto de hombres, vivir en sociedad, requiere un orden, sin el que no sería posible. La base del orden deviene de unas reglas fundamentales a las que debe atenerse tal convivencia. El conjunto de esas reglas constituye el Derecho natural. Derecho que es perceptible por la razón humana, que es congruente con la naturaleza del hombre, y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo.

Los derechos naturales son universales e inalienables: no se pueden renunciar a ellos y nadie puede impedir que otra persona goce de estos derechos. En la actualidad la noción de Derecho natural está recogida en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, a los que volveremos más adelante al final del artículo.

Cuando este derecho está vigente, es decir, cuando rige en el determinado momento en el que se le contempla, hablamos de Derecho positivo. El Derecho positivo y el Derecho natural tienen concordancia, puesto que el Derecho positivo ha de inspirarse en el natural, no contradiciéndolo, sino desarrollando sus principios y reglas a tenor de las circunstancias y necesidades de cada momento y lugar. Sólo su armonía con el Derecho natural legitima al positivismo, y lo convierte en justo o injusto. Desde un punto de vista objetivo, se trata de un conjunto de normas que deben inspirarse en el Derecho natural.

Por lo tanto, todo nuestro Derecho actual se basa en el ideal de lo justo, la perfecta justicia. No hace falta hacer un estudio profundo de los procesos socio-históricos para darse uno cuenta de que este ideal de justicia no siempre ha sido el mismo, incluso en una misma época (pienso que no existe como ideal, sino como consecuencia de las relaciones sociales y de producción imperantes en un momento dado). Entonces, profundizando más a la concreto, ¿qué tipo de ideal de justicia impera actualmente?, ¿qué ética está detrás de este ideal de justicia y por qué?.

Si analizamos la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la conciencia o ética actualmente imperante en la cultura occidental, observamos que este ideal de justicia es esencialmente individualista, es una exaltación del ser individual que tiene que ser protegido de las amenazas del resto de seres individuales. Esta visión individualista del ser humano no es baladí, sirvió a la burguesía para emanciparse del sistema feudal.

Con el desarrollo de la ética del ser individual hizo falta una superestructura por encima y separada de los seres individuales para evitar que estos se destruyeran entre sí, pues no en pocas ocasiones la defensa de los derechos de unos se encuentran y confrontan con la defensa de los derechos de otros. Pero esta estructura, el Estado moderno, no escapa al control de la burguesía, pues se creó precisamente para la imposición de esta visión del ser humano. Se llega entonces a la explotación de la mayoría por una minoría, con la excusa de la defensa de los derechos individuales, pero que en la práctica supone la defensa de los derechos individuales de esta misma minoría en contra de los derechos colectivos de la mayoría. El derecho individual de explotar los recursos naturales que son de mi propiedad o están en mi propiedad frente al derecho colectivo de acceso al agua, por ejemplo.

Actualmente asistimos a un bombardeo de exaltación del ser individual, por todos lados, en todos los ámbitos. Se prima socialmente el éxito individual, el sueño americano. Mira por ti mismo, tu felicidad, tu autoestima, lo impregna todo; y el otro, tu vecino, es un potencial enemigo.

Volviendo a la cuestión que nos atañe, el Derecho actual positivado no creo que sea una expresión de un supuesto ideal de justicia que debería partir del razonamiento humano, no, el Derecho actual sirve para imponer una visión concreta del ser humano, la visión del ser individual. Y reconozcamos que después de tantos y tantos años se ha borrado de la conciencia de los habitantes de esta vieja Europa cualquier atisbo de conciencia colectiva. No se trata solamente de la propiedad privada, que también, sino de combatir la conciencia individualista que nos está llevando al caos.

En España he escuchado en más de un ocasión y sigo escuchando la idea de que los que se han “atrevido” a comprarse una casa y, al quedarse sin trabajo o no poder pagarla, ahora se quedan sin ella (y con parte de la deuda si la casa no salda la deuda entera) son unos irresponsables por haberla comprado. ¡Han derrochado!, dicen. Fijaos hasta que punto esta ética individualista está tan dentro de nuestras conciencias que hasta perdemos, y ya voy a lo personal, cualquier resquicio de corazón, de empatía, de cerrar los ojos y ponernos en el lugar del otro. La consecuencia práctica de defender el derecho individual de la banca a cobrar sus deudas está siendo la de barrios enteros de nuestras ciudades vacíos y en manos de unas pocas entidades. El Derecho actual, como portador de la ética del ser individual, provoca que cualquier intento de legislar en post de la colectividad sea en vano, no solamente porque los gobernantes legislen para una minoría ya de por sí enriquecida, sino porque han conseguido que asumamos y compartamos su visión mezquina del ser humano.

Si la construcción del socialismo es un periodo de transición hacia el comunismo donde las personas con una ética aún individualista poco a poco vamos creando un mundo nuevo basándonos en una ética colectiva (ser social o colectivo), el Derecho actual no nos sirve pues es portador del individualismo en sí mismo, es más, es una herramienta para extenderlo.

¿No nos damos cuenta de que la construcción de la ética socialista y de lo común pasa por la socialización de las normas, y no por el mantenimiento del Derecho impuesto y coercitivo? ¿No nos damos cuenta que la construcción del socialismo no pasa por la conquista del Estado moderno actual, sino por su superación? ¿No nos damos cuenta de que no se trata de saber cuáles son los pasos necesarios para construir el socialismo sino en socializar las decisiones que debemos tomar para construirlo? En definitiva, ¿no nos damos cuenta que es posible que la clave esté en socializar cuanto sea posible las decisiones, en ser radicalmente democráticos y confiar en que con el poder así distribuido seamos capaces de construir entre todos un mundo mejor, más justo e igualitario?

Bajo mi humilde punto de vista, la construcción del socialismo pasa inexorablemente por la socialización de las decisiones, la creación de democracia directa y participativa allí donde no la haya. Desde nuestro entorno más cercano hasta las colectividades más universales.

Tengo el convencimiento de que la construcción del socialismo debe ser radicalmente entre todos y no desde imposiciones basadas en un supuesto ideal de justicia.

Algunas anotaciones sobre la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

Aún la crítica que hago en este artículo sobre el carácter profundamente individualista de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (DDHH), actualmente nos sirven para poner de manifiesto las contradicciones de las potencias imperialistas que de fachada dicen defenderlos pero en la práctica aplican la máxima de los negocios son los negocios. Nos sirven para poner de manifiesto que esta dictadura de los mercados en la que nos encontramos es incompatible con la consecución de los mismos (DDHH) para toda la humanidad y por lo tanto nos sirven para no alinearnos y rebelarnos ante esta realidad.

En opinión de Julio Anguita, “Resumiendo; la conquista de los DDHH para toda la Humanidad no es sólo el desencadenante de procesos que inciden en las contradicciones del capitalista es también y a la vez, la lucha por una nueva situación de mayor justicia, bienestar, valores ciudadanos basados en derechos y deberes y una Ética de lo colectivo que diría Fernández Buey. Sin pasar por esta etapa no habrá ni socialismo ni comunismo.” [4].

Pero esto no quita que frente a los DDHH, debemos establecer también los derechos colectivos, frente a la visión del ser humano del ser individual debemos construir también la ética del ser colectivo o social.

-