"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

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lunes, 21 de marzo de 2011

Por qué la izquierda mundial debería apoyar actualmente la intervención militar en Libia

Entiendo que el título no invita a la lectura del artículo. Las palabras “intervención militar” e “izquierda” no casan demasiado bien y chirrían en el oído de cualquier persona que se considere de izquierdas, realmente de izquierdas. Aún así les invito a que lean mis razonamientos y luego si lo desean juzguen según sus principios y convicciones. La historia de la humanidad se está acelerando y requiere que empecemos a revisar todas las posiciones y dogmas que durante todos estos años de aparente reposo histórico hemos adquirido y asimilado. La intención de este artículo es la reivindicación de un razonamiento marxista y revolucionario propio ante los acontecimientos que están ocurriendo en el Norte de África y Oriente Medio, liberado de los clichés antiimperialistas.

Antes de entrar en el fondo de la cuestión vale aclarar las premisas de las que parte mi razonamiento. En primer lugar espero que llegados a este punto del conflicto en Libia todos hayamos desechado ya la teoría del complot. No quiero entrar en detalle sobre esta cuestión pues mucho se ha hablado ya, mucho se ha escrito y algo he escrito yo también [1]. Solo quería aportar un detalle a esta cuestión, Gadafi en ningún momento acusa a occidente de un complot, es más, Gadafi acusa a los rebeldes de “drogados” y ser miembros de “Al Qaeda” en un intento de ganarse el apoyo de occidente. Gadafi sabe que es una rebelión interna, porque podía haber acusado a occidente de intervencionismo para ganarse el apoyo de su pueblo, pero no, prefirió arremeter contra los rebeldes para ganarse el apoyo de occidente.

En segundo lugar parto del hecho de que lo que se está produciendo en Libia es una revolución democrática. Como revolución democrática qué es, esperar ver banderas rojas es impensable, pues hubieran provocado desunión en las muchas voluntades contrapuestas que existen ahora mismo en la oposición, sin embargo han elegido espontáneamente un símbolo de unión que sirva a la heterogeneidad, la bandera de la independencia Libia (que también monárquica). En mi opinión, su uso se debe más bien a un símbolo de rechazo de la bandera verde más que un símbolo de añoranza de la monarquía. No hay una dirección clara en la oposición, es mas un conglomerado de intereses, organizaciones y activistas con un programa común, la caída de la dictadura de Gadafi y el anhelo de la democracia y los derechos humanos. Seguramente dentro de la oposición se encuentren elementos que intentarán, después de caído Gadafi si cae, aprovecharse para convertirse en los nuevos negociadores del petróleo libio con occidente, no lo niego; pero es probable también que el pueblo libio una vez caído Gadafi no permita cualquier otro sistema que no sea una democracia real, como por otra parte está ocurriendo ahora mismo en Túnez y Egipto.

En tercer lugar, Gadafi no es garantía de nada que se parezca a una democracia ni mucho menos a una democracia del proletariado o socialismo. Gadafi no es más ni menos qué Ben Alí y Mubarak, es exactamente lo mismo, un tirano enriquecido a costa de las riquezas del territorio que controla. Afirmar que el sistema político de Gadafi se puede reformar es entrar en el terreno de la ilusión y de la magia, Gadafi solo busca su bienestar y el de su familia y no el del pueblo Libio, prefiere llevar a su pueblo a la guerra civil antes que renunciar. Cierto es que los libios seguramente tienen unas condiciones de vida mejor que las de sus vecinos, pero no se trata solamente de condiciones de vida, se trata de democracia, libertad, justicia y de dignidad. Pues mientras el pueblo libio se reparte las migajas del beneficio del petróleo que le pertenece en cuanto derecho colectivo, una individualidad y su familia se queda la mayoría del beneficio para sí; exactamente como Ben Alí y Mubarak. Porque si razonamos de esta manera, es decir, que las buenas condiciones de vida respecto a nuestros vecinos nos vacunan de cualquier rebelión, es tanto como decir que en Europa nunca podremos rebelarnos, pues en comparación al resto del mundo no vivimos tan mal. Pero aún así nos rebelamos o lo intentamos, pues no solo se trata de condiciones de vida, sino de un sistema que nos oprime y nos anula, aunque en comparación con el vecino no estemos tan mal.

Dicho esto, no podemos sino apoyar a los rebeldes aún con todas las dudas que nos puedan generar su composición. Gadafi significa no cambio, parar la historia de Libia otros tantísimos años. Los rebeldes significan una oportunidad de democracia burguesa, y a partir de esta el nacimiento de una organización proletaria en post de un revolución socialista. Mucho se ha hablado sobre este punto en la historia del pensamiento socialista y marxista, y todas las corrientes coinciden en la necesidad de la democracia burguesa, pues es donde el proletariado adquiere su conciencia de clase. Y lo vemos en Libia, Gadafi se encargó de eliminar cualquier tipo de oposición, burguesa, socialista, de todo tipo. No cabe esperar entonces que del régimen de Gadafi nazca una fuerza socialista, pues no se dan las condiciones necesarias para ello, pero sí una fuerza heterogénea que reclame democracia, como está ocurriendo. Todavía estoy deseando leer un análisis marxista sobre la situación de Libia actual que me haga ver que tienen que hacer los rebeldes o como debe ser esta rebelión para que la izquierda europea y latinoamericana los apoye sin reservas.

Desde este apoyo sin reservas a los rebeldes, debemos observar entonces sus reivindicaciones, las cuáles se pueden resumir en exigencia de democracia para Libia, petición de ayuda internacional que se concreta en armas y una zona de exclusión aérea y la no intervención extranjera terrestre en Libia. Los rebeldes han expresado claramente que son ellos los que tienen que derrocar a Gadafi y no quieren soldados extranjeros en Libia o se volverán contra ellos. La resolución 1973 adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas va incidir efectivamente en la necesidad de una zona de exclusión aérea, protección de los civiles y zonas habitadas por civiles; e impide explícitamente la intervención terrestre ocupando el territorio. Entiendo después de analizar dicha resolución en profundidad que no se impide el uso de la misma para fines imperialistas, no lo niego. Tampoco dudo de que dicha resolución se intentará usar para fines imperialistas y el control del petróleo libio, no lo niego. Es más, según el sentido del voto de cada una de las potencias en el Consejo de Seguridad podemos adivinar o entrever cuáles voluntades ha comprado Gadafi y cuáles voluntades han comprado los rebeldes. Pero aún así, a nivel internacional no hay otra alternativa si apoyamos a los rebeldes sin reservas, pues ellos lo han pedido aún con el riesgo probable de una invasión imperialista terrestre en Libia, que de momento no se ha producido.

La posición de la izquierda española ha sido la del “no a la guerra”. Entiendo la posición en la teoría pero no en la práctica. Intentaré explicar este extremo haciendo uso de las declaraciones del eurodiputado Willy Meyer [2]. A través del artículo citado encuentro que Meyer insiste en que "la solución a este conflicto que se ha convertido en una guerra civil es la presión político-diplomática para emplazar a las partes a un alto al fuego verificable con presencia de observadores internacionales y a que se establezca un calendario para unas elecciones que permitan al pueblo libio el ejercicio de su autodeterminación. No se puede tolerar ninguna injerencia militar". En la teoría a mí, y creo que a cualquiera que esté leyendo estas líneas, nos gustaría que todos los conflictos se solucionaran dialogando, pero en la práctica no siempre puede ser así. Gadafi antes de la intervención imperialista afirmó que iba a tomar Bengazi a fuego y sangre y que iba a ir casa por casa represaliando a los rebeldes. Si los aliados no hubieran intervenido seguramente Gadafi habría cumplido sus amenazas y entonces ya no habría dialogo posible, pues una de las partes simplemente ya no existiría, estarían muertos o desaparecidos. En la práctica la posición del dialogo y de no intervención significa el exterminio de los rebeldes, nos gustaría que fuera de otra forma pero terriblemente es así. Gadafi posee la potencia militar y por ello estaba ganando la guerra, y desde su régimen en ningún momento se propuso un alto el fuego antes de la intervención militar imperialista. Gadafi no quería dialogar, quería tiempo para aplastar la rebelión. Solamente después de la intervención imperialista se habla de alto el fuego, pues las fuerzas militares se han equilibrado, o se han decantado hacia la parte rebelde. En la teoría la situación ideal hubiera sido una salida de Gadafi con las menos pérdidas de vidas humanas posibles, como ha ocurrido en Túnez y Egipto, pero en la práctica no ha sido así. Debemos asumir que las revoluciones son violentas, no porque las personas que se alzan sean unos asesinos sin piedad ávidos de sangre y venganza, sino más bien porque quién ostenta el poder o se beneficia de él no quiere dejar su posición sin luchar, aunque en Libia se ha llevado esta lucha hasta extremos de guerra civil. La diferencia en Libia no la marca el imperialismo, sino la actitud de un Gadafi que no va a dejar el poder a no ser que lo echen por la fuerza, como ya ha demostrado.

En este caso, los imperialistas no han empezado una guerra. Como reconoce el propio Meyer ya existía una guerra civil en curso, y de las afirmaciones de Gadafi deducimos que su intención era aplastar a los rebeldes sin contemplación. Estoy de acuerdo con la intervención militar no porque piense que la comunidad internacional deba echar a Gadafi a bombazo limpio, esto debe ser tarea del propio pueblo libio, sino porque lo contrario hubiera significado el extermino de las fuerzas rebeldes y el mensaje al resto de pueblos árabes que se están alzando en sus respectivos países que el uso de la fuerza militar para reprimir las rebeliones será permitida por la comunidad internacional. ¿Cómo defenderemos en un futuro próximo que la comunidad internacional haga algo ante las represiones en Bahrein y Yemen si no apoyamos ahora que se haga algo ante el más que posible exterminio y la más que posible represión en Libia?

Estoy de acuerdo con la intervención militar en los términos actuales porque los propios rebeldes, que considero la fuerza en estos momentos revolucionaria en Libia, lo desean así y la necesitan. Yo no se quién para decir a los rebeldes como deben llevar su rebelión, ni yo no soy quién para decir a los rebeldes que en la práctica se deben dejar aplastar porque la izquierda mundial no tiene fuerzas para ayudarlos y la izquierda mundial no va a permitir que los ayude el imperialismo, que tiene intereses petrolíferos en la zona. Cuando los imperialistas entren en Libia o intenten realizar operaciones militares en contra del criterio de los rebeldes, entonces estaré en contra. Mi apoyo estará siempre sin reservas con los rebeldes hasta que caiga Gadafi. Cuando caiga entonces deberemos observar, analizar y volver a decidir.

La práctica y la realidad una vez más nos hacen tener que replantearnos nuestras convicciones teóricas.

Pedro Luis López Sánchez
La Estrategia Global - http://laestrategiaglobal.blogspot.com/

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[1] Pedro Luis López Sánchez, La rebelión árabe y la revolución permanente, http://laestrategiaglobal.blogspot.com/2011/02/la-rebelion-arabe-y-la-revolucion.html

domingo, 6 de marzo de 2011

La miseria del antiimperialismo (al menos el uso actual del término)

La rebelión Libia nos está obligando a posicionarnos, y por lo tanto, algunas máscaras empiezan a caerse para desvelar realmente cuales son los planteamientos ideológicos de unos y otros. Ya no valen titubeos, posiciones equidistantes y silencios. Libia obliga a estar o no estar.

Me llama profundamente la atención como se está usando el término antiimperialismo como única defensa de posiciones pro Gadafi, o al menos, condescendientes con Gadafi y no claramente a favor de la rebelión Libia. Comprobado que en el centro y fondo de la discusión actual se encuentra lo que entendemos por antiimperialismo, cabe entonces preguntarse qué es eso del antiimperialismo y preguntarnos cuál es el uso actual del término.

Yendo al origen de la idea desde un punto de vista marxista, es necesario citar a Lenin.

“(...) Pero las definiciones excesivamente breves, si bien son cómodas, pues resumen lo principal, son, no obstante, insuficientes, ya que es necesario deducir de ellas especialmente rasgos muy esenciales del fenómeno que hay que definir. Por eso, sin olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno en su desarrollo completo, conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales siguientes, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este "capital financiero", de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes. (...)” [1]

Entiendo que todos podemos reconocer en la cita de Lenin la situación actual. La globalización o el desarrollo global del capitalismo ha traído consigo términos como la dictadura de los mercados y el aumento del poder de organizaciones supranacionales capitalistas como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC), agencias de calificación, multinacionales, etcétera. En todas estas organizaciones supranacionales no legitimadas por la ciudadanía reconocemos los puntos del 1 al 4 de la cita de Lenin, que podemos resumir en el control de las políticas nacionales a través de las presiones financieras y de los mercados. Cabe pararse a analizar el punto número 5, el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. Distingo dos concepciones diferentes del control del territorio por parte de las potencias capitalistas.
  • La concepción del imperialismo británico. El imperialismo británico comprendido entre los siglos XVI al XX se basaba en el control militar del territorio. A través de la acción militar se controlaba la vida pública, política y comercial de los territorios ocupados en beneficio de la metrópoli.
  • La concepción del imperialismo estadounidense. El imperialismo estadounidense es más sutil aunque actualmente, con la crisis financiera, es más visible. Es el control comercial de los territorios con la continúa amenaza de la fuerza. Este control comercial se hace de varias maneras o una combinación de ellas, a saber, a través de presiones de organismos supranacionales como el FMI o la OMC, implantación de multinacionales en el territorio, control político de las dictaduras o democracias a través de la corrupción, golpes de estado. Detrás de este control comercial siempre está presente la amenaza del uso de la fuerza, de la capacidad armamentística, por parte de las potencias capitalistas más importantes. Hay que destacar que la forma más habitual que usa el imperialismo estadounidense para controlar un territorio del cual ha perdido el control es el golpe de estado usando fuerzas militares internas del país en cuestión, casos Venezuela 2002 y Honduras 2009.
Aunque he usado dos países concretos para definir las diferentes concepciones que encuentro en el control de los territorios, esto no excluye que EE.UU use en ocasiones la forma imperialismo británico, casos de Vietnam, Afganistán e Irak entre otros.

Volvamos a Libia. Bajo el prisma imperialismo/antiimperialismo que se deriva de este análisis y más allá de otros análisis de la situación económica y social de Libia, se pueden distinguir dos constataciones:
  • En Libia existe una rebelión popular, no es un golpe de estado militar al uso.
  • Libia ya era un territorio controlado por el imperialismo, las multinacionales del petróleo ya se encontraban en territorio Libio y el FMI aplaudía las políticas económicas libias [2].
Llegamos a la conclusión pues, de que realmente estamos ante una rebelión en contra del régimen Libio y su deriva pro imperialista y pro capitalista por razones en su mayoría globales más allá del propio contexto libio. Es una rebelión árabe en contra del imperialismo dominante en la región, incluido el territorio de Libia. Y sin embargo la izquierda europea y latinoamericana duda en que posición adoptar, pues el significado del término antiimperialismo ha sido secuestrado para definir solamente posturas anti-estadounidenses, y EE.UU se ha posicionado en contra de Gadafi. Esta concepción del antiimperialismo, esta concepción que no conlleva más análisis que colocarse en frente de la política adoptada de EE.UU, es la que califico de mísera y pobre.

De las recientes palabras de Fidel Castro, deduzco que reconoce en cierta manera que la rebelión en Libia no ha sido provocada por el imperialismo estadounidense, aunque obviamente el imperialismo intenta sacar partido de la situación actual.

"(…) El imperialismo y la OTAN seriamente preocupados por la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe, donde se genera gran parte del petróleo que sostiene la economía de consumo de los países desarrollados y ricos no podían dejar de aprovechar el conflicto interno surgido en Libia para promover la intervención militar. (…)" [3]

Aún así, es un claro ejemplo de concepción del antiimperialismo simplemente como la postura contraria a la política adoptada por EE.UU; cuando la postura antiimperialista, en mi opinión, debería ser la de apoyo y sustento a los que luchan en contra de un régimen pro imperialista y pro capitalista por muchos avances sociales que en teoría haya realizado en el país y por muchas incertidumbres que tengamos sobre el resultado final de esta lucha o del carácter de la rebelión.

Por otra parte, el presidente venezolano Hugo Chavez promueve una mediación internacional, promueve en otras palabras una salida airosa de Gadafi, un no-cambio, un frenazo a la rebelión. Si entendemos la revolución como un proceso de cambio, incluso si entendemos el comunismo como “el “movimiento real”, al decir del propio Marx, que refuta y supera el estado de cosas actual” [4]; proponer un no-movimiento, un no-cambio, es equivalente a hacer una propuesta contrarrevolucionaria. Y si cabe alguna duda de la alineación de Chavez con Gadafi, el propio Gadafi en estas últimas horas está solicitando la entrada de una delegación de la ONU en la zona [5], en contra de lo declarado por los rebeldes que no desean ningún tipo de intervención extranjera en Libia.

Si hacemos un poco de memoria, la declaración del carácter socialista de la revolución cubana se fecha el 16 de abril de 1961, algo más de dos años después del triunfo de la revolución y cuatro años después del inicio de la misma. ¿Alguien se imagina a algún sector de la izquierda de aquel entonces proponer en ese periodo de cuatro años una mediación internacional al conflicto cubano?

La concepción actual del antiimperialismo nos lleva a centrar el análisis sobre el peligro de la intervención de la OTAN en Libia, evitando así (intencionadamente o no) cualquier análisis sobre el carácter de la rebelión Libia en concreto, y de la rebelión árabe en general. Estamos tan obsesionados con EE.UU que aún no hemos analizado el papel de contrapoder que está ejerciendo China en este asunto. Del imperialismo burocrático chino, si se me permite la expresión.

Sin embargo, y en contraposición a la actitud conservadora y equidistante de los líderes socialistas latinoamericanos y europeos (por ejemplo del Partido Comunista de España [6]); encontramos apoyos a la rebelión libia de parte del Partido Socialista de los Trabajadores de Argelia [7], partido tunecino de Izquierda Renovación [8] y Partido Comunista de Egipto [9]; por citar algunos. También el Secretariado Unificado de la IV Internacional se posiciona al lado de los rebeldes libios [10].

El uso del término antiimperialismo en la actualidad, en cuanto posición contraria a la de EE.UU, nos lleva a la conclusión de que la OTAN no debe entrar pues derrocaría a Gadafi para poner un dictador o una democracia controlada. Pero un análisis más profundo debería llevarnos a la conclusión de que la entrada de la OTAN es peligrosa porque desarmaría al pueblo armado que se ha levantado contra su tirano. Y la diferencia no es banal, pues mientras en el primer caso nos lleva a posicionarnos junto a Gadafi, en el segundo caso nos estamos posicionando junto a los que se han alzado en armas. ¿Y qué es la revolución sino el pueblo armado que se alza en contra del poder establecido?

En la actualidad, la causa antiimperialista es mísera en su tercera acepción, “pobreza extremada” [11], en cuanto simple y falta de raciocinio, pero también es mísera en su cuarta acepción, “plaga pedicular, producida de ordinario por el sumo desaseo de quien la padece” [11], porque se extiende como una plaga de piojos que chupa la sangre y debilita cualquier análisis razonado, socialista y marxista de las realidades a las cuáles nos enfrentamos.

Evitemos, pues, que el antiimperialismo nos impida adoptar una posición anticapitalista.

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[1] V. I. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekin 1975, páginas 113 - 114

[2] Telesur, FMI felicitó a Libia por logros macroeconómicos, http://multimedia.telesurtv.net/23/2/2011/27624/fmi-felicito-a-libia-por-logros-macroeconomicos/


[4] Carlos Rivera Lugo, El comunismo jurídico, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117096

[5] Diario Público, Gadafi invita a la ONU a inspeccionar Libia, http://www.publico.es/internacional/364755/gadafi-invita-a-la-onu-a-inspeccionar-libia

[6] Partido Comunista de España, Ante los asesinatos de manifestantes en Libia, http://www.pce.es/secretarias/secinternacional/pl.php?id=4460

[7] Parti Socialiste des travailleurs, Non au massacre du peuple libyen! Solidarité!, http://membres.multimania.fr/pstdz/position.htm#Libye

[8] Mouvement Ettajdid, Solidarité avec la Révolution du People Libyen, http://ettajdid.org/spip.php?article613

[9] Communist Party of Egypt, http://egyptian.wordpress.com/

[10] Buró Ejecutivo de la IV Internacional, ¡Apoyo a la revolución libia! ¡Fuera Gaddafi!, http://puntodevistainternacional.org/spip.php?article350

[11] Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, definición de miseria, vigésima segunda edición, http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=miseria

lunes, 28 de febrero de 2011

La rebelión árabe y la revolución permanente

“En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente”
IV Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de oposición, Manifiesto comunista, Marx y Engels

Antes de empezar quisiera destacar la lección de humanidad, sensibilidad y solidaridad que nos está dando el pueblo árabe a esta vieja Europa y al socialismo latinoamericano, ese mismo pueblo árabe que nos han vendido como extremista y terrorista, que aún en la adversidad de la situación de sus propios países son capaces de ofrecer ayuda a los desplazados provenientes de Libia con los pocos medios que tienen, sin quejarse.

Asisto estupefacto a como un dogma se extiende y contamina toda concepción marxista respecto a Libia, porque la causa a defender es la de “Gaddafi es nuestro hombre”. En estos últimos días he leído, escrito, reflexionado y debatido; y cuando se analiza en profundidad la teoría de la conspiración en Libia al final se llega a un muro infranqueable. A saber, si la OTAN entrara en Libia “Gadafi sería nuestro hombre, todo es un montaje organizado por el imperio para derrocarlo y hacerse con el petróleo libio”.

Analicemos primero los postulados de esta teoría de la conspiración para intentar llegar al fondo de la cuestión, la defensa a toda costa del nacionalsocialismo (como llamaba Trotsky a los postulados de Stalin, el socialismo en un solo país [1]) haciendo uso para ello de la causa antiimperialista.

“Libia es otra Venezuela” [2]. El análisis de la teoría de la conspiración comienza con el petróleo. Como todos sabemos Libia es un gran productor de crudo y por lo tanto susceptible de ser controlada y/o invadida por el imperio. Por ello interpretan que todo lo que está ocurriendo en Libia obedece a un complot del imperio para hacerse con el control del petróleo libio. ¡Como si las multinacionales del petróleo no estuvieran ya en suelo libio! ¡Como si Gadafi no hubiera estado garantizando en la zona la estabilidad del imperio!

¿Pensáis realmente que lo que se está montando en Libia se monta desde fuera? ¿Pensáis realmente que todo lo que se está montando en el mundo árabe, no solo en Libia, se monta desde fuera? ¿Pensáis que Libia es distinto del resto de los países árabes? ¿Las revueltas en Iraq también son promovidas por el imperio? ¿Qué está buscando el imperio en Iraq con las revueltas contra sigo mismo? ¿Estáis intentando defender que todo lo que pasa en el mundo árabe es distinto a Libia? ¿O por el contrario estáis defendiendo que todo lo que pasa en el mundo árabe es un complot mega mundial?

Responder a todas estas preguntas haciendo uso de la citada teoría de la conspiración solamente llega a un punto, a la contradicción y al absurdo. No reconocer las causas globales que están entrando en juego en Libia nos lleva a la teoría de la conspiración y al error. El pueblo Libio se alza en su ámbito local por causas en su mayoría globales, alza de los precios de los alimentos, paro, falta de futuro de la juventud, ausencia de derechos sociales. Es una rebelión de los árabes en contra de sus sistemas semi feudales por razones esencialmente globales.

Otro postulado viene a afirmar que la manipulación de la información proveniente de Libia demuestra la mano del imperio en un plan magistral para hacerse con el petróleo de la zona [3]. Es obvio que los países occidentales intentan posicionarse junto con el caballo ganador, una vez que han comprobado que el régimen libio no iba a poder reprimir las revueltas. Es obvio que una vez apostado por el caballo ganador van a intentar alinearse con él, manipular la información en su beneficio e interferir todo lo posible en el proceso que se está abriendo ahora en Libia. Pero todo esto no demuestra ningún plan. Demuestra que son más inteligentes, versátiles y rápidos que la izquierda europea y latinoamericana en posicionarse. Es más, en esta deriva de diferenciar Libia de Túnez y Egipto, se ha llegado a afirmar que el resto de rebeliones han sido pacíficas, lo cuál es más absurdo todavía [4]. Sin embargo, las noticias que nos llegan desde Libia son que los “rebeldes” no van a aceptar una intervención extranjera [5], información no sospechosa de ser manipulada por el imperio.

La bandera de la causa antiimperialista no es nuestra bandera, hacemos uso de ella pero no es nuestra bandera. Tenemos nuestra propia bandera, la del proletariado. Antiimperialismo es distinto que socialismo. Antiimperialismo no es construcción del socialismo [6]. Y es que tengo la extraña sensación de que ciertos silencios esconden detrás visiones y posiciones nacionalsocialistas, que se verían en entredicho si las revueltas actuales se convirtieran en una revolución global árabe. Algunos sillones se volverían tremendamente incómodos.

Llegados a este punto cabe preguntarse entonces ante qué tipo de revoluciones estamos, a donde nos pueden llevar y cual es el papel del proletariado árabe.

En primer lugar, aún con la cantidad de humo y polvo que existe todavía en el aire y que nos impide ver con claridad la situación, parece haber un patrón común en todas las revueltas árabes, y Libia no es distinta, a saber, reivindicaciones democráticas. Estamos ante revoluciones democráticas. Para centrar la situación, partimos de sistemas cuasi feudales (al menos no han “disfrutado” aún de una democracia liberal al uso) en donde ha estallado una ola de revoluciones democráticas, que aplicadas al contexto particular de cada nación nos dan las situaciones distintas que actualmente existen en Túnez (sin rumbo), Egipto (tutela del ejercito) y Libia (represión). No voy a entrar en el debate de si el proletariado está al frente o no de las manifestaciones, si está más o menos organizado, o si tardará más o menos en organizarse. Lo que debe quedar claro es que hay una ausencia total de oposición organizada, incluyendo una oposición burguesa y liberal, y desde un punto de vista marxista, la única clase que parece capaz de organizarse y satisfacer las demandas democráticas de la población es el proletariado (uniéndose para ello con otros colectivos más numerosos), la única verdaderamente revolucionaria.

En segundo lugar me gustaría señalar que no es la primera vez que ocurre, hace ya 94 años pasó algo parecido en Rusia, una revolución democrática en febrero de 1917 ponía fin al sistema zarista. Y como entonces, estamos asistiendo a rebeliones contra los gobiernos provisionales establecidos, caso de la reciente dimisión del primer ministro tunecino a causa de la presión en la calle árabe [7], o las continuas manifestaciones en Egipto. Y comparo la situación del norte de África y Oriente Medio con la Rusia de principios del siglo XX con total conocimiento de causa, pues, a pesar de las diferencias, partimos de sistema autocráticos, sin una oposición burguesa organizada, y con una población empobrecida. Siguiendo con este razonamiento, y si los postulados de Trotsky de la revolución permanente [8] se cumplen en esta ocasión, no es descabellado pensar que la izquierda revolucionaria árabe consiga organizarse y lo que ha empezado siendo una revolución democrática acabe derivando interrumpidamente en una revolución socialista y proletaria.

En tercer lugar cabe destacar el carácter global de las rebeliones que estamos presenciando. Intentar plantear la cuestión país a país, contexto a local a contexto local, bajo mi punto de vista es un error, pues las causas son esencialmente globales; crisis sistémica, subida del precio de los alimentos, paro, falta de futuro, ausencia total de derechos sociales;  todas ellas comunes a todos los países árabes. El capital se ha globalizado, globalizando consigo sus propias contradicciones pero también globalizando consigo nuevos elementos y medios de lucha. No hay que desdeñar la importancia de internet y las redes sociales en los levantamientos, pero solamente son el medio de comunicación global, en una rebeldía global (al menos en el contexto árabe), dentro de un capitalismo global, inmerso en una crisis global. Nuestros países occidentales, “democráticos”, son la minoría burguesa explotadora del mundo que condena a la pobreza y a la miseria a la mayoría de los seres humanos de este planeta. No cabiendo esperar que la burguesía se rebele contra si misma, estamos asistiendo a la constatación de una rebelión de sur a norte, de los países subdesarrollados hacia los países desarrollados. Desde un punto de vista global todo parece tener más sentido, aunque reconozco que es demasiado pronto para hablar de revolución árabe, y menos aún de revolución global.

En contraposición al razonamiento que he intentado exponer en este artículo, solamente he encontrado miedo. Miedo a la mano imperialista. Miedo a las tribus libias. Miedo a la intervención de la OTAN. Miedo a la situación de incertidumbre. Miedo a la revolución. Miedo al cambio. Olvidemos el romanticismo de las revoluciones. Las revoluciones son duras, tremendamente violentas, inciertas, crueles y dolorosas. Pero no tengamos miedo al poder de cambio de una revolución pues los que tienen que tener miedo son otros.

Visto que es uso común manipular con el miedo, voy a intentar hacerlo con la ausencia del mismo, ¿realmente tenéis miedo a que el mundo cambie?, los que os hacéis llamar socialistas, comunistas, revolucionarios, sabios o humanistas; ¿tenéis miedo?.

Peoples of Europe, rise up!
Un mundo, una revolución global

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[1] León Trotsky, La Revolución Permanente, edición Diario Público, España, 2009, p. 31


[3] El montaje de la represión de manifestantes en Libia con cazabombarderos . Nuevas mentiras para justificar la injerenCIA imperialista en el norte de África, http://antimperialista.blogia.com/2011/022301-el-montaje-de-la-represion-de-manifestantes-en-libia-con-cazabombarderos-.-nueva.php

[4] Jon Juanma, Revoluciones pacíficas, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123019



[7] Alma Allende, Ghanoushi cae, la Qasba sigue en pie, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123309

[8] León Trotsky, La Revolución Permanente, edición Diario Público, España, 2009

viernes, 25 de febrero de 2011

Crítica a la teoría del complot en Libia

Está surgiendo en la izquierda española, al menos que yo sepa, la idea de que las rebeliones concretamente en Libia se deben a un complot imperialista en la zona (leer por ejemplo El montaje de la represión de manifestantes en Libia con cazabombarderos . Nuevas mentiras para justificar la injerenCIA imperialista en el norte de África), con el fin de derrocar a Gadafi.

Yo defiendo sin embargo que lo que estamos viviendo es un alzamiento global en el mundo árabe por razones en su mayoría de carácter global y por lo tanto, Libia no puede diferenciarse del resto de países árabes. Sobre este tema ha surgido un debate en 3i en la noticia http://laboratoriodenoticias.es/spip.php?article189.

Os copio aquí un comentario mío que reproduce lo que yo defiendo en contraposición a la teoría del complot.

"¿Pensáis realmente que lo que se está montando en Libia se monta desde fuera? ¿Pensáis realmente que todo lo que se está montando en el mundo árabe, no solo en Libia, se monta desde fuera? ¿Pensáis que Libia es distinto del resto de los países árabes?

Irán apoya a los "rebeldes", ¿quiere decir esto que Irán se alinea con el imperio? ¿Las revueltas en Iraq (http://www.rebelion.org/noticia.php...) también son promovidas por el imperio? ¿Qué está buscando el imperio en Iraq con las revueltas contra si mismo?

Es que la teoría del complot se cae por si misma, ¿estás intentando defender que todo lo que pasa en el mundo árabe es distinto a Libia? ¿Libia que pasa, que es especial y por eso es distinto? ¿Me puedes explicar porque Libia es distinta a todas las demás naciones árabes en las que hay revueltas? ¿O ahora es que vas a defender que todo lo que pasa en el mundo árabe es un complot mega mundial?

¿Sabéis cual es el problema?, que no habéis superado aún la III Internacional, que seguís empeñados en ver las revoluciones dentro del contexto de un país concreto únicamente, y como con esta teoría no podéis explicar lo de Libia, entonces tenéis que recurrir a que es un complot externo. Todo con tal de negar el carácter global de lo que está pasando.

Que las revueltas en los demás países de la zona han sido pacíficas es otro absurdo, http://www.rebelion.org/noticia.php...

Entiende que antiimperialismo es distinto que socialismo. Antiimperialismo no es construcción del socialismo. Lee lo que ocurrió en Irán con el partido comunista por apoyar una línea antiimperialista que fue la de los ayatolás: http://www.rebelion.org/noticia.php...

Lo que está pasando son alzamientos en cada contexto local por motivos globales. Por eso Libia no se salva, no es un alzamiento contra Gadafi en concreto, es un alzamiento contra la subida de precios, contra el paro, contra la falta de futuro, es una rebelión al papel que hemos decidido desde occidente que tienen que jugar los países árabes.

Yo no comparo a Gadafi con Franco, lo comparáis vosotros, porque estáis actuando como los ingleses en la guerra civil, que decían "si si, la república está muy bien, pero nuestro hombre es Franco". Y vosotros estáis diciendo, "sí sí, todo esto está muy bien de la revolución global, pero nuestro hombre en la zona es Gadafi".

Como decía Trotsky, las diferencias teóricas al final se ven enfrentadas en la práctica.

Una cosa está clara, ninguno de los dos queremos ver a la OTAN, tú porque piensas que van a deponer a Gadafi, yo porque pienso que van a desarmar al pueblo y colocarán al frente a ex-miembros del gabinete de Gadafi. ¿O por qué te crees que uno de los primeros que dimitió fue el representante en la ONU?"

Los americanos son muy rápidos en manipular, controlar e intentar orientar lo que está pasando para defender sus intereses imperialistas. Sin embargo, nosotros dudamos, nos ponemos a discutir sobre si es un complot o no. Sería un error garrafal no apoyar ahora a los trabajadores/as libios.

jueves, 24 de febrero de 2011

Libia y la revolución permanente

Desde que empezaron las revueltas populares en Túnez mi posición hasta hace bien poco era de calma, cautela, porque aunque si que es cierto e innegable que las revueltas populares existen (lo digo porque ya existen voces que afirman que todo es un complot imperialista), y también es cierto que el proletariado de estos países están en cierta manera al frente de las mismas, las consecuencias inmediatas en Túnez son que dirigentes del antiguo régimen siguen en el poder y en el caso de Egipto son que han cambiado a un dictador salido de las filas del ejército para colocar al mismo ejército, manteniendo así el mismo régimen dirigido y auspiciado por el ejército. Y pronuncio tantas veces la palabra ejército refiriéndome a Egipto porque su presencia omnipresente en el proceso político de este país es igual de preponderante.

El caso de Libia me resulta distinto. Me resulta distinto porque aunque no podemos hablar de revoluciones pacíficas [1] en ninguno de los tres casos (entre otras cosas porque no creo que existan), en Libia el pueblo se ha levantado en armas contra el régimen que los oprime. Y queridos lectores, intentar ver en el régimen libio cualquier atisbo de socialismo, o, con la excusa de que se declare o se haya declarado antiimperialista de fachada (porque en el fondo, los negocios son los negocios) intentar justificar que todo está siendo parte de un complot del imperio [2], bajo mi punto de vista es no entender nada de nada y confundirlo todo, como los periodistas del mass media que aún se está preguntando que está pasando en el norte de África. Desgraciadamente las revoluciones son violentas, muy violentas. El caso libio nos demuestra que las revoluciones son violentas porque la minoría que está en el poder no lo va a dejar sin luchar, como afirmaron unos jóvenes Marx y Engels hace mucho tiempo. Incluso voy a ir un paso más allá, las revoluciones ni se predicen ni tienen una única causa ni se provocan, solamente se dirigen una vez pasado lo peor si se dejan dirigir. Y en eso estamos.

Asistimos actualmente a la mezquindad de ver como todas las potencias mundiales intentan posicionarse del lado del caballo ganador, para repito, pasado lo peor, poder influenciarlo. Así vemos como las potencias occidentales han mantenido cautela hasta que el régimen libio se desmorona a todas luces y ahora tachan de intolerable la violencia, Irán apoya ahora a los “rebeldes”, … ¿Y las potencias llamadas socialistas latinoamericanas? No saben, no contestan. Y soy de la opinión de que el socialismo latinoamericano “debería apoyar en estos momentos al mundo árabe sin reservas, adelantándose a la estrategia de las potencias occidentales, desbordadas por los acontecimientos y a las que Gadafi está dando la oportunidad de un regreso -militar quizás, pero sobre todo propagandístico- como paladín de los derechos humanos y la democracia” [3]. Apoyo sí, pero teniendo claro cuáles son nuestros principios y nuestras ideas, evitando los errores del pasado [4].

Ante la aceleración tan brutal que está teniendo la historia en Libia, quizás me esté apresurando, pero cabe preguntarse, ¿es posible que las revueltas actuales puedan derivar en una revolución socialista? Para contestar a esta pregunta intentaré hacer uso de “La Revolución Permanente” [5] de Trotsky. Esta teoría entraña tres ideas.

En primer lugar aborda el problema de la transición de la revolución democrática (fase en la que nos encontramos ahora en Libia) hacia la revolución socialista. La teoría afirma, y se vio confirmada con la revolución del Octubre rojo, que las reivindicaciones democráticas en los estados atrasados conducían a la dictadura del proletariado. En palabras de Trotsky “la democracia dejaba de ser un régimen de valor intrínseco para varías décadas y se convertía en el preludio inmediato de la revolución socialista, unidas ambas por un nexo continuo.” [6]

En segundo lugar trata la revolución socialista en sí, como proceso de transformación constante de las relaciones sociales. Para el objetivo de este artículo no cabe detenerse en este punto.

En tercer lugar se destaca el aspecto internacional de la revolución socialista. Nunca antes en la historia de la humanidad las naciones han estado más interconectadas y dependientes unas de otras como en la actualidad. Como he defendido en mi artículo “La Estrategia Global” [7] la revolución no puede ser más que global, pues el capitalismo se ha globalizado, globalizando consigo sus propias contradicciones. Es más, estoy convencido de que la revolución vendrá de abajo arriba, de sur a norte, de los países subdesarrollados a los países desarrollados. Debemos entender y analizar con detalle lo que está sucediendo, porque inevitablemente nuestras sociedades se verán afectadas por los acontecimientos. Una vez más, los hechos nos sobrepasan y nos pillan con el pie cambiado, la realidad nos supera y nos toca organizarnos a nivel internacional lo más rápidamente posible para evitar que lo que ahora empieza en Libia no se quede solamente en Libia.

Enterremos de una vez la II Internacional, la de la socialdemocracia, la que actualmente representa la deriva neoliberal de los que se declaran socialistas (en España concretamente) y la comparsa keynesiana de los que se declaran actualmente de izquierdas. Enterremos de una vez la III Internacional, la de la revolución en un solo país, debemos aprender de la experiencia de la U.R.S.S., de la deriva capitalista de China, debemos entender que Cuba se ahoga sola en este mar de tiburones capitalistas. Construyamos de lo que queda de la IV Internacional la V Internacional, socialista y comunista, revolucionaria, anticapitalista, internacionalista y radicalmente democrática.

Peoples of Europe, rise up!

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[1] Jon Juanma, Revoluciones pacíficas, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123019

[2] El montaje de la represión de manifestantes en Libia con cazabombarderos . Nuevas mentiras para justificar la injerenCIA imperialista en el norte de África, http://antimperialista.blogia.com/2011/022301-el-montaje-de-la-represion-de-manifestantes-en-libia-con-cazabombarderos-.-nueva.php

[3] Santiago Alba Rico y Alma Allende, Del mundo árabe a América Latina, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123027


[5] León Trotsky, La Revolución Permanente, edición Diario Público, España, 2009

[6] León Trotsky, La Revolución Permanente, edición Diario Público, España, 2009, p. 59