"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

martes, 27 de marzo de 2012

Me sobran los motivos

"Para salir de la crisis los trabajadores cobrarán menos y no tendrán derecho a huelga ni sindicatos"
Adolf Hitler, 1933

Este blog para mí siempre ha sido un bloc, un cuaderno de notas, un lugar donde desarrollar las ideas que pululan por mi cabeza, quizás puestas ahí por un afán de comprender lo que está ocurriendo en nuestro tiempo a través de la lectura. Pero hoy no puedo sino hacer una excepción, de que por una vez en el tiempo que llevo escribiendo este humilde blog, éste se convierta más en un diario que en un bloc . Estoy convencido de que no podremos superar esta época que nos ha tocado vivir sin la sensibilidad de comprender aquello cuanto acaece en nuestro plano personal, a nuestro alrededor.

Soy un privilegiado. Siempre he tenido trabajo, nunca me ha faltado, se me da bien lo que hago. A mis treinta años, algunos más, ya tengo un trabajo estable que me permite mantenerme, mantener a mi pareja, una casa, coche y gastos derivados. Digamos que puedo mantener mi pequeña familia, incluso podría mantener alguna personita más si nos apretamos un poco. Evitamos salir mucho para no gastar, rezamos para que no venga ningún imprevisto que no podamos afrontar, estamos deseando terminar de pagar el coche para ahorrar y comprar un lavavajillas y un microondas que ha dejado de girar, trabajo a ochenta kilómetros de casa, pero oye, mira, no me puedo quejar, tal y como están las cosas, como os decía, me puedo considerar un privilegiado.


Mi novia es una luchadora, ella no lo sabe, pero lo es. Es una superviviente nata, aunque a veces las circunstancias la sobrepasen. Es licenciada pero nunca ha tenido un trabajo muy estable. Yo la conocí cuando era camarera hace ya tres años más o menos, sí, me la llevé yo, soy un privilegiado con buena estrella. Se dejó el bar para prepararse unas oposiciones, está en bolsa. Ha trabajado unos meses en una cocina y ahora últimamente algunos días en comedores escolares, lleva dos años así. Se siente fatal. Los apuros y las preocupaciones económicas se juntan a que ella piensa que no sirve para nada, que no aporta, que no es útil y que es exclusivamente culpa suya, de decisiones que tomó en el pasado y que ahora se rebelan como castigo para expiar sus pecados. Eso ocupa la mayor parte de sus preocupaciones y pensamientos, a veces llora. Y yo, que como privilegiado no me puedo quejar, la intento animar, le digo que a pesar de todo podemos mantenernos y que no es culpa suya, que tiene que luchar como lo hacen muchos. De poco sirve.

En mi época universitaria trabajaba, sobre todo para costearme viajes. Los veranos trabajaba con mi cuñado, mayor que yo. Él era autónomo. En aquella época y hasta que tuvo que dejar de trabajar siempre lo vi como una persona fuerte de espíritu. Cuando se quedó parado, pues ya no le daba ni para el autónomo, se derrumbó. Con el trabajo de mi hermana, a media jornada, y algo que tenían ahorrado se han podido mantener ellos y sus dos hijos. No perdió solo el trabajo, perdió el espíritu. La cara, el reflejo del alma, lo decía todo el tiempo que estuvo así. No poder mantener a la familia, esas personitas despreocupadas y alegres que dependen de ti, es muy duro. La ansiedad, no saber que vas a hacer en el futuro, es más, no saber si tienes futuro; demasiado. Todo se deteriora, la pareja, el trato con los hijos, con la familia. Hace poco consiguió un trabajo eventual, le pagan poco, sale de casa a las ocho de la mañana y llega a las siete y media de la tarde, con media hora para comer, o no, pero bueno, mejor agarrado a una rama de pinchos que no en caída libre hacia el abismo de la depresión. Le ha vuelto a cambiar la cara, pero esta vez para mejor.


Mi madre, hablando de todo esto, dice que ha dejado de ver los noticiarios de la televisión, sufre. Cuando ella era joven, me comentó, no había muchas cosas, había miseria, sí, pero si no trabajabas en un sitio pues trabajabas en otro y salías hacia delante, poco a poco, mejorando. Esta sensación de perder el trabajo y de irte a la calle con tu familia sin saber donde ir, de perderlo todo, de que esto le pueda pasar a sus hijos, tan cerca, es una sensación que ella nunca ha vivido, es una sensación nueva e insoportable. Así es que mejor no verlo, la técnica del avestruz. Pero no es ella la que tiene que luchar, bastante han luchado ya nuestros padres para dejarnos en herencia unos avances sociales fruto de su esfuerzo y su trabajo. Nos toca ahora a nosotros ganarnos esa herencia y mejorarla, para los próximos.

Yo, como mi madre, sufro con las desgracias propias y las desgracias ajenas. La multiplicación de las preocupaciones y del sufrimiento en mi pequeño entorno familiar por los 5.000.000 de parados se me hace ya infumable; pero lo insoportable, lo aberrante, lo insufrible son el 1.500.000 de familias sin ningún tipo de recurso económico.

¿Y como se justifica todo este dolor? Por la crisis, pero la crisis no es un hecho ajeno al ser humano ante el cuál solamente cabe la resignación, la crisis es la consecuencia del mal funcionamiento (para la mayoría) de un sistema económico injusto creado por el ser humano; y la excusa, con la ayuda del miedo, para imponer sacrificios y justificar barbaridades.


Volviendo a la cita que abre el artículo, seguro que muchos de vosotros os habréis preguntado en alguna ocasión como es posible que los alemanes permitieran el ascenso al poder de Hitler, como es posible que los alemanes miraran hacia otro lado cuando el holocausto ocurría en frente de sus narices. Bueno, preguntémonos nosotros como es posible que seamos cómplices con nuestro silencio de los casi 5.000.000 de parados, del millón y medio de familias sin ningún tipo de recurso, de los 300 desahucios diarios, de las redadas policiales contra extranjeros, de la encarcelación y alguna muerte de extranjeros en los CIE's (Centro de Internamiento de Extranjeros) por el simple hecho de ser extranjeros, del repago sanitario, de la reducción efectiva de los salarios tanto públicos como privados, de la continúa degradación de los derechos laborales, de una última reforma laboral que nos retrotrae al siglo XIX y de lo que vendrá.

No somos ni mejores que los alemanes de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Al igual que ellos tenemos miedo y la justificación para los sacrificios y ciertas barbaridades siempre fue la misma, la crisis.

Llamadme exagerado si queréis, no seré yo el que mantenga un silencio cómplice.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

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