"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

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viernes, 9 de agosto de 2013

Sociología, un peso muerto

No salgo de mi asombro, este Estado está lleno de aspirantes a Gramscis. Un sencillo artículo de Pablo Iglesias /1, que calificaría de aportación sociológica mas que marxista, ha provocado una serie de artículos en respuesta (por ejemplo el de Nega /2) que, más que un intercambio de razonamientos para dar salida a esta situación de reflujo en la que nos encontramos, parece una competición a ver quién tiene la mejor caracterización de que es la clase obrera; competición que tiene más de egolatría que de reflexión colectiva con vistas de transformación social.


Que si la clase obrera son “los de abajo”, que si la clase obrera son los padres, que si la clase obrera son los reyes magos, ¡ya está bien! Haceos a la idea, la clase obrera no existe, al menos no objetivamente. Lo único objetivo es la lucha de clases, lucha de clases que viene dada porque hay una minoría que ostenta la propiedad sobre los medios de producción y la controla en beneficio fundamentalmente propio, y una mayoría, que son los expropiados, que no tienen en su poder dichos medios para su subsistencia y necesitan vender su fuerza de trabajo para vivir, lo que provoca grandes desigualdades y la acumulación de riqueza en unas pocas manos. Ahora, para que esta mayoría se constituya en clase para sí, homogénea y organizada, va un recorrido muy largo.

La clase obrera es una construcción histórica provocada por la lucha de clases, construcción que en ciertos momentos históricos se verifica su existencia, en otros se desdibuja, es derrotada, desaparece, vuelve a aparecer divida en diferentes clases que podrían converger, etc. Es una realidad subjetiva, no viene dada, se construye en base a la concienciación sobre la lucha de clases; construcción que se ve avivada cuando esta lucha de clases se muestra sin caretas, en las crisis de hegemonía de una clase sobre el resto.

Intentar representar la clase obrera como una construcción en base solamente a causas objetivas es absurdo. Porque podríamos decir, la clase obrera son todos aquellos que cobran un salario, o todos aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir y no tienen control sobre el trabajo que desempeñan, un trabajo enajenado o alineado. Hay una escena en la película Novecento de Bernardo Bertolucci que nos saca del error de un razonamiento así. Cuando Olmo, campesino, vuelve de la guerra y conoce a Attila, el administrador contratado por el patrón, en una discusión sobre el reparto de riqueza, Attila le dice a Olmo «soy un soldado como tú [] trabajaremos juntos, yo te comprendo», sin embargo tanto Olmo como el resto de campesinas de la escena comprenden que no son la misma cosa, Attila no es clase obrera por mucho que cobre un salario. Porque la clase obrera es una construcción subjetiva, de conciencia del rol que se desempeña dentro de la lucha de clases, no solamente objetiva.


El debate no debería ser quién o no es clase obrera, sino en base a qué sectores construir dicha clase. Porque no nos engañemos, la clase obrera no se construye sola ni espontáneamente, tampoco es homogénea (al menos inicialmente) ni todos los sectores productivos y/o precarios van al unísono, hay unos sectores más avanzados y otros que van más a la zaga, incluso habrá algunos sectores que deriven a posiciones más conservadoras o reaccionarias. La tarea principal es por lo tanto organizar, homogeneizar esta fuerza, prepararla, hacerla avanzar. En palabras del propio Gramsci:

«[...] Pero la observación más importante que se puede hacer a propósito de todo análisis concreto de la correlación de fuerzas es que estos análisis no pueden ni deben ser fines en sí mismos (a menos que no se escriba un capítulo de historia del pasado) sino que sólo adquieren significado si sirven para justificar una actividad práctica, una iniciativa de voluntad. Muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde puede aplicarse con mayor fruto la fuerza de voluntad; sugieren las operaciones tácticas inmediatas; indican cómo se puede plantear mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje entenderán mejor las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y dispuesta desde hace tiempo que se puede hacer avanzar cuando se considera que una situación es favorable (y sólo es favorable en la medida que esta fuerza existe y está llena de ardor combativo); por esto la tarea esencial es la de procurar sistemática y pacientemente formar, desarrollar, hacer cada vez más homogénea, más compacta y mas consciente de sí misma esta fuerza. [...]» /3
Una de las aportaciones más adecuadas a este debate ha sido la de la Coordinadora de Informática de CGT /4. Elaboraron una estrategia sindical para hacer crecer la conciencia de clase en el sector, un sector, como ellos muy bien destacan, con un profundo elitismo de clase; la han aplicado durante algunos años y han obtenido grandes resultados (grandes resultados en comparación al panorama general). Y ahora justamente dicen: esto nos ha funcionado a nosotros, ¿por qué no seguimos con esta línea en otros sectores? Estando en general de acuerdo con la estrategia sindical de organización desde la base independientemente del centro de trabajo al que se pertenezca, habría que preguntarse si efectivamente el sector informático es un sector clave que arrastre a otros sectores y si la estrategia utilizada es exportable teniendo en cuenta que los informáticos cuentan con la ventaja de ser de los pocos profesionales difícilmente sustituibles masivamente y en un periodo corto de tiempo, evitando así amenazas de despidos masivos ante convocatorias de huelga. También habría que cuestionar si la clase obrera debe ser organizada a partir de la realidad de los centros de trabajo, centros de trabajo que en su mayoría cuentan con pocos trabajadores (en el 2010 aproximadamente el 95% de las empresas contaban con menos de 10 trabajadores /5), y teniendo en cuenta también que existen experiencias fuera de los centros de trabajo que están funcionando, como la PAH. Este debería ser el debate; como llegar, que lenguaje usar, donde, a quienes, por donde empezar, …


Pero sin duda lo más preocupante es la falta de compromiso militante, este tic tan característico de la actual hegemonía individualista neoliberal de llevar la conciencia de clase desde la independencia y la autonomía, “desde afuera” no solamente de la propia lucha económica, incluso "desde afuera" del propio movimiento social obrero. Como decía, este Estado parece estar lleno de aspirantes a Gramscis con ciertos toques de egolatría. Déjenme aclararles algo, Gramsci siempre partió su reflexión teórica desde la más activa militancia política, desde dentro del movimiento social de la clase trabajadora y sus organizaciones; para analizar, una vez en la cárcel, la derrota que supuso el ascenso del fascismo y a partir de ahí concluir como se debería recomponer el partido y por ende la clase obrera.

El debate teórico es necesario, pero igual de necesario es la militancia política en el interior del movimiento social obrero organizado. Estas reflexiones teóricas, si se tienen al externo de las organizaciones a través de las cuales se debe construir y homogeneizar la clase trabajadora («el partido en el gran sentido histórico de esta palabra» /6), se quedan en simples postulados sociológicos. Y la sociología, como la indiferencia, es un peso muerto para la tarea revolucionaria.

Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

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1/ ¿Quiénes son los de abajo?, Pablo Iglesias, Público, http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/291/quienes-son-los-de-abajo/

2/ La clase obrera hoy: canis e informáticos (Respuesta a Pablo Iglesias), Nega, Kaosenlared, http://www.kaosenlared.net/colaboradores/item/63046-la-clase-obrera-hoy-canis-e-inform%C3%A1ticos-respuesta-a-pablo-iglesias.html

3/ Extracto de “Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas”, El Príncipe Moderno, Antonio Gramsci.

4/ Quienes trabajamos en informática somos clase obrera. Aportación al debate abierto por Nega y Pablo Iglesias, Coordinadora de Informática de CGT, http://www.cgtinformatica.org/content/quienes-trabajamos-en-inform%C3%A1tica-somos-clase-obrera-aportaci%C3%B3n-al-debate-abierto-por-nega-y

5/ Demografía armonizada de empresas, Instituto Nacional de Estadística, año 2010, http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=%2Ft37%2Fp204&file=inebase&L=0

6/ En una ocasión, el poeta amigo de Marx, Ferdinand Freiligrath (1810 - 1876), le hizo un reproche sobre la estrechez partidaria de una organización política puntual de Inglaterra. En una carta del 29/2/1860, Marx le responde: «Yo siempre he entendido por partido, el partido en el gran sentido histórico de esta palabra».

jueves, 16 de agosto de 2012

El derecho a la existencia digna

Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan”
Emma Goldman

¿De donde emana el derecho?, es decir, ¿de donde vienen los derechos?, ¿existen de por sí?, ¿alguien se los inventa cuando tiene alguna ocurrencia?, ¿han existido siempre?, ¿siempre han significado lo mismo?

La filosofía del derecho aceptada en la actualidad habla de derecho natural. El derecho natural constituye el conjunto de reglas fundamentales sobre la que se basa la convivencia humana, que es perceptible por la razón, que es congruente con la naturaleza del hombre y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Cuando este derecho está vigente hablamos de derecho positivo, es decir, cuando este derecho está escrito en una ley. El derecho positivo y el derecho natural tienen concordancia, pues el derecho positivo debe inspirarse en el natural, desarrollándolo. La armonía con el derecho natural es lo que legitima al derecho positivo.

Sin embargo, cada vez somos mas conscientes de que las leyes son mucho más permisivas con ciertos delitos de alto standing y por el contrario, realmente duras con el pequeño delito. A las cárceles solo van los pobres, en las cárceles solamente hay pobres. La acción del SAT en los supermercados ha puesto de manifiesto que el derecho positivo, las leyes, no tienen por qué coincidir con el sentido de justicia, y por lo tanto, aún siendo ilegal la acción, una mayoría la considera justa y legítima. ¿Qué está ocurriendo?, ¿de donde viene este divorcio entre el derecho positivo y natural, que deslegitima el primero al menos para un mayoría social?

Immanuel Kant
Para explicar este divorcio debemos abandonar la teoría kantiana del derecho natural, es decir, abandonar la teoría de la existencia de un derecho universal perceptible por la razón humana anterior a la organización de las sociedades y contra el cuál no se puede legislar. De hecho, la percepción de lo justo ha evolucionado a lo largo de la historia del ser humano. Desde un punto de vista marxista, materialista, la percepción de lo justo no es anterior a los sociedades, sino que en cada época del ser humano prevalece el sentido de justicia de la clase dominante, incluso en contra de los intereses de la mayoría social. Es decir, son las condiciones socio-económicas impuestas por la clase dominante las que determinan un sentido de justicia favorable a sus intereses. De ahí que una mayoría social percibamos como justo y legítimo acciones ilegales, porque aún siendo justas para la mayoría, son contrarias a las leyes que la clase social dominante ha impuesto, con métodos mas o menos sutiles.

La crítica de los marxistas a la Declaración Universal de los Derechos Humanos [1] no proviene de que consideremos injusto lo que allí se expone, sino del hecho de que no sirve de mucho tal declaración si no se acaba con el origen de la injusticia, que se encuentra en las relaciones de explotación presentes en el capitalismo. El desarrollo histórico del capitalismo nos da la razón; las potencias más industrializadas, libres y democráticas violan constantemente los derechos humanos, son incapaces de implantarlos en su propio territorio, pues el origen de la injusticia sigue existiendo. Yo les invito a que lean y repasen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y juzguen ustedes mismos.

En este sentido, los trabajadores hemos aceptado como natural (en el sentido descrito anteriormente) el derecho al trabajo. Los sindicatos mayoritarios se afanan en la defensa de tal derecho, incluso a costa de especular y retroceder en derechos laborales conseguidos gracias a años de lucha, sangre, sufrimiento y lágrimas. Pues yo les digo señores sindicatos mayoritarios, entre los esclavos no había paro. ¿Qué en las entradas de los campos de concentración nazis se pusiera la expresión alemana Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres) no os da una pista del engaño? Los trabajadores hemos aceptado que bienestar individual debe ser conseguido con trabajo individual, de ahí que necesitemos exigir derecho al trabajo. Y los que no pueden hacer valer este derecho, pues “¡que se jodan!” [2], que trabajen en lo que puedan, incluso en condiciones de semi-esclavitud. Es el régimen de la meritocracia; en sociedades en (supuesta) igualdad de oportunidades cada uno tiene lo que se merece, dicen. Y digo yo, ¿qué méritos habrán realizado los Botín, Ortega y Roig para acumular tal cantidad de riqueza? Y en cambio, ¿qué pecados despreciables habrán cometido los desahuciados, parados y pobres de este país para merecerse tal castigo de miseria e indigencia?


Derecho al trabajo, ¡pero que absurdo tan grande! Si algo hemos hecho los trabajadores por encima de nuestras posibilidades ha sido trabajar y producir. Y después de tanto producir, de tantas casas construidas, de aumentar tanto la productividad, de tanto avance tecnológico en la agricultura, industria y servicios en post del progreso y el bienestar, ¿qué nos queda?, ¿por qué seguimos reclamando más y más trabajo?, ¿es que nos hemos vuelto todos locos?

De lo que tenemos derecho es a una existencia digna en nuestras sociedades, independientemente de nuestro estatus social y laboral. Tenemos derecho a disfrutar de lo que hemos producido en los últimos años entre todos, tenemos derecho a casa, comida, ropa, vacaciones, transporte, educación, sanidad y el resto de servicios sociales. Tenemos derecho a que la sociedad nos proporcione tal bienestar y que el trabajo quede relegado a un deber social necesario para hacer efectivo este derecho, un deber repartido entre todos.

En este momento histórico, para los trabajadores, una sociedad que no haga valer el derecho a una existencia digna a todos sus integrantes, es una sociedad fracasada y debe ser superada.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

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[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos, Naciones Unidas, http://www.un.org/es/documents/udhr/index.shtml

[2] Andrea Fabra, diputada del PP en el Congreso, gritó ¡que se jodan! cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba los recortes en la prestación por desempleo.

lunes, 9 de abril de 2012

Dimitris Christoulas y el compromiso vital


"El proverbio latino «Senatores boni viri, senatus mala bestia» se ha convertido en un lugar común. ¿Qué significa este proverbio y qué significado ha adquirido? Que una multitud de personas dominadas por los intereses inmediatos o movidos por la pasión suscitada por las impresiones del momento transmitidas acríticamente de boca en boca, se unifica en la peor decisión colectiva, en la decisión que corresponde a los más bajos instintos bestiales. La observación es justa y realista en lo que se refiere a las multitudes casuales, formadas como un "gentío bajo un cobertizo durante un aguacero", compuesta por hombres que no están ligados por vínculos de responsabilidad hacía otros hombres o grupos de hombres o hacia una realidad económica concreta, cuya ruina repercuta desastrosamente en los individuos. Por esto se puede decir que en estas multitudes el individualismo no sólo no se supera sino que se exaspera por la certidumbre de la impunidad y de la irresponsabilidad. ”
El hombre individuo y el hombre masa.
Notas sobre la política y el estado moderno.
Antonio Gramsci


He recibido algunas críticas en mi entorno, constructivas claro, respecto al enfoque tan personal, quizás trágico, de uno de los artículos de este blog, “Me sobran los motivos” [1]. He de reconocer que aunque todo lo dicho en el citado artículo se ajusta estrictamente a la realidad y no he exagerado en ninguno de los puntos expuestos, llevar un artículo a un plano tan personal y cercano conlleva cierto riesgo de sensacionalismo o amarillismo. Ha sido intencionado, buscaba provocar, una pequeña maldad por mi parte. He de decir en mi defensa que no buscaba dar cierta sensación de fatalidad, soy una persona tremendamente positiva y lo que ocurre a mi alrededor no es grave, sino poner de relieve la necesidad de poner en común todo aquello que por no incomodar, guardamos en el plano personal. Solo así podremos contrarrestar cierta ligereza y una exasperante equidistancia en ciertas opiniones a propósito de las desgracias ajenas, ya que cuando las miserias ocurren al otro lado del mundo no pasa nada, pero el problema es bien distinto cuando ocurren en nuestra pequeña realidad cotidiana.

Uno de los éxitos del capitalismo ha sido que asumamos una ética individualista hasta tal punto que, como decía, lo personal incomoda. La mayoría de la gente lo que quiere es vivir tranquila y no calentarse demasiado la cabeza, es más, bastante tiene cada uno con sus pequeños problemas como para andar preocupándose de los problemas de los demás. Pero en realidad, las miserias no son individuales, son colectivas y su superación pasa irremediablemente por ponerlas en común, pues ya no ocurren al otro lado del mundo donde la conexión con nuestros actos es más difusa, sino que ocurren a nuestro lado.

El miércoles 4 de abril de 2012 Dimitris Christoulas, un jubilado griego de 77 años, se suicidaba volándose la cabeza frente al parlamento griego en la plaza Syntagma de Atenas. En uno de los bolsillos se encontró una nota de suicidio:

El Gobierno de Tsolakoglou|1| ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años. Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría), no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir. Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún días las armas y colgarán a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussolini en 1945.”

|1| Hace un paralelismo entre el gobierno griego actual y el gobierno colaboracionista con los nazis de Tsolakoglou.
Esta muerte viene a engordar las estadísticas de suicidios en Grecia que ha pasado, en tres o cuatro años, de las cifras más bajas de la Unión Europa a la más alta. El capitalismo mata y ya no ocurre al otro lado del mundo, ocurre a nuestro lado.

La hija de Dimitris Christoulas, supongo que en previsión de que la muerte de su padre sería tratada como la de un anciano quizás con trastornos psicológicos, enviaba una carta a los medios en la que afirmaba que "durante toda su vida [mi padre] ha sido un militante de la izquierda, un visionario desinteresado. El acto del suicidio de mi padre es un acto político consciente, coherente con lo que creyó e hizo durante toda su vida”.

Dimitris Christoulas no se suicidó como un acto de desesperación, o al menos no solo, sino que se suicidó para dar sentido a su muerte según el compromiso vital que había adquirido a lo largo de su existencia, poniendo de manifiesto a través de su situación personal la situación de toda una sociedad.


Decía Ernesto Che Guevara: “Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”. Y, ¿qué es el amor sino un sentimiento que nos une al prójimo y nos hace vivir y comprender nuestra propia existencia a través de la existencia del otro?, ¿qué es el amor sino la asunción vital de un compromiso para con los demás que nos hace felices y plenos? Pues déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que esta muerte ha sido un acto fundamentalmente de amor.

Manifestarse, gritar, bailar batucadas y portar pancartas no es más que un encuentro causal “bajo un cobertizo durante un aguacero” si no sirve para unirnos en un compromiso vital de lucha contra la injusticia que es transversal a todos nosotros.

Vuestra situación personal es la mía, vuestra lucha es mi lucha.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

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[1] Pedro Luis López Sánchez, Me sobran los motivos, http://laestrategiaglobal.blogspot.com.es/2012/03/me-sobran-los-motivos.html

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre idealismos y realismos

Publicado en Rebelion.org

Vamos a intentar muy humildemente hacer un poco de pedagogía sobre ciertos conceptos filosóficos que en mi opinión tienden a usarse mal, lo que conlleva a equívocos y malas interpretaciones. No hay nada más odioso que te cuelguen la etiqueta de idealista en el medio o en la conclusión de una discusión frente a otra parte, que por supuesto, denominan realista. El uso de estos conceptos de esta manera denota una forma de pensamiento dualista en la que se tacha a una parte de utópica, aún cuando sus razonamientos sean más o menos acertados, y a la otra parte de realista, que viene a representar el mal menor.

Para ponernos en situación la discusión versaba sobre economía. El tema en cuestión no es relevante para el desarrollo del artículo, lo importante saber es que a una de las partes que podríamos denominar keynesiana o cercana ideológicamente a la izquierda reformista se la etiqueta como realista y a la otra parte más cercana al marxismo se la etiqueta de idealista o utópica.

Definamos pues que es el idealismo. Intentemos definirlo a través de un ejemplo concreto, la concepción del Derecho en la actualidad.

Según las teorías actuales sobre Derecho, la convivencia, vivir el hombre entendido como ser humano, con el resto de hombres, vivir en sociedad, requiere un orden, sin el que no sería posible. La base del orden deviene de unas reglas fundamentales a las que debe atenerse tal convivencia. El conjunto de esas reglas constituye el Derecho natural. Derecho que es perceptible por la razón humana, que es congruente con la naturaleza del hombre, y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Los derechos naturales son universales e inalienables: no se pueden renunciar a ellos y nadie puede impedir que otra persona goce de estos derechos. Cuando este derecho está vigente, es decir, cuando rige en el determinado momento en el que se le contempla, hablamos de Derecho positivo. El Derecho positivo y el Derecho natural tienen concordancia, puesto que el Derecho positivo ha de inspirarse en el natural, no contradiciéndolo, sino desarrollando sus principios y reglas a tenor de las circunstancias y necesidades de cada momento y lugar. Sólo su armonía con el Derecho natural legitima al positivismo, y lo convierte en justo o injusto. Desde un punto de vista objetivo, se trata de un conjunto de normas que deben inspirarse en el Derecho natural.

Por lo tanto, hablamos de idealismo cuando los razonamientos se basan en una idea que transciende al ser humano (es trascendente) y que en este caso concreto viene representada por el Derecho natural, el ideal de lo justo. Sin embargo, existe otro razonamiento por el cual el Derecho no viene determinado de ningún ideal de lo justo que transciende al ser humano y es invariable en la historia del mismo, sino que este Derecho viene determinado por una ética determinada que ha logrado imponer la clase dominante en un cierto momento histórico gracias al control privado de los medios de producción. En este caso estamos haciendo un razonamiento materialista histórico. Como defensa de esta tesis, pensad, por ejemplo, que el ideal de lo justo en la edad media venía determinado por la ética o filosofía de la clase dominante en ese momento, la nobleza, que es muy diferente al ideal de lo justo actual, que viene determinado por la ética o filosofía de la burguesía, grandes empresarios y banqueros.

Si yo dijera que los bancos tienen derecho a cobrar lo que se les debe, todos podríamos pensar que ciertamente es justo que los bancos perciban aquello que han prestado con intereses, con intereses de demora si me apuráis. Ahora, si defender este ideal de justicia conlleva que haya personas que se queden sin casa y tengamos barrios enteros en las grandes ciudades con las casas vacías mientras, efectivamente, hay personas que necesitan un techo, desde mi punto de vista, debería prevalecer el derecho colectivo de los miembros de una sociedad a tener un techo donde formar una familia sobre el derecho de los bancos a cobrar las deudas contraídas. Por lo tanto, en este caso, no comparto un ideal de justicia trascendente y eterno, sino que considero que el sentido de justicia viene determinado por intereses relacionados con una clase social concreta. Podríamos decir que en el caso concreto del Derecho, soy calificable como materialista histórico y no idealista.

Volviendo a la economía, la izquierda reformista y la izquierda marxista en teoría comparten el análisis de los problemas y las consecuencias realmente injustas de las prácticas capitalistas. La diferencia fundamental es como afrontar esta problemática y que filosofía subyace en la manera de dar respuesta a las crecientes desigualdades económicas y acumulaciones de capital. Tomemos en consideración por ejemplo el artículo de Joseph E. Stiglitz “Para curar la economía” [1], economista que podríamos englobar dentro de la esfera de la izquierda reformista. El propio título del artículo da a entender (y el desarrollo del mismo) que la economía se trata de una idea eterna, trascendente a cualquier realidad histórica y no determinada por los intereses particulares de una clase social concreta ni por las relaciones sociales. Estamos ante una visión idealista de la economía, cuyo razonamiento nos dice que el modelo económico puede ser modificado con el ajuste estatal de ciertos mecanismos. Sin embargo cuando en nuestros razonamientos llegamos a la conclusión de que en realidad el modelo económico viene determinado por una ética concreta que viene impuesta por una clase social dominante y que determina las relaciones sociales existentes en un momento histórico concreto, estamos hablando de una visión materialista histórica de la economía. Siendo consecuente con este razonamiento, para cambiar el modelo económico no solo basta con tocar ciertos resortes del mismo, sino que es necesario un cambio de ética, un cambio de filosofía en las relaciones sociales para que este cambio sea realmente efectivo y acabe con la ética impuesta por la clase dominante.

Vamos a explicar con una analogía hasta que punto la izquierda reformista está cargada de idealismo. Según la izquierda reformista, y según la receta que nos da Joseph E. Stiglitz en su artículo, sería posible reformar el capitalismo de forma que se evite la especulación, la acumulación de capitales y las desigualdades sociales; y de esta manera podamos salir de este callejón sin salida llamado en primera instancia crisis financiera y ahora llamado crisis de la deuda. Pero esto es tanto como pedir que el capitalismo no sea capitalismo; la especulación y la acumulación de capitales en búsqueda del máximo beneficio propio está en la propia idiosincrasia, o si lo prefieren, en la propia genética del capitalismo. Imaginemos por ejemplo un cáncer, sabemos que es malo y llevará nuestro cuerpo al caos y a la muerte. La izquierda reformista vendría a decirnos que como la extirpación sería peligrosa y dolorosa, mejor vamos a intentar convencer al cáncer que no sea cáncer y que no siga creciendo, cuando todos sabemos que en la propia genética del cáncer está el crecimiento sin control. El materialismo histórico vendría a decirnos que el cáncer no puede ser otra cosa que un cáncer, por lo tanto debemos extirparlo por muy doloroso y peligroso que resulte, y para ello debemos cambiar, debemos entender que el cáncer no forma parte de nosotros sino que es una minoría que contamina los recursos de la mayoría.

¿Quién es el idealista entonces?, ¿el que afirma que el cáncer puede controlarse o el que no?, ¿quién es el realista?, ¿el que asume que el cáncer nos matará si no lo extirpamos o el que no?

Al marxista se le tacha de idealista pues defiende la tesis de que para cambiar el modelo económico es necesario cambiar nuestra forma de pensar, nuestra ética, un cambio moral a través de la conciencia colectiva y la pedagogía. Esto se ve como una utopía pero lo cierto es que no es la primera vez que estos cambios ocurren en la historia de la humanidad, es un razonamiento materialista histórico. Sin embargo, al que afirma que para cambiar el modelo económico basta con hacerse con el control del estado y realizar ciertos ajustes, tesis que ya ha fracasado en repetidas ocasiones, a este se le califica de realista.

Hablemos con propiedad, el idealista es materialista; y el realista, idealista o conformista, según el caso.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Para curar la economía, Joseph E. Stiglitz, Project Syndicate, 2011, http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz143/English. Traducción: Rebelion.org, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137103.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Socialdemocracia: una historia de traición y fracaso


"El liderazgo ha fallado. Incluso así, el liderazgo puede y debe ser regenerado desde las masas. Las masas son el elemento decisivo, ellas son el pilar sobre el que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta derrota en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y esto es por lo que la victoria futura surgirá de esta derrota.
'¡El orden reina en Berlín!' ¡Estúpidos secuaces! Vuestro 'orden' está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!"
El Orden reina en Berlín, Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín el 15 de enero de 1919, a manos de la milicia nacionalista enviada por el socialdemócrata alemán Friedrich Ebert en respuesta a un segundo levantamiento revolucionario en la Alemania de principios del siglo XX. Los que fueron sus compañeros en el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) mandaron asesinar a Rosa y otros en post del orden establecido. De esta manera se consumaba la segunda traición de la socialdemocracia a la causa obrera. La primera traición fue ideológica.

La ideología socialdemócrata nació de la mano del político alemán Eduard Bernstein, quién afirmaba que la transición a una sociedad socialista (en términos marxistas) se podría lograr a través de una lucha “prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición a posición” dentro del orden existente, provocando una evolución del capitalismo. Tal afirmación se basaba en la desaparición de las crisis generales del capitalismo (en su tiempo, posteriormente se ha demostrado lo contrario) y la mejora de la situación económica y política del proletariado como resultado de las luchas sindicales. Argumentaba también que la acumulación de capital no se había dado en los términos previstos por Marx y la sociedad entera habría logrado mejorar sus niveles de vida, lo que restaría razones para una insurrección proletaria.

Ya entonces Rosa Luxemburgo criticó estas posiciones en la obra Reforma o Revolución [1], porque aunque si que es cierto que en aquel tiempo la acumulación de capital y la globalización del capitalismo no se había dado en los términos que predijo Marx, era más una cuestión de los tiempos del capitalismo, y no tanto de su desarrollo. Es decir, las tesis marxistas no se equivocaban en sus predicciones en cuanto a las consecuencias últimas, sino que el desarrollo del capitalismo no había sido tan rápido como cabía esperar.

Poco después de la muerte de Rosa Luxemburgo, en los años veinte apareció en escena el economista inglés John Maynard Keynes, cuya influencia en las políticas económicas de la izquierda democrática es indiscutible y cuya aportación ayudó, o eso dicen los keynesianos, a la recuperación de la economía mundial después de la gran depresión del 29. La socialdemocracia abrazó (y habló en pasado debido a la deriva liberal de la socialdemocracia en la actualidad) las directrices fundamentales sobre el control del paro y el IPC expuestas en la Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero [2]. Muy básicamente, ya que no es propósito de este artículo hacer un análisis de la teoría económica de Keynes, para Keynes el estado, como protector supremo del bien público, tiene el deber de regular las fuerzas del mercado, a través de un mecanismo de gasto público en tiempos de crisis para compensar la caída del consumo privado y evitar la recesión y el desempleo. Dicho déficit generado por el sobregasto sería corregido en el próximo ciclo de auge económico disminuyendo su oferta y frenando así periodos excesivamente alcistas. De ahí la reticencia de la poca representación parlamentaria de la izquierda democrática a la reforma de la constitución en post del control del déficit y del equilibrio presupuestario del Estado.

La socialdemocracia, o lo que queda de ella, anunciaba pues, una salida de la crisis a través de una reedición del New Deal. Lo que no les gusta oír a los profetas de este New Deal, es que aunque es cierto que las medidas keynesianas pudieron favorecer recuperaciones pasajeras después de la crisis del 29, tras una breve mejoría en 1934-1935, la economía tuvo una recaída brutal en 1937-1938. Solamente una guerra mundial propició las condiciones necesarias para un crecimiento duradero de los “treinta gloriosos”. Es más, para asegurar la eficacia de sus recomendaciones, Keynes consideraba “que aumentar la autosuficiencia nacional y el aislamiento económico facilitaría la tarea”. La desregulación de los mercados y la globalización ha ido totalmente en sentido contrario, de forma que hoy los Estados son muchos más débiles que en 1929.

La socialdemocracia actualmente, no solamente ha renunciado a sus orígenes marxistas, sino también ha renunciado a las teorías económicas keynesianas que abrazaron en el siglo pasado. En palabras de Daniel Bensaïd:

Las fuerzas políticas, como la socialdemocracia, que han pretendido, desde la Segunda Guerra Mundial, cultivarlo y embellecerlo [el capitalismo] parecen, ellas también, agotadas. Lo que antaño escribía Keynes a propósito del liberalismo histórico se aplica hoy, palabra por palabra, a estos socialistas de mercado: «Los objetivos políticos que movilizaban a los partidos en el siglo XIX [sustitúyase por ”siglo XX”] están tan muertos como el cordero servido la semana pasada, mientras surgen las preguntas sobre el futuro, éstas no encuentran hueco en los programas de los partidos […]. Las razones positivas de ser liberal [sustitúyase por “socialdemócrata”] son bastante débiles hoy. A menudo es sólo el azar de los temperamentos o de los recuerdos históricos, y no una divergencia política o un ideal, lo que separa hoy a un joven conservador progresista del liberal [del socialista] medio. Los viejos gritos de guerra han sido puestos en sordina o reducidos al silencio».

Llegados a hoy, podemos decir que la socialdemocracia no sólo ha traicionado sus orígenes marxistas y sus convicciones keynesianas, no, podemos decir que la socialdemocracia ha fracasado en su tarea histórica de reformar el capitalismo. Keynes estimaba, en 1928, que “el problema económico podría estar resuelto o en vías de solución de aquí a cien años”, y sin embargo el capitalismo como sistema económico globalizado, mantiene en la actualidad en la más absoluta pobreza (menos de un dólar por día y persona) a un tercio de la población mundial, y en los países desarrollados estamos asistiendo a la destrucción de las clases medias, donde un cuarto de la población también vive en la más absoluta pobreza.

El capitalismo no se puede reformar porque en su base filosófica se encuentran falacias como que el interés personal y egoísta de cada una de las individuales que conforman un sociedad propician una especie de equilibrio mágico entre estos intereses, afirmación que en la práctica no se verifica, sino que se tiende a los monopolios y a la acumulación de capital por una minoría. Encontramos leyes como la ley de la oferta y la demanda, que ni es ley, ni se cumple o si la consideremos ley podría ser la recordlaw más violada de la historia. O perlas como que siempre habrán necesidades humanas que satisfacer, de David Ricardo. En resumen, el capitalismo se basa en el crecimiento como motor de la economía y el progreso ilimitado en un entorno, el planeta, con recursos finitos. El calentamiento global nos evidencia lo erróneo de este planteamiento. El capitalismo no se puede reformar, y la experiencia de estos casi cien años desde la muerte de Rosa Luxemburgo nos lo demuestran.

Imaginad por un momento que os he convencido, imaginad que os he embaucado y habéis interiorizado que el capitalismo no es reformable. La pregunta lógica a continuación es, “perfecto, ¿y con qué lo sustituimos?”. La respuesta no es sencilla, creo sinceramente que nadie tiene respuesta a esta pregunta, es más, desconfiaría de aquellos que dicen tenerla.

La solución no existe como tal por dos razones, si existiera una solución por la cual se pudiera crear o construir un sistema económico mundial más justo por medio de la reforma ya estaríamos en vías de construcción, y sin embargo nos estamos alejando de este objetivo pese a los intentos históricos de la socialdemocracia. En segundo lugar, no existe dicha solución porque no se trata del sistema económico, en realidad el problema es la filosofía subyacente, la ética de la clase dominante. Debemos cambiar, romper con nuestras convicciones, traspasar los límites de la filosofía actual para imaginar una nueva concepción del ser humano radicalmente humanista, radicalmente democrática, radicalmente solidaria; alejada de la ética individualista, egoísta y mísera actual. Solamente así, podremos construir entre todos, un mundo más justo.

Sin embargo, debido a la deriva liberal de la socialdemocracia, la izquierda más radical se siente tentada a ocupar ese espacio con planteamientos keynesianos. Reforma o Revolución es de nuevo el planteamiento. Yo mismo me he visto explicando por qué no debería aprobarse la reforma de la constitución española, cuando en realidad, que más da, si con o sin reforma, con o sin keynasismo, el mundo sufre las consecuencias de un sistema económico injusto e inhumano. No, debemos recuperar los partidos y sindicatos de clase, con una clara convicción revolucionaria, con la certeza de que solamente a través de la lucha y de una oposición frontal a cualquier forma de capitalismo podremos hacer crecer una nueva filosofía entre una mayoría del proletariado.

Casi cien años después, !Yo fui, yo soy, y yo seré!

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Reforma o Revolución, Rosa Luxemburgo, Fundación Federico Engels, 2002, http://www.fundacionfedericoengels.org/images/stories/PDF/06_Rosalux_reforma_revolucion_23.pdf

[2] Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, John Maynard Keynes, Marxists.org, 2002, http://www.marxists.org/reference/subject/economics/keynes/general-theory/index.htm

[3] Y después de Keynes, ¿qué?, Marx y las crisis, Daniel Bensaïd, 2010, Diario Público, p. 34.

sábado, 23 de abril de 2011

Las drogas y el caos

No hace mucho leía Fukushima: la pulsión de muerte como fuente de energía [1] de John Brown en su blog. La lectura de dicho artículo me trajo a la cabeza la idea de entropía, concepto sobre el que había oído hablar de boca de un profesor en mis estudios universitarios en relación con su implicación en la producción de energía y el desorden que provoca en el medio ambiente. Dicho concepto siempre me ha apasionado, no solo como segundo principio de la termodinámica, sino por su validez como concepto filosófico, como principio aplicable a otros ámbitos que no tienen nada que ver en principio con la termodinámica.

En el caso concreto de la energía, este profesor venía a decir que toda producción de energía genera un desorden (o caos) en el sistema. De esta manera, la quema de residuos fósiles (carbón, petróleo, …) está provocando lo que actualmente conocemos como el calentamiento global, la energía nuclear genera residuos contaminantes (caóticos) y además desastres que generan un terrible desorden en las zonas donde se producen. Sin embargo, existen otros tipos de producción de energía menos caóticos. Este profesor opinaba que la naturaleza había ya resuelto el problema energético con una producción de energía poco caótica y en aparente equilibrio, las plantas y la fotosíntesis, y que nuestras miradas e investigaciones deberían ir encaminadas a descubrir los misterios de la fotosíntesis. Sin embargo, seguimos insistiendo en controlar la producción de energía de las estrellas, los procesos nucleares, caóticos donde los haya, al menos para la vida natural.

En el artículo que he citado al principio creo intuir también que este concepto de entropía afecta al capitalismo y a los sistemas económicos y de producción. Si el sistema económico con el paso de tiempo se desordena, entonces el capitalismo es un sistema económico terriblemente caótico pues tiende muy rápidamente al desorden y al caos. Las consecuencias de este desorden que provoca el capitalismo en las relaciones humanas están a la vista: hambre, guerras, miseria, calentamiento global, deforestación, … Como dice el artículo citado, debemos pues encontrar un sistema económico global menos caótico y equilibrado, porque de otra manera el capitalismo nos arrastrará a todos al desorden y al caos que contienen en si mismo.

Este concepto de entropía afecta también a los sistemas biológicos, a la vida natural. ¿Por qué morimos?, pues muy sencillo, porque con el paso del tiempo nuestro sistema biológico se desordena a causa de la producción de energía de las células. Básicamente las células usan el oxígeno para quemar azúcares y producir así energía. En este proceso las células se oxidan, se desordenan, se deterioran, envejecen. Al final morimos. Este proceso de desorden de nuestro cuerpo como sistema biológico no actúa siempre de la misma manera en todos los seres humanos, sino que depende de nuestro estilo de vida, nuestra dieta, nuestros hábitos, …

Siguiendo esta línea de argumentación, las drogas no son sino elementos que generan dentro del cuerpo desorden y caos. Obviamente no todas las drogas son igual de caóticas, existen unas más caóticas que otras pero todas, absolutamente todas, generan desorden. Los efectos inmediatos de este desorden pueden ser los efectos psicotrópicos de las mismas, que quizás sean los efectos que el consumidor esté buscando, pero no son los únicos. Las drogas aumentan los ritmos del cuerpo, hace que el cuerpo trabaje más y más, provocando como he mencionado anteriormente más desorden con este trabajo y a la larga enfermedades; alzheimer y parkinson a edades tempranas, problemas psicológicos, enfermedades de riñón e hígado, cáncer, … No os engañéis, la entropía no falla, si jugáis a acelerar los ritmos de vuestros cuerpos moriréis más jóvenes, de una cosa o de otra.

El acto de la ingesta de drogas es esencialmente egoísta, se busca el placer inmediato e individual sin importar en absoluto como esto afecta a la relación que se tiene con las personas queridas. Las drogas es el placer inmediato, sin esfuerzo, individual, pasajero, medido, empaquetado y convertido en mercancía.

Todos aquellos que habéis sucumbido a este placer que lleva terriblemente al caos y al desorden, que habéis decidido que vuestra forma de vida es esta y no pensáis cambiarla, que rechazáis la ayuda de vuestros seres queridos, os pediría que os radicalicéis, que practiquéis el egoísmo en su máxima expresión, no cultivad ningún tipo de sentimiento en los demás que tenga que ver con la amistad o el amor, porque el caos que generáis dentro de vuestro cuerpo no solo os afecta a vosotros, sino a todas esas personas que os quieren, a los cuales les vais dejando un inmenso vacío y mucho dolor y sufrimiento.

Por otra parte el consumo de drogas es una consecuencia más del culto al individualismo, del piensa en ti mismo y en tu bienestar. Es una consecuencia y una contradicción más de la ética del ser individual imperante en estos tiempos, del sistema social y por ende del sistema económico capitalista, que todo lo convierte en mercancía, que todo se puede comprar y vender, incluido el placer humano.

El capitalismo y todo el caos que genera en nuestras vidas con su ética de ser individual, con su moral de todo se compra y todo se vende, y su obsesión por el crecimiento cancerígeno por encima de las necesidades humanas, no provoca otra cosa en mí que asco, repulsa y actualmente incluso odio.

Tengo un compromiso vital, no descansaré hasta que el último ser humano de este planeta entienda que la solución a los problemas humanos, nuestra felicidad y nuestro destino no pasa, como nos quieren hacer creer y como pregona el capitalismo, por una mirada hacia nuestro interior, hacia nuestro interés y bienestar individual; sino por una mirada al reflejo que proyectamos en los demás, una mirada al interés y al bienestar colectivo.

Pedro Luis López Sánchez

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[1] John Brown, Fukushima: la pulsión de muerte como fuente de energía, http://iohannesmaurus.blogspot.com/2011/04/fukushima-la-pulsion-de-muerte-como.html