"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

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viernes, 9 de agosto de 2013

Sociología, un peso muerto

No salgo de mi asombro, este Estado está lleno de aspirantes a Gramscis. Un sencillo artículo de Pablo Iglesias /1, que calificaría de aportación sociológica mas que marxista, ha provocado una serie de artículos en respuesta (por ejemplo el de Nega /2) que, más que un intercambio de razonamientos para dar salida a esta situación de reflujo en la que nos encontramos, parece una competición a ver quién tiene la mejor caracterización de que es la clase obrera; competición que tiene más de egolatría que de reflexión colectiva con vistas de transformación social.


Que si la clase obrera son “los de abajo”, que si la clase obrera son los padres, que si la clase obrera son los reyes magos, ¡ya está bien! Haceos a la idea, la clase obrera no existe, al menos no objetivamente. Lo único objetivo es la lucha de clases, lucha de clases que viene dada porque hay una minoría que ostenta la propiedad sobre los medios de producción y la controla en beneficio fundamentalmente propio, y una mayoría, que son los expropiados, que no tienen en su poder dichos medios para su subsistencia y necesitan vender su fuerza de trabajo para vivir, lo que provoca grandes desigualdades y la acumulación de riqueza en unas pocas manos. Ahora, para que esta mayoría se constituya en clase para sí, homogénea y organizada, va un recorrido muy largo.

La clase obrera es una construcción histórica provocada por la lucha de clases, construcción que en ciertos momentos históricos se verifica su existencia, en otros se desdibuja, es derrotada, desaparece, vuelve a aparecer divida en diferentes clases que podrían converger, etc. Es una realidad subjetiva, no viene dada, se construye en base a la concienciación sobre la lucha de clases; construcción que se ve avivada cuando esta lucha de clases se muestra sin caretas, en las crisis de hegemonía de una clase sobre el resto.

Intentar representar la clase obrera como una construcción en base solamente a causas objetivas es absurdo. Porque podríamos decir, la clase obrera son todos aquellos que cobran un salario, o todos aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir y no tienen control sobre el trabajo que desempeñan, un trabajo enajenado o alineado. Hay una escena en la película Novecento de Bernardo Bertolucci que nos saca del error de un razonamiento así. Cuando Olmo, campesino, vuelve de la guerra y conoce a Attila, el administrador contratado por el patrón, en una discusión sobre el reparto de riqueza, Attila le dice a Olmo «soy un soldado como tú [] trabajaremos juntos, yo te comprendo», sin embargo tanto Olmo como el resto de campesinas de la escena comprenden que no son la misma cosa, Attila no es clase obrera por mucho que cobre un salario. Porque la clase obrera es una construcción subjetiva, de conciencia del rol que se desempeña dentro de la lucha de clases, no solamente objetiva.


El debate no debería ser quién o no es clase obrera, sino en base a qué sectores construir dicha clase. Porque no nos engañemos, la clase obrera no se construye sola ni espontáneamente, tampoco es homogénea (al menos inicialmente) ni todos los sectores productivos y/o precarios van al unísono, hay unos sectores más avanzados y otros que van más a la zaga, incluso habrá algunos sectores que deriven a posiciones más conservadoras o reaccionarias. La tarea principal es por lo tanto organizar, homogeneizar esta fuerza, prepararla, hacerla avanzar. En palabras del propio Gramsci:

«[...] Pero la observación más importante que se puede hacer a propósito de todo análisis concreto de la correlación de fuerzas es que estos análisis no pueden ni deben ser fines en sí mismos (a menos que no se escriba un capítulo de historia del pasado) sino que sólo adquieren significado si sirven para justificar una actividad práctica, una iniciativa de voluntad. Muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde puede aplicarse con mayor fruto la fuerza de voluntad; sugieren las operaciones tácticas inmediatas; indican cómo se puede plantear mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje entenderán mejor las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y dispuesta desde hace tiempo que se puede hacer avanzar cuando se considera que una situación es favorable (y sólo es favorable en la medida que esta fuerza existe y está llena de ardor combativo); por esto la tarea esencial es la de procurar sistemática y pacientemente formar, desarrollar, hacer cada vez más homogénea, más compacta y mas consciente de sí misma esta fuerza. [...]» /3
Una de las aportaciones más adecuadas a este debate ha sido la de la Coordinadora de Informática de CGT /4. Elaboraron una estrategia sindical para hacer crecer la conciencia de clase en el sector, un sector, como ellos muy bien destacan, con un profundo elitismo de clase; la han aplicado durante algunos años y han obtenido grandes resultados (grandes resultados en comparación al panorama general). Y ahora justamente dicen: esto nos ha funcionado a nosotros, ¿por qué no seguimos con esta línea en otros sectores? Estando en general de acuerdo con la estrategia sindical de organización desde la base independientemente del centro de trabajo al que se pertenezca, habría que preguntarse si efectivamente el sector informático es un sector clave que arrastre a otros sectores y si la estrategia utilizada es exportable teniendo en cuenta que los informáticos cuentan con la ventaja de ser de los pocos profesionales difícilmente sustituibles masivamente y en un periodo corto de tiempo, evitando así amenazas de despidos masivos ante convocatorias de huelga. También habría que cuestionar si la clase obrera debe ser organizada a partir de la realidad de los centros de trabajo, centros de trabajo que en su mayoría cuentan con pocos trabajadores (en el 2010 aproximadamente el 95% de las empresas contaban con menos de 10 trabajadores /5), y teniendo en cuenta también que existen experiencias fuera de los centros de trabajo que están funcionando, como la PAH. Este debería ser el debate; como llegar, que lenguaje usar, donde, a quienes, por donde empezar, …


Pero sin duda lo más preocupante es la falta de compromiso militante, este tic tan característico de la actual hegemonía individualista neoliberal de llevar la conciencia de clase desde la independencia y la autonomía, “desde afuera” no solamente de la propia lucha económica, incluso "desde afuera" del propio movimiento social obrero. Como decía, este Estado parece estar lleno de aspirantes a Gramscis con ciertos toques de egolatría. Déjenme aclararles algo, Gramsci siempre partió su reflexión teórica desde la más activa militancia política, desde dentro del movimiento social de la clase trabajadora y sus organizaciones; para analizar, una vez en la cárcel, la derrota que supuso el ascenso del fascismo y a partir de ahí concluir como se debería recomponer el partido y por ende la clase obrera.

El debate teórico es necesario, pero igual de necesario es la militancia política en el interior del movimiento social obrero organizado. Estas reflexiones teóricas, si se tienen al externo de las organizaciones a través de las cuales se debe construir y homogeneizar la clase trabajadora («el partido en el gran sentido histórico de esta palabra» /6), se quedan en simples postulados sociológicos. Y la sociología, como la indiferencia, es un peso muerto para la tarea revolucionaria.

Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

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1/ ¿Quiénes son los de abajo?, Pablo Iglesias, Público, http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/291/quienes-son-los-de-abajo/

2/ La clase obrera hoy: canis e informáticos (Respuesta a Pablo Iglesias), Nega, Kaosenlared, http://www.kaosenlared.net/colaboradores/item/63046-la-clase-obrera-hoy-canis-e-inform%C3%A1ticos-respuesta-a-pablo-iglesias.html

3/ Extracto de “Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas”, El Príncipe Moderno, Antonio Gramsci.

4/ Quienes trabajamos en informática somos clase obrera. Aportación al debate abierto por Nega y Pablo Iglesias, Coordinadora de Informática de CGT, http://www.cgtinformatica.org/content/quienes-trabajamos-en-inform%C3%A1tica-somos-clase-obrera-aportaci%C3%B3n-al-debate-abierto-por-nega-y

5/ Demografía armonizada de empresas, Instituto Nacional de Estadística, año 2010, http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=%2Ft37%2Fp204&file=inebase&L=0

6/ En una ocasión, el poeta amigo de Marx, Ferdinand Freiligrath (1810 - 1876), le hizo un reproche sobre la estrechez partidaria de una organización política puntual de Inglaterra. En una carta del 29/2/1860, Marx le responde: «Yo siempre he entendido por partido, el partido en el gran sentido histórico de esta palabra».

sábado, 22 de septiembre de 2012

El País Vasco como vanguardia de la lucha obrera en el Mediterráneo

Pa bajo las quintas, aúpa "La Federal"
Antonio Gálvez Arce, 1872

Hace poco he tenido la oportunidad de pasar unos días de descanso por tierras vascas. He tenido la gran suerte de disfrutar de sus gentes, sus montañas y playas, su gastronomía; he disfrutado como un niño. También he tenido la oportunidad de discutir, hablar, conversar y entender las reivindicaciones que el pueblo vasco (o al menos una parte importante) llevan haciendo desde hace mucho tiempo, siglos.


En primer lugar he de decir que en el País Vasco viven vascos, hablan euskera y hacen cosas de vascos. Y esto es lo mismo en el País Vasco, en los valles de Navarra y en la parte francesa de Baiona. La identidad cultural de este territorio está muy marcada, y parto de la convicción de que los pueblos tienen todo el derecho a decidir como organizarse, como convivir y lo que es más importante, como repartir la riqueza que crean y con quién compartirla.

Dicho esto, lo que no entiendo es que en este momento histórico de globalización del capitalismo, donde las oligarquías locales pierden poder respecto a la ofensiva del capital internacional, la estrategia de la lucha obrera en ciertos territorios o pueblos pase por la creación de estados o declaraciones de independencia junto a la burguesía local; una estrategia a la defensiva. Un estado, como sabemos, es una estructura represiva para proteger los intereses de clase de una minoría, no hay libertad para la clase trabajadora en un estado burgués, sea el estado español, el estado catalán o el estado vasco. La diferencia radica en quién es el explotador, porque los explotados son siempre los mismos.

No entiendo, refiriéndome a los catalanes, que os manifestéis junto a vuestros torturadores, aquellos que no dudan en mandar a las fuerzas del desorden a machacaros con sus porras y pelotas de goma, aquellos que indultan a torturadores, aquellos que no investigan la muerte de ciudadanos en las cárceles catalanas, aquellos que recortan en servicios básicos. ¿Queréis formar un estado con ellos? ¿No os dais cuenta trabajadores catalanes, que con la manifestación de la Diada, magnificada por los medios mientras se silencia el 15S, se están tapando las torturas, recortes, violencia de estado, la pobreza y la miseria?

Artur Mas, durante el discurso de la Diada 2012
Pero sin embargo lo entiendo; porque puestos a independizarnos, yo, desde Murcia, también me quiero independizar de este estado español. De este estado que viola una y otra vez los derechos humanos (consulten ustedes el artículo número 25), que incumple tratados internacionales sobre inmigración y asilo político y sus propias leyes al respecto [1], que se pasa por el arco del triunfo una gran parte de la Constitución Española del 78; este estado que es condescendiente con los poderosos [2] e implacable con los débiles y víctimas de grandes estafas [3], este estado de listas negras de la policía, detenciones preventivas; un estado que crea unos especímenes garrulos, analfabetos, hipócritas y cobardes, que justifican y callan ante el robo de los poderosos, pero se afanan en el escarnio público de una persona que no ha hecho nada malo a nadie, sino masturbarse como cualquier hijo de vecino [4]. No, no quiero tener nada que ver con este estado.

Esta cuestión no es nueva, la historia de la península está repleta de alzamientos contra el estado centralista, véase la revolución cantonal (iniciada por cierto en Cartagena y Murcia) de 1873 o la Revolución de Asturias de 1934. Alzamientos independentistas y federalistas aún cuando en Cartagena, Murcia y Asturias seguramente no existe una identidad cultural tan marcada como la de Euskal Herria. ¿Cuál es entonces el hilo conductor, el motor de todos estos alzamientos de los últimos 200 años? Paul Lafarge lo explica muy bien en su trabajo sobre El método histórico de Karl Marx:

"La historia, por el contrario, muestra a los pueblos retardándose unos en sus fases de evolución, que otros atraviesan a paso de carrera, mientras que otros retroceden de las que ya habían alcanzado. Estas detenciones, progresos y regresos no se explican más que aclarando la historia social, política e intelectual de los diferentes pueblos por la historia de los medios artificiales en los que han evolucionado: los cambios de estos medios, determinados por el modo de producción, determinan a su vez los acontecimientos históricos.
Los medios artificiales no se transforman sino a costa de luchas nacionales e internacionales; los sucesos históricos de un pueblo están, pues, colocados bajo la dependencia de relaciones que se establecen en el medio artificial para transformar a este pueblo, que ya ha sido formado por el medio natural y las costumbres hereditarias y adquiridas. El medio natural y el pasado histórico imprimen a cada pueblo caracteres originales, de donde se concluye que el mismo modo de producción no engendra con una exactitud matemática medios artificiales o sociales idénticos, y no ocasiona, por consecuencia, acontecimientos históricos absolutamente parecidos en los diferentes pueblos, y en todos los momentos de la historia, porque la concurrencia vital internacional se amplía y se intensifica a medida que crece el número de pueblos que llegan a las etapas superiores de civilización. La evolución histórica de los pueblos, como la evolución embrionaria de los seres, no está, pues, predeterminadas: si pasa por instituciones familiares, de propiedad, jurídicas y políticas parecidas, y por formas de pensamiento filosófico, religioso, artístico y literario análogas, es porque los pueblos, cualesquiera que sean las razas y su habitación geográfica, pasan, al desarrollarse, por necesidades materiales e intelectuales sensiblemente parecidas, y deben recurrir forzosamente, para satisfacerlas, a los mismo procedimientos de producción."
Paul Lafargue

Lafargue establece (explicando el materialismo histórico de Marx) que, aunque el medio natural y el pasado histórico (o la identidad cultural) influyen en los acontecimientos históricos de un pueblo, el motor de la historia de los mismos es el modo de producción (como se produce) y por lo tanto, es la superación de la explotación del ser humano por el ser humano lo que mueve a los pueblos a transformarse y transformar los medios artificiales de su subsistencia o bienestar. Es más, estos cambios se producen a costa de luchas nacionales e internacionales, por lo que los pueblos estamos conectados unos con otros, y aún más con el desarrollo de las comunicaciones internacionales.

Los continuos alzamientos de los pueblos de la península ibérica en los últimos dos siglos tienen elementos particulares de cada realidad cultural, pero todos se explican por esta superación de la explotación. Y es ahora, en este momento histórico donde el capital internacional ha acumulado un poder que supera a las oligarquías nacionales y locales en la periferia europea, cuanto más relacionadas están las luchas de los diferente pueblos que componen el sur de Europa.

Posiciones estratégicas a la defensiva, enroques localistas y coaliciones con las burguesías locales distraen y neutralizan la lucha obrera no solamente a nivel local, sino en el resto de la península y el Mediterráneo. Un gobierno en el País Vasco a la andaluza nos condenaría a años de ostracismo político al resto de personas y organizaciones que luchamos en el resto del territorio.

Dentro del conglomerado de partidos, sindicatos y movimientos sociales que conforman la resistencia a esta ofensiva neoliberal terrible, tenemos claro el modelo de convivencia, la república (entendida como res publica, salvaguarda de lo común) federal construida desde la base y la libre determinación de los pueblos, tenemos claro el programa político basado en una economía al servicio de las personas y no al servicio de los intereses del capital, y tenemos en común el contexto internacional, que pasa por la formación de un frente Mediterráneo socialista de cooperación y desarrollo frente a la Europa de los mercaderes y la libre circulación de capitales, que no de derechos.

La cuestión es, ¿en las próximas elecciones vascas, EH Bildu va a asumir la vanguardia de la lucha de los trabajadores del sur de Europa y el Mediterráneo, o en cambio, va escuchar los cantos de sirena kantianos sobre identidad y patria que llegan desde el otro lado de la alambrada, esos mismos cantos que son escuchados por la izquierda parlamentaria catalana?

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

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[2] Los evasores podrán acogerse a la amnistía fiscal pagando menos del 10%, http://economia.elpais.com/economia/2012/07/03/actualidad/1341343074_617174.html

[3] El Gobierno impone quitas a las preferentes sin ninguna compensación a los afectados, http://www.farodevigo.es/galicia/2012/08/24/gobierno-impone-quitas-preferentes-compensacion-afectados/676730.html

[4] La concejal del vídeo erótico recibida con gritos de 'puta' y 'zorra' en el pleno, http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/06/espana/1346957296.html

sábado, 19 de noviembre de 2011

Propuestas económicas en búsqueda de un nuevo modelo productivo

No querría dejar pasar esta jornada de reflexión sin reflexionar, valga la redundancia. Seré breve, la intención es poner encima de la mesa una serie de medidas económicas que, a mi modesto modo de entender, puedan darnos una salida alternativa y social a la crisis.

Si os fijáis, todos los análisis económicos que aparecen en los grandes medios de comunicación de contertulios y demás fauna capitalista parten de una premisa, el problema es que no hay confianza en los mercados y hay que restaurar esta confianza con medidas de ajuste para recuperar la inversión, el crecimiento económico y por lo tanto el empleo y el consumo. Como escribí en el artículo “La gran estafa o funcionamiento básico del capitalismo” [1], para mí, la falta de confianza y la crisis financiera es una consecuencia, no la base del problema; una consecuencia de las crisis generales de sobreproducción capitalistas y por lo tanto del sistema productivo capitalista que está basado en el interés particular y en la propiedad privada de los medios de producción. Por lo tanto, partiendo del hecho que lo que se debe poner en cuestión es el propio sistema productivo capitalista, dejo para el debate algunas medidas que me parecen fundamentales.

Auditoría pública de la deuda y rechazo de la deuda ilegítima.

No voy a profundizar mucho en este tema sobre todo porque Eric Toussaint, fundador del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), lo explica bastante mejor que yo. Os dejo un vídeo suyo.

Querría enriquecer este apartado afirmando que, para mí, si una comunidad autónoma se ha endeudado para construir un aeropuerto que luego no se pone en funcionamiento, y se demuestra que la construcción del aeropuerto ha beneficiado a unos empresarios a cambio de suculentas comisiones en ciertas tramas corruptas, la deuda contraída por la comunidad autónoma es ilegítima pues no ha ido en beneficio de la sociedad, sino totalmente lo contrario, en su perjuicio.

Reforma fiscal. Lucha contra el fraude y los paraísos fiscales.

En los últimos 20 - 30 años se ha estado beneficiando fiscalmente a las clases más pudientes de los países desarrollados. Hasta tal punto ha llegado este despropósito, que Warren Buffet, multimillonario estadounidense, ha llegado a afirmar que en la actualidad paga menos impuestos que su secretaria. Hace falta una reforma fiscal más progresiva mediante la cuál, los que realmente se han estado beneficiando de los continuos beneficios fiscales en los últimos 20 años, aporten, o mejor dicho, devuelvan a las arcas de los estados estos capitales.

En esta línea es necesario endurecer las penas por fraude fiscal y una lucha efectiva contra los grandes defraudadores. Basta ya de acuerdos si devuelven parte del dinero defraudado, si se demuestra que se ha defraudado grandes capitales refugiándose en paraísos fiscales, directo a la cárcel, y si devuelven el dinero defraudado se les bajará la condena, pero en la cárcel una temporada pasarán.

¡Ojo!, en este punto no seamos demagógicos. Está claro que muchos defraudan a hacienda en su pequeña realidad personal y que habrá que acabar con todo tipo de fraude, pero primero vamos a por los grandes defraudadores y después vamos bajando hacia los pequeños defraudadores. No vayamos a comparar ahora aquí al Sr. Botín con el pequeño autónomo que no tiene más remedio que no hacer facturas si quiere trabajar y sobrevivir.

Nacionalización de ciertos sectores estratégicos del país: energía, transportes, banca pública.

Antes de que alguien me mente la constitución de la Unión Soviética, voy a recordaros el artículo 128.1 de la Constitución Española de 1978: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.”

Entiendo que la nacionalización es la única forma de volver a tomar el control de la economía del país, usando la banca pública como herramienta para el cambio del modelo productivo capitalista.

Democratización de los sectores productivos a través de la financiación pública de cooperativas de trabajo asociado.

Insisto, antes de que alguien me mente de nuevo la constitución de la Unión Soviética, voy a recordaros otro artículo de la Constitución Española de 1978 que me gusta especialmente, el 129.2: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, mediante una legislación adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso a los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”.

La idea es la utilización de la banca pública para la democratización de los medios de producción, y pasar de un modelo basado en la PYME a un modelo basado en cooperativas de trabajo asociado.

  • La banca pública solamente financiará proyectos cooperativistas. La banca pública dispondrá de asesores especializados que supervisen y ayuden en el proceso de creación de dichas cooperativas.
  • Si una sociedad limitada o anónima deseara acceder a la financiación pública, deberá convertirse en una cooperativa. Una sociedad limitada o anónima siempre podrá buscar financiación en el sector bancario privado si no quiere convertirse en una cooperativa.
  • Si una cooperativa deseara convertirse en una sociedad limitada o anónima en cualquiera de sus formas, automáticamente perderían la financiación pública y deberán devolver todas las ayudas y beneficios fiscales acumulados.
  • Una sociedad limitada o anónima que quiebre podrá ser rescatada por la banca pública convirtiéndose en una cooperativa, pasando todo el patrimonio de la sociedad limitada o anónima a manos de la cooperativa recién creada y bajo el control de los trabajadores cooperativistas.
  • Una banca privada que quiebre podrá ser rescatada y absorbida por la banca pública, pasando todo el patrimonio a la banca pública tras una auditoría transparente sobre las deudas contraídas por la banca privada.

En resumen, las medidas económicas no solamente deben ser parches para mantener un sistema productivo caduco y que se ha demostrado por los hechos que no funciona. Las medidas económicas que se tomen en un futuro proceso constituyente más que probable (y aquí estoy haciendo de medium), deberán ser medidas de largo recorrido encaminadas a resolver la base fundamental de las crisis capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Pedro Luis López Sánchez, La gran estafa o funcionamiento básico del capitalismo, http://laestrategiaglobal.blogspot.com/2011/10/la-gran-estafa-o-funcionamiento-basico.html

jueves, 20 de octubre de 2011

La gran estafa o funcionamiento básico del capitalismo

A riesgo de escribir una entrada con un texto evidente desde el punto de vista económico, creo en la necesidad de explicar de la forma más sencilla posible los mecanismos por los cuáles se mueve la economía capitalista, de forma que podamos afrontar y filtrar con espíritu crítico la cantidad de información sesgada que nos llega desde los medios de comunicación de masas a propósito de la crisis y sus consecuencias.

Partamos del hecho real de qué son los bancos los que tienen el dinero, el capital. Imagina que eres una PYME (las Pequeñas y Medianas Empresas representan en torno al 80% del empleo en España) y quieres producir algún tipo de producto o prestar algún tipo de servicio. Necesitas dinero por adelantado, por ejemplo para empezar a emplear a trabajadores, comprar maquinaria, pagar el alquiler de las oficinas, iniciar ciertos proyectos, … Ese dinero se lo tienes que pedir a un banco que te lo presta a un cierto interés. Finalizada la producción, con la riqueza que se ha producido, tienes que pagar al banco con intereses, pagar a los trabajadores y te tienes que quedar con una cierta cantidad de enriquecimiento propio (para eso montas una PYME). Ahora, si quieres seguir cubriendo tus necesidades o quieres seguir enriqueciéndote no puedes parar de producir, y para poder seguir produciendo tienes que pedirle de nuevo dinero al banco; por ejemplo para comprar las materias primas necesarias, actualizar la maquinaria, contratar a más trabajadores, seguir empleando a los que tenías, embarcarte en nuevos proyectos, … De esta forma, para que la economía capitalista funcione no se puede parar de producir, de crecer, y para ello debe haber inversión, es decir, debe existir alguien que te preste el dinero necesario para poder producir, los bancos, a cambio de una devolución con intereses. Este sistema productivo no solo se aplica a la PYME, evidentemente, sino a cualquier tipo de actividad económica en la actualidad. De ahí que el motor de la economía sea el crecimiento, producir cada vez más, y si no se crece, no se genera empleo.

Sigamos profundizando. Decíamos que no se puede parar de producir, y estos productos lógicamente deben ser comprados, por lo tanto, no se puede parar de consumir con el dinero que se ha ganado produciendo. De ahí el afán intencionadamente consumista de los países desarrollados o capitalistas. Para seguir enriqueciéndose, las empresas producen más y más, y el banco les presta más y más porque aún le sigue siendo rentable; pero el nivel de consumo empieza a no mantenerse, es decir, la sociedad empieza a no ser capaz de absorber todo aquello que se está produciendo al ritmo esperado. La razón es que se produce antes, incluso mucho antes, de saber cual va a ser la demanda real, es decir, lo que la sociedad va a necesitar; además, esto importa poco (la demanda real) pues la motivación para producir es el enriquecimiento propio y no la satisfacción de necesidades humanas reales. Como el consumo baja, las empresas empiezan a recortar para mantener la rentabilidad, despidiendo a trabajadores o recortando sus salarios, pero claro, esto hace que se consuma aún menos, contagiando incluso a otros sectores de la economía y empeorando la situación. Al final la burbuja de producir por encima de la demanda real estalla en una crisis de sobreproducción. Cuando esta crisis de sobreproducción se contagia al resto de los sectores de la economía incluso a nivel global, hablamos de una crisis general de sobreproducción. Esto ocurre cíclicamente en el sistema productivo capitalista. Las crisis de sobreproducción localizadas en ciertos sectores se suelen dar cada 10 años, las grandes crisis generales de sobreproducción se dan cada 50 años aproximadamente. Por lo tanto, en la propia genética del capitalismo está la crisis.

Una vez que se ha entrado en una crisis general de sobreproducción, los bancos dejan de prestar dinero pues ya no hay rentabilidad y la economía capitalista se para, sin inversión no se puede producir como hemos visto con anterioridad. Es más, dejan de prestarse entre ellos mismos porque no se fían de que ciertos bancos no estén también contaminados por la crisis y tengan mucho dinero prestado con una baja probabilidad de poder recuperarlo. Entramos entonces en una crisis financiera o de confianza, de la que hablaban los medios en el 2008. Obviamente, los bancos siguen reclamando todo aquello que han prestado con la complicidad de la clase política. El capital se acumula entonces en unas pocas manos aumentando las desigualdades sociales. Alguien podría argumentar que en realidad los bancos tienen depositantes que se benefician también del “buen hacer” del banco, pero mientras los depositantes se reparten las migajas, los grandes banqueros, grandes inversores y accionistas ganan dinero a espuertas.

Fijaos que los bancos y las juntas directivas de grandes empresas no han generado ningún tipo de riqueza real, no han producido cosas, no han plantado cereales ni ningún tipo de vegetal, no han prestado ningún tipo de servicio de economía real; sin embargo, debido al sistema productivo capitalista, terminan por acumular en sus manos la mayor parte del dinero, del capital. Aquellos que sí han generado riqueza real, los trabajadores de toda índole (trabajadores asalariados, autónomos, pequeños emprendedores, ...), se quedan sin trabajo o negocio, se les pide sacrificios, son desahuciados, humillados y se les persigue hasta que devuelvan hasta el último céntimo (con intereses de demora) del dinero que han pedido prestado para satisfacer necesidades básicas como por ejemplo tener una casa. He aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Pero todavía no ha acabado el despropósito. Los gobiernos, ante el temor de que los bancos dejen definitivamente de prestar y el sistema colapse por completo, deciden prestar dinero a los bancos (dinero de los contribuyentes, dinero de todos nosotros que entregamos al Estado para financiar sanidad, educación, pensiones, infraestructuras) para que estos a su vez empiecen a prestar de nuevo a empresas y particulares y la economía se reactive; es decir, fluya el crédito, se empiece de nuevo a producir y crecer y se genere empleo, reactivando el consumo. Estos son los llamados planes de rescate en 2009 (por cierto, se está hablando de otros planes de rescate en la actualidad). El plan de rescate en el caso de España funcionó de la siguiente forma: el gobierno para poder prestar a los bancos los 30.000 millones de euros que finalmente prestó, tenía que pedir a su vez ese dinero prestado al mercado, otros bancos y fondos de inversión. Como en el 2009 el Estado podía pedir prestado ese dinero al 2%, pensó en prestarle a los bancos mediante este fondo de rescate al 3% [1], de esta manera a los contribuyentes no les costaría ni un euro ayudar a los bancos, es más, el gobierno pensó en su absoluta ingenuidad que el Estado ganaría con esta operación. Resulta que algún mes después de efectuar este rescate, el Sr. Botín, presidente del Banco Santander, afirmó que en aquel momento “la banca haría un flaco favor a la economía si prestara dinero de forma irresponsable” [2]. Desde el gobierno hubo algún tímido reproche pero nada importante, al fin y al cabo el Estado seguiría ganando. Resulta que meses después se empieza a especular con la idea de si los Estados podrán devolver la cantidad de dinero que han pedido prestado, es decir, si los Estados podrán devolver su deuda. Comienza la crisis de la deuda. Los mismos bancos a los que se les ha prestado dinero al 3%, especulan con la deuda española con el resultado de que en el 2011 al Estado le cuesta pedir dinero un 5%, dos puntos más. En resumen, el Estado prestó en el 2009 dinero de todos nosotros a los bancos al 3%, y estos mismos bancos no solo no han prestado el dinero a las empresas y particulares, el objetivo inicial, sino que han especulado con la deuda española de forma que en el 2011 ellos prestan dinero al Estado al 5% [3]. Y de nuevo, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Si somos capaces de entender este funcionamiento básico del capitalismo (y eso que no hemos entrado en cuestiones de los mercados de seguros, futuros; especulación en estado puro) estaremos entonces preparados para afrontar otro tipo de cuestiones, como por ejemplo la reforma constitucional. La reforma de la Constitución Española plantea que el Estado en su conjunto no podrá gastar más de lo que ingresa, que a simple vista parece lógico, pero debemos entender que hasta la fecha y por lo explicado con anterioridad, el sistema productivo capitalista no es lógico, es cíclico, que es diferente. Básicamente, hemos (han) constitucionalizado la idea (y uso la palabra idea con total conocimiento de causa) de que el Estado no podrá endeudarse para prestar dinero a empresas y particulares que permita reactivar la economía en una situación de crisis general de sobreproducción. Es más, y cito textualmente el artículo número 3 de la reforma, “(...) Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. (...)”. Es decir, hemos (han) constitucionalizado la imposición de que lo prioritario es pagar a los bancos y fondos de inversión que nos prestan dinero, a los Botín & Cía, incluso antes de pagar los gastos de educación, sanidad, pensiones o infraestructuras. Por tercera vez, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

Algunos economistas y banqueros (y sus lacayos a sueldo) afirman que, ante la situación descrita, todos somos culpables de la crisis, todos nos hemos enriquecido en los años de bonanza económica, por lo tanto, todos somos en cierta medida actores secundarios de este despilfarro u orgía capitalista. Hay que analizar entonces estos dos aspectos, la culpabilidad y el enriquecimiento.

En cuanto a la culpabilidad, la razón principal consiste en asegurar que los bancos no obligaron a nadie a pedir préstamos, por lo tanto, se es culpable de pedir hipotecas. Destaquemos varios puntos:
  1. Un trabajador, para hacer efectivo el derecho recogido en la Constitución Española de acceso a una vivienda digna, debe pedir una hipoteca a un banco. Otro debate sería que nos plateásemos la vigencia o no de este derecho, pero sinceramente, no me gustaría vivir en una sociedad en la que solamente unos pocos tengan acceso a una vivienda digna y los demás debamos hacinarnos como en el siglo XIX.
  1. Cuando un trabajador se acerca a un banco a pedir una hipoteca no tienen capacidad negociadora salvo ciertas décimas porcentuales en el tipo de interés. El banco impone sus condiciones salvo cierto frenos recogidos en la legislación, que por cierto, en algunos casos se saltaron a la torera.
  1. Un trabajador no tiene culpa de quedarse sin trabajo, no se puede culpabilizar este extremo. Le hayan prestado 200.000 €, 150.000 €, 100.000 € o 50.000 €, si un trabajador se queda sin trabajo, no puede pagar. Si el trabajador estuviera en régimen de alquiler, tampoco podría pagar, se iría a la calle de la misma forma.
  1. El hecho real es que a quién están desahuciando no son a los que tienen dos casas y cuatro coches, como nos quieren hacer creer, sino a los trabajadores más desprotegidos que viven en los barrios más marginales de nuestras ciudades.
En cuanto al enriquecimiento, es cierto que en los años de bonanza económica ha habido la sensación (y el uso aquí de la palabra sensación no es banal) de cierta riqueza, había mucho dinero en movimiento, pero esto era debido a una fuerte inversión, los bancos prestaban mucho. Si uno analiza las rentas del trabajo de los años de bonanza económica, descubrirá, con sorpresa, que los sueldos de los trabajadores no es que fueran altos, sino que han ido descendiendo en torno a un 6% en los últimos 17 años [4]. Lo cierto, el hecho real, es que mientras los bancos prestaban mucho y la economía iba viento en popa, los trabajadores nos hemos ido empobreciendo. Y peor aún, como nos hemos ido empobreciendo, para hacer efectivos los derechos garantizados en la Constitución Española como tener acceso a una vivienda digna, hemos tenido que pedir préstamos, préstamos que hay que devolver con intereses y a los cuáles teníamos fácil acceso. Por enésima vez, he aquí el gran robo, el gran golpe, la gran estafa.

¿Y como se mantiene un sistema así? Imponiendo un sentido de la justicia y de la ética que convenga a los que se benefician del sistema y aplicando violencia cuando sea necesario. Habría que estudiar cada circunstancia global, nacional o local concreta. En el caso español, cuando hubo un intento de proponer otro tipo de economía, dirigida no por el interés del enriquecimiento privado de unos pocos, sino dirigida para y por el bienestar de la mayoría de la sociedad, casualidades, hubo un golpe de estado. Esta idea es discutible, seguramente el golpe de estado tuvo otras muchísimas causas, pero lo cierto es que después de tantísimos años y de tanto dolor, nos encontramos en la actualidad con que las juntas directivas de las empresas englobadas en el IBEX 35, las empresas mas potentes de España, y las juntas directivas de bancos y cajas se encuentran copadas por la oligarquía (o sus descendentes) del antiguo régimen franquista, junto por supuesto, a presidentes de gobierno y ministros populares y socialistas (los nuevos oligarcas aceptados en el club gracias a los servicios prestados). Juzguen ustedes mismos.

Para salir de la crisis, la derecha económica propone recortes y más recortes, pero en realidad lo que se esconde detrás de esta obsesiva dieta económica es la privatización de los sectores aún no privatizados, la educación y la sanidad en el caso español. Dentro de la lógica capitalista, si queremos reactivar la economía deberemos ofrecer sectores rentables a los bancos para que vuelvan a prestar, para que vuelva a fluir el crédito. Si no lo remediamos, la derecha económica llegará al poder, privatizará paulatinamente la sanidad y la educación, el crédito volverá a fluir y la economía se reactivará. Seremos otra vez engañados, como imbéciles, nos creeremos nuevamente en la cresta de la ola y todos estaremos felices y contentos, pero más pobres. Un nuevo ciclo económico pasará y una nueva crisis general de sobreproducción vendrá. Pronostico, aún a riesgo de equivocarme, que si no lo remediamos, para el 2060 – 2070 a los trabajadores, a los de abajo, no nos quedará absolutamente nada, solamente miseria.

Si miramos hacia la izquierda reformista el panorama no es mucho mas halagüeño. En mi opinión está falta de discurso, incluso de una ideología creíble. Tiene buenas intenciones pero es incapaz de llevar a cabo sus propuestas. La ideología de la izquierda reformista se basa en la existencia de estados fuertes que sean capaces de controlar la economía capitalista, de forma que puedan frenar la producción por encima de la demanda real (periodos alcistas) y dar crédito cuando se entra en una crisis de sobreproducción, evitando así, el colapso y la parada de la economía capitalista (periodos bajistas). Aunque la afirmación que voy a realizar es discutible, supongamos que efectivamente esta ideología se aplicó con éxito en la crisis de 1929. El problema es que el capitalismo actual es muy distinto al capitalismo de 1929; se ha globalizado y los estados están más interconectados entre sí, los estados son más débiles que nunca, los sindicatos estás desactivados y la economía está gobernada por una serie de instituciones internacionales con una evidente falta de cultura democrática. Por poner un ejemplo, una propuesta tan evidente como implantar una tasa a las transacciones internacionales para que de esta forma los que más tienen colaboren con la recuperación económica lleva años sin poder llevarse a cabo. Imaginad en qué saco caería proponer una banca pública europea. El problema fundamental, en mi opinión, es que la izquierda reformista tiene una visión idealizada del capitalismo, como si este hubiera existido siempre y debiera existir eternamente, independientemente del desarrollo histórico humano. Sin embargo el capitalismo es una creación humana, un sistema económico creado para beneficiar a unos pocos en detrimento de la mayoría. No se podrá reformar salvo para seguir manteniendo a esta minoría dominante, que en ciertos momentos podrá ceder, es posible, pero para coger más fuerza. La historia de los cien años de socialdemocracia y la situación en la que nos encontramos en la actualidad nos lo demuestra.

El problema no son las crisis, ni las desigualdades sociales, ni siquiera la acumulación de capital en unas pocas manos como afirma Joseph E. Stiglitz [5]. Estas realidades son consecuencias propias de la genética capitalista. El problema principal es el sistema productivo capitalista, la principal causa de este desvarío es la propiedad privada sobre los medios para producir riqueza.

El debate fundamental que está encima de la mesa, lo que deberíamos empezar a plantearnos sin ningún tipo de tapujos ni prejuicios, es la vigencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, o visto desde otro punto de vista, debemos plantearnos la posibilidad de construir un sistema productivo democrático en búsqueda del bienestar social y no del interés privado.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Fondos de Adquisición de Activos Financieros (FAAF), Ministerio de Economía y Hacienda, Gobierno de España, http://www.fondoaaf.es/SP/Subastas.html

[2] Botín dice que la banca haría "un flaco favor" a la economía si prestara dinero de forma irresponsable, RTVE, 05/02/2009, http://www.rtve.es/noticias/20090205/botin-dice-que-banca-haria-flaco-favor-economia-prestara-dinero-forma-irresponsable/228613.shtml


[4] Evolución de los salarios en España (1978-2010), Alberto Garzón Espinosa, Piju$ €conomicus, http://www.agarzon.net/?p=949

[5] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre idealismos y realismos

Publicado en Rebelion.org

Vamos a intentar muy humildemente hacer un poco de pedagogía sobre ciertos conceptos filosóficos que en mi opinión tienden a usarse mal, lo que conlleva a equívocos y malas interpretaciones. No hay nada más odioso que te cuelguen la etiqueta de idealista en el medio o en la conclusión de una discusión frente a otra parte, que por supuesto, denominan realista. El uso de estos conceptos de esta manera denota una forma de pensamiento dualista en la que se tacha a una parte de utópica, aún cuando sus razonamientos sean más o menos acertados, y a la otra parte de realista, que viene a representar el mal menor.

Para ponernos en situación la discusión versaba sobre economía. El tema en cuestión no es relevante para el desarrollo del artículo, lo importante saber es que a una de las partes que podríamos denominar keynesiana o cercana ideológicamente a la izquierda reformista se la etiqueta como realista y a la otra parte más cercana al marxismo se la etiqueta de idealista o utópica.

Definamos pues que es el idealismo. Intentemos definirlo a través de un ejemplo concreto, la concepción del Derecho en la actualidad.

Según las teorías actuales sobre Derecho, la convivencia, vivir el hombre entendido como ser humano, con el resto de hombres, vivir en sociedad, requiere un orden, sin el que no sería posible. La base del orden deviene de unas reglas fundamentales a las que debe atenerse tal convivencia. El conjunto de esas reglas constituye el Derecho natural. Derecho que es perceptible por la razón humana, que es congruente con la naturaleza del hombre, y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Los derechos naturales son universales e inalienables: no se pueden renunciar a ellos y nadie puede impedir que otra persona goce de estos derechos. Cuando este derecho está vigente, es decir, cuando rige en el determinado momento en el que se le contempla, hablamos de Derecho positivo. El Derecho positivo y el Derecho natural tienen concordancia, puesto que el Derecho positivo ha de inspirarse en el natural, no contradiciéndolo, sino desarrollando sus principios y reglas a tenor de las circunstancias y necesidades de cada momento y lugar. Sólo su armonía con el Derecho natural legitima al positivismo, y lo convierte en justo o injusto. Desde un punto de vista objetivo, se trata de un conjunto de normas que deben inspirarse en el Derecho natural.

Por lo tanto, hablamos de idealismo cuando los razonamientos se basan en una idea que transciende al ser humano (es trascendente) y que en este caso concreto viene representada por el Derecho natural, el ideal de lo justo. Sin embargo, existe otro razonamiento por el cual el Derecho no viene determinado de ningún ideal de lo justo que transciende al ser humano y es invariable en la historia del mismo, sino que este Derecho viene determinado por una ética determinada que ha logrado imponer la clase dominante en un cierto momento histórico gracias al control privado de los medios de producción. En este caso estamos haciendo un razonamiento materialista histórico. Como defensa de esta tesis, pensad, por ejemplo, que el ideal de lo justo en la edad media venía determinado por la ética o filosofía de la clase dominante en ese momento, la nobleza, que es muy diferente al ideal de lo justo actual, que viene determinado por la ética o filosofía de la burguesía, grandes empresarios y banqueros.

Si yo dijera que los bancos tienen derecho a cobrar lo que se les debe, todos podríamos pensar que ciertamente es justo que los bancos perciban aquello que han prestado con intereses, con intereses de demora si me apuráis. Ahora, si defender este ideal de justicia conlleva que haya personas que se queden sin casa y tengamos barrios enteros en las grandes ciudades con las casas vacías mientras, efectivamente, hay personas que necesitan un techo, desde mi punto de vista, debería prevalecer el derecho colectivo de los miembros de una sociedad a tener un techo donde formar una familia sobre el derecho de los bancos a cobrar las deudas contraídas. Por lo tanto, en este caso, no comparto un ideal de justicia trascendente y eterno, sino que considero que el sentido de justicia viene determinado por intereses relacionados con una clase social concreta. Podríamos decir que en el caso concreto del Derecho, soy calificable como materialista histórico y no idealista.

Volviendo a la economía, la izquierda reformista y la izquierda marxista en teoría comparten el análisis de los problemas y las consecuencias realmente injustas de las prácticas capitalistas. La diferencia fundamental es como afrontar esta problemática y que filosofía subyace en la manera de dar respuesta a las crecientes desigualdades económicas y acumulaciones de capital. Tomemos en consideración por ejemplo el artículo de Joseph E. Stiglitz “Para curar la economía” [1], economista que podríamos englobar dentro de la esfera de la izquierda reformista. El propio título del artículo da a entender (y el desarrollo del mismo) que la economía se trata de una idea eterna, trascendente a cualquier realidad histórica y no determinada por los intereses particulares de una clase social concreta ni por las relaciones sociales. Estamos ante una visión idealista de la economía, cuyo razonamiento nos dice que el modelo económico puede ser modificado con el ajuste estatal de ciertos mecanismos. Sin embargo cuando en nuestros razonamientos llegamos a la conclusión de que en realidad el modelo económico viene determinado por una ética concreta que viene impuesta por una clase social dominante y que determina las relaciones sociales existentes en un momento histórico concreto, estamos hablando de una visión materialista histórica de la economía. Siendo consecuente con este razonamiento, para cambiar el modelo económico no solo basta con tocar ciertos resortes del mismo, sino que es necesario un cambio de ética, un cambio de filosofía en las relaciones sociales para que este cambio sea realmente efectivo y acabe con la ética impuesta por la clase dominante.

Vamos a explicar con una analogía hasta que punto la izquierda reformista está cargada de idealismo. Según la izquierda reformista, y según la receta que nos da Joseph E. Stiglitz en su artículo, sería posible reformar el capitalismo de forma que se evite la especulación, la acumulación de capitales y las desigualdades sociales; y de esta manera podamos salir de este callejón sin salida llamado en primera instancia crisis financiera y ahora llamado crisis de la deuda. Pero esto es tanto como pedir que el capitalismo no sea capitalismo; la especulación y la acumulación de capitales en búsqueda del máximo beneficio propio está en la propia idiosincrasia, o si lo prefieren, en la propia genética del capitalismo. Imaginemos por ejemplo un cáncer, sabemos que es malo y llevará nuestro cuerpo al caos y a la muerte. La izquierda reformista vendría a decirnos que como la extirpación sería peligrosa y dolorosa, mejor vamos a intentar convencer al cáncer que no sea cáncer y que no siga creciendo, cuando todos sabemos que en la propia genética del cáncer está el crecimiento sin control. El materialismo histórico vendría a decirnos que el cáncer no puede ser otra cosa que un cáncer, por lo tanto debemos extirparlo por muy doloroso y peligroso que resulte, y para ello debemos cambiar, debemos entender que el cáncer no forma parte de nosotros sino que es una minoría que contamina los recursos de la mayoría.

¿Quién es el idealista entonces?, ¿el que afirma que el cáncer puede controlarse o el que no?, ¿quién es el realista?, ¿el que asume que el cáncer nos matará si no lo extirpamos o el que no?

Al marxista se le tacha de idealista pues defiende la tesis de que para cambiar el modelo económico es necesario cambiar nuestra forma de pensar, nuestra ética, un cambio moral a través de la conciencia colectiva y la pedagogía. Esto se ve como una utopía pero lo cierto es que no es la primera vez que estos cambios ocurren en la historia de la humanidad, es un razonamiento materialista histórico. Sin embargo, al que afirma que para cambiar el modelo económico basta con hacerse con el control del estado y realizar ciertos ajustes, tesis que ya ha fracasado en repetidas ocasiones, a este se le califica de realista.

Hablemos con propiedad, el idealista es materialista; y el realista, idealista o conformista, según el caso.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Socialdemocracia: una historia de traición y fracaso


"El liderazgo ha fallado. Incluso así, el liderazgo puede y debe ser regenerado desde las masas. Las masas son el elemento decisivo, ellas son el pilar sobre el que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta derrota en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y esto es por lo que la victoria futura surgirá de esta derrota.
'¡El orden reina en Berlín!' ¡Estúpidos secuaces! Vuestro 'orden' está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!"
El Orden reina en Berlín, Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín el 15 de enero de 1919, a manos de la milicia nacionalista enviada por el socialdemócrata alemán Friedrich Ebert en respuesta a un segundo levantamiento revolucionario en la Alemania de principios del siglo XX. Los que fueron sus compañeros en el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) mandaron asesinar a Rosa y otros en post del orden establecido. De esta manera se consumaba la segunda traición de la socialdemocracia a la causa obrera. La primera traición fue ideológica.

La ideología socialdemócrata nació de la mano del político alemán Eduard Bernstein, quién afirmaba que la transición a una sociedad socialista (en términos marxistas) se podría lograr a través de una lucha “prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición a posición” dentro del orden existente, provocando una evolución del capitalismo. Tal afirmación se basaba en la desaparición de las crisis generales del capitalismo (en su tiempo, posteriormente se ha demostrado lo contrario) y la mejora de la situación económica y política del proletariado como resultado de las luchas sindicales. Argumentaba también que la acumulación de capital no se había dado en los términos previstos por Marx y la sociedad entera habría logrado mejorar sus niveles de vida, lo que restaría razones para una insurrección proletaria.

Ya entonces Rosa Luxemburgo criticó estas posiciones en la obra Reforma o Revolución [1], porque aunque si que es cierto que en aquel tiempo la acumulación de capital y la globalización del capitalismo no se había dado en los términos que predijo Marx, era más una cuestión de los tiempos del capitalismo, y no tanto de su desarrollo. Es decir, las tesis marxistas no se equivocaban en sus predicciones en cuanto a las consecuencias últimas, sino que el desarrollo del capitalismo no había sido tan rápido como cabía esperar.

Poco después de la muerte de Rosa Luxemburgo, en los años veinte apareció en escena el economista inglés John Maynard Keynes, cuya influencia en las políticas económicas de la izquierda democrática es indiscutible y cuya aportación ayudó, o eso dicen los keynesianos, a la recuperación de la economía mundial después de la gran depresión del 29. La socialdemocracia abrazó (y habló en pasado debido a la deriva liberal de la socialdemocracia en la actualidad) las directrices fundamentales sobre el control del paro y el IPC expuestas en la Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero [2]. Muy básicamente, ya que no es propósito de este artículo hacer un análisis de la teoría económica de Keynes, para Keynes el estado, como protector supremo del bien público, tiene el deber de regular las fuerzas del mercado, a través de un mecanismo de gasto público en tiempos de crisis para compensar la caída del consumo privado y evitar la recesión y el desempleo. Dicho déficit generado por el sobregasto sería corregido en el próximo ciclo de auge económico disminuyendo su oferta y frenando así periodos excesivamente alcistas. De ahí la reticencia de la poca representación parlamentaria de la izquierda democrática a la reforma de la constitución en post del control del déficit y del equilibrio presupuestario del Estado.

La socialdemocracia, o lo que queda de ella, anunciaba pues, una salida de la crisis a través de una reedición del New Deal. Lo que no les gusta oír a los profetas de este New Deal, es que aunque es cierto que las medidas keynesianas pudieron favorecer recuperaciones pasajeras después de la crisis del 29, tras una breve mejoría en 1934-1935, la economía tuvo una recaída brutal en 1937-1938. Solamente una guerra mundial propició las condiciones necesarias para un crecimiento duradero de los “treinta gloriosos”. Es más, para asegurar la eficacia de sus recomendaciones, Keynes consideraba “que aumentar la autosuficiencia nacional y el aislamiento económico facilitaría la tarea”. La desregulación de los mercados y la globalización ha ido totalmente en sentido contrario, de forma que hoy los Estados son muchos más débiles que en 1929.

La socialdemocracia actualmente, no solamente ha renunciado a sus orígenes marxistas, sino también ha renunciado a las teorías económicas keynesianas que abrazaron en el siglo pasado. En palabras de Daniel Bensaïd:

Las fuerzas políticas, como la socialdemocracia, que han pretendido, desde la Segunda Guerra Mundial, cultivarlo y embellecerlo [el capitalismo] parecen, ellas también, agotadas. Lo que antaño escribía Keynes a propósito del liberalismo histórico se aplica hoy, palabra por palabra, a estos socialistas de mercado: «Los objetivos políticos que movilizaban a los partidos en el siglo XIX [sustitúyase por ”siglo XX”] están tan muertos como el cordero servido la semana pasada, mientras surgen las preguntas sobre el futuro, éstas no encuentran hueco en los programas de los partidos […]. Las razones positivas de ser liberal [sustitúyase por “socialdemócrata”] son bastante débiles hoy. A menudo es sólo el azar de los temperamentos o de los recuerdos históricos, y no una divergencia política o un ideal, lo que separa hoy a un joven conservador progresista del liberal [del socialista] medio. Los viejos gritos de guerra han sido puestos en sordina o reducidos al silencio».

Llegados a hoy, podemos decir que la socialdemocracia no sólo ha traicionado sus orígenes marxistas y sus convicciones keynesianas, no, podemos decir que la socialdemocracia ha fracasado en su tarea histórica de reformar el capitalismo. Keynes estimaba, en 1928, que “el problema económico podría estar resuelto o en vías de solución de aquí a cien años”, y sin embargo el capitalismo como sistema económico globalizado, mantiene en la actualidad en la más absoluta pobreza (menos de un dólar por día y persona) a un tercio de la población mundial, y en los países desarrollados estamos asistiendo a la destrucción de las clases medias, donde un cuarto de la población también vive en la más absoluta pobreza.

El capitalismo no se puede reformar porque en su base filosófica se encuentran falacias como que el interés personal y egoísta de cada una de las individuales que conforman un sociedad propician una especie de equilibrio mágico entre estos intereses, afirmación que en la práctica no se verifica, sino que se tiende a los monopolios y a la acumulación de capital por una minoría. Encontramos leyes como la ley de la oferta y la demanda, que ni es ley, ni se cumple o si la consideremos ley podría ser la recordlaw más violada de la historia. O perlas como que siempre habrán necesidades humanas que satisfacer, de David Ricardo. En resumen, el capitalismo se basa en el crecimiento como motor de la economía y el progreso ilimitado en un entorno, el planeta, con recursos finitos. El calentamiento global nos evidencia lo erróneo de este planteamiento. El capitalismo no se puede reformar, y la experiencia de estos casi cien años desde la muerte de Rosa Luxemburgo nos lo demuestran.

Imaginad por un momento que os he convencido, imaginad que os he embaucado y habéis interiorizado que el capitalismo no es reformable. La pregunta lógica a continuación es, “perfecto, ¿y con qué lo sustituimos?”. La respuesta no es sencilla, creo sinceramente que nadie tiene respuesta a esta pregunta, es más, desconfiaría de aquellos que dicen tenerla.

La solución no existe como tal por dos razones, si existiera una solución por la cual se pudiera crear o construir un sistema económico mundial más justo por medio de la reforma ya estaríamos en vías de construcción, y sin embargo nos estamos alejando de este objetivo pese a los intentos históricos de la socialdemocracia. En segundo lugar, no existe dicha solución porque no se trata del sistema económico, en realidad el problema es la filosofía subyacente, la ética de la clase dominante. Debemos cambiar, romper con nuestras convicciones, traspasar los límites de la filosofía actual para imaginar una nueva concepción del ser humano radicalmente humanista, radicalmente democrática, radicalmente solidaria; alejada de la ética individualista, egoísta y mísera actual. Solamente así, podremos construir entre todos, un mundo más justo.

Sin embargo, debido a la deriva liberal de la socialdemocracia, la izquierda más radical se siente tentada a ocupar ese espacio con planteamientos keynesianos. Reforma o Revolución es de nuevo el planteamiento. Yo mismo me he visto explicando por qué no debería aprobarse la reforma de la constitución española, cuando en realidad, que más da, si con o sin reforma, con o sin keynasismo, el mundo sufre las consecuencias de un sistema económico injusto e inhumano. No, debemos recuperar los partidos y sindicatos de clase, con una clara convicción revolucionaria, con la certeza de que solamente a través de la lucha y de una oposición frontal a cualquier forma de capitalismo podremos hacer crecer una nueva filosofía entre una mayoría del proletariado.

Casi cien años después, !Yo fui, yo soy, y yo seré!

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Reforma o Revolución, Rosa Luxemburgo, Fundación Federico Engels, 2002, http://www.fundacionfedericoengels.org/images/stories/PDF/06_Rosalux_reforma_revolucion_23.pdf

[2] Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, John Maynard Keynes, Marxists.org, 2002, http://www.marxists.org/reference/subject/economics/keynes/general-theory/index.htm

[3] Y después de Keynes, ¿qué?, Marx y las crisis, Daniel Bensaïd, 2010, Diario Público, p. 34.

viernes, 13 de mayo de 2011

(Pre)impresiones del #15m. La democracia de los trabajadores

El artículo en realidad podría tener muchos títulos, “Regeneración democrática”, “Democracia real y participativa”, “¿Por qué lo llaman democracia si no lo es?”, “No cumplir las promesas electorales debería ser delito”, “Ojo a Camps y la berlusconización de la política española” y un largo etcétera. Todas vienen a decir lo mismo, en realidad en este sistema democrático no decidimos absolutamente nada, y cuando no decidimos deciden por nosotros. El problema es que cuando nuestras vidas discurren más o menos tranquilas (económica y socialmente hablando) nos da igual, nos viene incluso cómodo que decidan por nosotros, pero he ahí que cuando las cosas se ponen feas y el que decide lo hace en su propio interés; entonces queremos decidir, pero ya no somos capaces, no sabemos, hemos estado pensando tanto en nosotros mismos y en nuestro bienestar individual que esbozar aunque sea una pequeña respuesta colectiva nos cuesta un esfuerzo tremendo.

Me gustaría que todos hiciésemos un ejercicio de imaginación. Imaginad que en algún momento de la historia de nuestra democracia los grandes partidos políticos se hubieran puesto de acuerdo para gobernar. Imaginad que hubieran decidido presentar proyectos políticos para las elecciones que luego no cumplirían, escenificar una lucha política en la superficie pero con proyectos políticos económicos y sociales idénticos en el fondo, imaginad que se hubieran puesto de acuerdo para no legislar sobre los problemas básicos e importantes de los ciudadanos de este país (vivienda, trabajo), no preocuparse, no avanzar, no gobernar, ser permisivos con la especulación. Imaginad que se hubieran puesto de acuerdo para enriquecerse con la corrupción, servid a los grandes capitales y retirarse con una vida más o menos boyante y asegurada. Lo triste es que todo lo dicho ocurre, sin necesidad de imaginar tanto, y aunque es probable que no exista ningún tipo de teoría conspirativa detrás, lo que sí se puede asegurar es que existe un interés compartido para que nada cambie, para que esta falsa democracia no evolucione.

Voy a decir una obviedad, pero entiendo que es necesaria, la corrupción no es un cáncer del sistema, no es una anomalía del sistema; la corrupción es parte íntegra del sistema democrático, inseparable del mismo. Desde que existe democracia, existe corrupción, incluso antes. En realidad, si miramos la situación con perspectiva, votamos cada cuatro años un proyecto político que es muy parecido a los proyectos políticos del resto de partidos y que además nunca es llevado a la práctica. Esta votación a un proyecto político que no se lleva a la práctica da legitimidad para que los actores de dicho proyecto político hagan y deshagan sin ningún tipo de control ciudadano, y encima se lucren él y sus amistades de su paso por el servicio público. No nos engañemos, la corrupción no es una cuestión de partidos, no es una cuestión de personas, la corrupción es el sistema en sí. Si IU, por ejemplo, gobernara en más sitios de donde gobierna, tened por seguro que existiría corrupción también en IU, pues sigue sin haber control ciudadano gobierne quién gobierne. Por lo tanto, en realidad, no decidimos sobre ninguna cuestión importante de nuestra vida en común, solamente decidimos quién se podrá enriquecer cada cuatro años de nuestro esfuerzo y nuestro trabajo.

Hace poco me hacía eco de una noticia en la que se recogían unas declaraciones de Cayo Lara, coordinador federal de IU, en las que afirmaba que “queremos hacer una dictadura”, “que las leyes se lleven al Boletín Oficial del Estado al dictado de los trabajadores, y no al de los intereses empresariales, por medios totalmente democráticos”, lo que podríamos denominar la dictadura de los trabajadores, aunque personalmente me gusta más el término democracia de los trabajadores. Y yo me pregunto, ¿qué proyecto político hay detrás para llevar acabo esta afirmación?, ¿de qué tipo de democracia estamos hablando? Porque si la democracia que se propone es un modelo de la democracia interna de IU, si lo que se está proponiendo es un estado burocrático, conmigo que no cuenten. A lo mejor estaba hablando de otro tipo de democracia más participativa y directa, pero ¿que otra democracia se puede esperar sino una proyección de la democracia que ya se práctica dentro de IU?, ¿que se puede esperar sino una superestructura a imagen y semejanza de la estructura de IU?

Entre las alternativas a la situación actual, en este momento de crisis, no solo financiera, sino de crisis sistémica, cultural y me atrevería decir incluso de crisis de valores; muchos desde la izquierda apelan a la unión de la misma para contrarrestar los envites de los mercados y de nuestras clases dominantes. Personalmente, esta obsesión de cierta parte de la izquierda por la unión sin saber muy bien en base a qué, sin tener un proyecto político concreto de objetivos, me recuerda mucho a la obsesión por el crecimiento del capitalismo, lo importante es crecer para que el castillo no se venga abajo. La unión no puede ser el objetivo, como tampoco lo es el crecimiento; la unión se construye en base a un proyecto político donde se marquen los verdaderos objetivos que debemos alcanzar como colectividad. En este sentido, leí hace unos meses un artículo de Julio Anguita, titulado Preparar otra guerra, publicado en marzo de 2011 en Mundo Obrero, en el que propone una serie de medidas para superar la situación actual, una serie de políticas en post de una salida social a la crisis. Por lo menos Julio Anguita propone un proyecto político de base para trabajar en una alternativa, pero con todos los respetos que me merece Julio Anguita, creo que no ha llegado al fondo de la cuestión, pues en el citado artículo solamente menciona una reforma de la ley electoral y nada sobre nuevas vías democráticas. El fondo de la cuestión, bajo mi punto de vista, es que necesitamos una nueva democracia, más participativa y directa, una nueva estructura en el que los ciudadanos tengamos más participación y control, necesitamos una revolución cultural de lo colectivo, con nuevos valores profundamente democráticos, realmente democráticos. Necesitamos un movimiento de abajo a arriba, regeneración democrática, y no tanto un movimiento de arriba a abajo, estatización.

La situación es difícil pero no es mala del todo. Mientras los partidos y sindicatos se han convertido en estructuras de poder alejadas de las bases que son incapaces por su propia constitución de dar cabida a los proyectos, ideas, reivindicaciones e ilusiones de los ciudadanos; las personas comprometidas y con buenas ideas que llevar a cabo, viendo que en estas estructuras no han podido realizar sus proyectos, han ido formando una red de asociaciones de todo tipo y movimientos sociales desde donde poder poner en práctica este compromiso social. Podemos decir que la acción política se ha dividido en dos, por un lado, el proyecto político se realiza sin el feedback de la experiencia práctica, y por otro lado las experiencias y proyectos de las diferentes asociaciones y movimientos sociales se quedan en lo práctico y no llegan a convertirse en proyectos políticos que lleguen a todo la ciudadanía.

Para conseguir una democracia más participativa y directa, necesitamos de estructuras de partido y sindicato democráticamente más participativos y directos. Para llegar a este tipo de estructuras debemos reunir las acciones políticas, la de partido y la de asociación, movimiento social o asamblea de trabajadores. Sueño con un partido en donde uno pueda llegar, elegir en que área social realizar un voluntariado (o militancia), poder realizarlo a través de una asociación, tomar decisiones asamblearias dentro de la asociación en la que se trabaja, participar en mesas de debate de su área social con otras asociaciones de donde saldrán las propuestas del proyecto político, votar directamente las ponencias de las mesas de debate, elegir a los representantes del partido que llevarán a la práctica el proyecto político y poder destituir a los representantes en cualquier momento cuando se alejen del mismo (del proyecto). Solo con los hechos y el modelo podremos transmitir que otra democracia es posible, una democracia de los trabajadores. Solamente será viable desde el ejemplo.

El #15m muchos saldremos a las calles para reclamar este tipo de democracia, pero como he comentado, no solo en relación a las administraciones públicas, sino también en relación a los partidos políticos y a los sindicatos.

El #15m, en definitiva, saldremos desahuciados, parados, autónomos, jóvenes, pensionistas, funcionarios, desempleados y en resumen trabajadores y trabajadoras; para denunciar el abuso de banqueros, políticos y grandes empresarios.

Bienvenidos, pues, a la lucha de clases. Las ideas de Marx siguen vivas.

Pedro Luis López Sánchez