"En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”. Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste."

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

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sábado, 8 de junio de 2013

CCOO se mea en el sacrificio y memoria de nuestros padres y abuelos

Publicado en Kaosenlared.net

Ayer 7 de junio por la tarde se consumó la traición mas ruin, el dislate, la constatación de que CCOO ha sido ocupada totalmente por el poder neoliberal, aquello que Gramsci denominó las formas sutiles de contrarrevolución. El representante de dicha organización en el comité de “sabios”, donde 8 de los 12 integrantes están o han estado a sueldo de la banca y aseguradoras, votó a favor del informe sobre la reforma de las pensiones /1.

Los expertos han aprobado el informe sobre reforma de las pensiones
Este informe propone que las pensiones ya no suban con el IPC (Índice de Precios al Consumo), e introduce una serie de parámetros en el cálculo de la revalorización de las pensiones a cada cual más neoliberal. Uno de ellos es la esperanza de vida, cuanta más esperanza de vida menos pensión. Este argumento ha sido ya rebatido en infinidad de veces y se utiliza como una dogma en el cuál el representante de CCOO parece creer. A saber, la esperanza de vida es una media, sustancialmente no sube porque vivamos más, sino sobre todo porque en los países desarrollados la mortalidad infantil se ha reducido muchísimo en los últimos 30 años. El otro parámetro tiene un calado más ultraliberal, las pensiones se calcularán en función de la “sostenibilidad” del sistema. Miren, las pensiones es un derecho conseguido con años y años de luchas, lágrimas y sangre; es un derecho recogido en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por lo tanto, puede y debería financiarse también con impuestos, sí, esos mismos impuestos que ahora se usan para pagar deudas privadas estatizadas a base de rescates a la banca y políticas fiscales regresivas. Ligar la revalorización de las pensiones a la “sostenibilidad” del sistema es ligarla a los sueldos, que van a la baja, y al paro, que va al alza; cuanto menos sueldos y más paro, menos pensiones. Esto significa ligar las pensiones a las condiciones del mercado laboral y en última instancia al mercado financiero; ese Dios que nos castiga cada vez que intentamos abrir la boca para denunciar la pérdida de las condiciones más básicas de existencia y bienestar.

Ya era una vergüenza y un escandalo que representantes de CCOO y UGT participarán en este paripé con claro sesgo neoliberal que iba dirigido a buscar la fórmula adecuada para tirar a la baja las pensiones, una fórmula que no supusiera otro frente de movilización social para el Gobierno. Pero no contento con ello, el representante de CCOO vota a favor del informe, y la dirección de esta organización capitalista (me niego a partir de ahora llamarla sindicato hasta nuevo aviso) se limita a decir que “El informe es eso, un informe. No vincula al Gobierno, ni a las Cortes Generales, ni a los interlocutores sociales” /1. Esto es de ir a mear y no echar gota.

Pero puestos a especular y, por qué no decirlo, puestos a mearse en nuestros derechos, porque no hacerlo directamente sobre aquellos que se sacrificaron antes que nosotros para conseguir los avances sociales con los que CCOO ahora especula para seguir manteniendo su estatus de organización social representativa a base de subvenciones y créditos de entidades bancarias. Que digo, que se vayan a la tumba de mi abuelo y se meen encima, porque de hecho ya lo están haciendo. Mi abuelo, como tantos otros, que se sacrificó en la guerra para defender los derechos que CCOO se pasa ahora por el arco del triunfo, que después de la guerra pasó miserias por ser rojo, ya que ser calificado como tal te cerraba cualquier posibilidad de trabajo estable. De paso, que se pasen también por la tumba de mi otro abuelo, pastor, que tuvo que exiliarse a las colonias francesas a pasar disentería, que cuando volvió se empleó en un telar sin formarse, analfabeto y sin condiciones de seguridad; lo que provocó que en un accidente laboral perdiera una mano y tres dedos de la otra. Eso, que se pasen y se meen encima de su recuerdo y de su memoria, la memoria de todos aquellos que sufrieron lo indecible para que nosotros disfrutemos de un bienestar que ahora trocean y venden al mejor postor, cual mercancía.


Y que se vayan también a ver mi a padre, que ha trabajado toda su vida en El Corte Inglés soportando prácticas caciquiles, presiones y bulling laboral; donde se han abandonado a los trabajadores a las manos de los sindicatos amarillos herederos del sindicato vertical franquista, porque claro, era más cómodo estar en las administraciones públicas cogiendo subvenciones y liberados que arriesgarse a definir estrategias y hacer un trabajo sindical en el gran comercio. Sí, vayan y méense en su cara, díganle que su pensión, ganada a pulso desde que con doce años se empleara en una zapatería, depende del sueldo vergonzante y el paro de sus hijos; esa misma pensión que mitiga los efectos de esos mismos sueldos vergonzantes y el paro.

Militantes y afiliados de CCOO que todavía mantenéis algo de dignidad y conciencia de clase, o se define una estrategia clara de toma del sindicato ya o se da por perdido, pero más excusas no. Las excusas ante la injusticia, como la indiferencia y la equidistancia, te alinean con el opresor.

Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

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1/ El representante de CCOO vota a favor del informe sobre la reforma de las pensiones, eldiario.es, http://www.eldiario.es/economia/expertos-aprueban-informe-pensiones-voto_0_140686476.html

jueves, 14 de febrero de 2013

La Economía del Bien Común pero sin propiedad común



Christian Felber, uno de los fundadores de la Banca Democrática, hablará el viernes 15 de febrero en Murcia de la Economía del Bien Común. La Economía del Bien Común se presenta como un sistema económico alternativo basado en cinco principios fundamentales: la dignidad humana, la solidaridad, la cooperación, la responsabilidad ecológica y la empatía. En la práctica, esto significa que aquellas empresas que les guíen esos principios y valores deben obtener ventajas legales que les permitan sobrevivir a los valores del lucro y la competencia actuales. Es decir, si no lo he entendido mal, estas empresas deben poder competir en el mercado en mejor posición que las empresas que no respetan estos valores, presuponiendo que haya realmente competencia en el mercado y por otra parte que haya unos Estados democráticos capaces de imponer una serie de reglas a la competencia, lo cuál ya es mucho presuponer.

Lo que más llama la atención es la fastuosidad y la pomposidad del nombre, Economía del Bien Común. Sorprende que llamándose Economía del Bien Común no se mencione nada sobre la propiedad común, y ni hablar de ponerla como base de este sistema. Para que nos hagamos una idea, esto es como hablar de socialismo sin socializar, o de capitalismo sin capital. Y es que da la sensación que aquí se trata de lanzar ocurrencias morales para dulcificar el capitalismo, pero nada de hablar de propiedad, no vaya a ser que abramos la caja de Pandora y molestemos a cierta gente. Aún así, hay que reconocer que Felber, tímidamente, es partidario de poner ciertos límites a la propiedad privada sobre los medios de producción y a la herencia.



Hay que reconocer también cierta aportación, la inclusión de los conceptos de costos sociales y ambientales en la producción. La extinta URSS, por ejemplo, tenía un sistema excesivamente basado en mejorar la producción y los costes de producción, el productivismo soviético, lo que quizá esté en el origen de la catástrofe ecológica mundial de Chernobyl. La energía nuclear podría parecer una fuente relativamente barata de producir grandes cantidades de energía, pero si le añadimos los costes sociales y ambientales de los diferentes desastres acontecidos a lo largo de la historia, recordando el reciente desastre de Fukushima, seguramente llegaremos a la conclusión que es más cara de lo que podría parecernos en un principio. Por lo tanto, los costes sociales y ambientales deben ser tenidos en cuenta en la conveniencia o no de cierta producción.

Dicho esto, creo que debemos retomar el concepto de justicia para repensar el sistema económico. Decía Confucio que allá «donde hay justicia no hay pobreza», sacando la justicia del plano moral - religioso y llevándola al plano materialista. El problema principal del sistema capitalista no es una cuestión moral, es una cuestión material, es un sistema que crea grandes desigualdades económicas y sociales a nivel nacional e internacional. En el origen de estas desigualdades, la acumulación de la mayoría de capitales en unas pocas manos, se encuentra sin duda, la propiedad privada sobre los medios de producción. Pongamos un par de ejemplos.

En este país a algunos se les llena la boca para hablar de productividad y competitividad. Habiendo renunciado ya al consumo interno (ellos lo saben muy bien, son los mismos que están sacando grandes capitales del país), están basando la recuperación en las exportaciones (que digo yo, que si todos exportamos, ¿qué países importarán?), y para eso tenemos que ser más productivos y más competitivos que nuestros competidores. Para ello la única vía posible es «desgraciadamente, trabajar más para cobrar menos» (dijo un empresario de éxito ahora encerrado en la cárcel por fraude). Es curioso, siguiendo esta lógica, uno de los factores que afectan más a la competitividad es el precio de la energía, pero esto parece estar fuera de todo debate. El mercado liberalizado de la energía es un oligopolio, dado que los productores (los que venden) y las comercializadoras (las que compran) son prácticamente los mismos, donde los costes reales de producción son opacos, no se conocen. Dudo mucho que poniendo puntos negativos o positivos a estas empresas, como plantea la Economía del Bien Común, vayamos a solucionar esta problemática, pues de hecho no hay competencia. He aquí el origen de la injusticia, unos señores se apropiaron de unas empresas estatales a través de vergonzosas privatizaciones y se están enriqueciendo pactando precios y con prácticas mafiosas sobre un sector de vital importancia para el bienestar y el desarrollo del país. No es un problema moral, el problema es la propiedad y la privatización de los beneficios.



Otro ejemplo es la tierra. La tierra no es de nadie, nadie se la pueda apropiar a costa de la miseria de la mayoría. A pesar de lo que pueda parecer, la duquesa de Alba no llegó a Andalucía y creó la tierra bajo sus pies y el cielo sobre ella, ni tampoco dijo «he aquí mi creación, mi propiedad». La casa de Alba mantiene grandes cantidades de tierras paradas, gracias a subvenciones europeas que se calculan por terreno y no por producción, en una región donde más del 30% de los trabajadores están en paro. Y aunque la casa de Alba trate muy bien a los trabajadores que tiene empleados y sea la empresa más ecológica del planeta, lo que le daría muchos puntos de la Economía del Bien Común, sigue existiendo una injusticia material, esas tierras deberían dar trabajo a mucha más gente y los beneficios deberían ser repartidos y socializados. Otra vez, la injusticia parte de la propiedad privada sobre los medios de producción.

Estamos llenos de buenas intenciones, de códigos de buenas prácticas, de grandes valores, de declaraciones magníficas como la universalidad de los Derechos Humanos, de Economías del Bien Común y de moralinas varias; pero si como sociedad no atajamos y resolvemos los orígenes de la injusticia económica y social todas estas exaltaciones morales valen menos que nada.

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Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

domingo, 7 de octubre de 2012

Carta a los trabajadores



Queridos trabajadores,

Llevo alguna semana pensando en escribiros una carta y por fin hoy me he decidido. Sinceramente, aunque he pensado mucho en esta carta, no se muy bien al final como saldrá; quizá algo melodramática, exagerada, o puede que sencilla y llana, quién sabe. De lo que podéis estar seguros es que la escribo desde el convencimiento de que vosotros, y solamente vosotros, tenéis la solución a estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Trabajadores, se que la mayoría de nosotros (me incluyo) lo que queremos es trabajar, tener un sueldo a final de mes que nos permita vivir dignamente, disfrutar de nuestras familias, tener nuestros pequeños momentos de ocio, quizá unas vacaciones y no calentarnos demasiado la cabeza. Desgraciadamente, esto ya no es posible para muchos de nosotros, sea porque una buena parte ha perdido el trabajo, sea porque nos solidarizamos con aquellos que sufren.

La justificación para los despidos, EREs, recortes, … es que no hay dinero. Pero el dinero si existe, el problema es que se destina en otros menesteres. El problema son los 90.000 millones de euros de fraude fiscal, son los 220.000 millones de euros que han salido de nuestro país en el primer semestre de 2012, son los 11.000 millones de euros que el Estado prestó a los bancos en 2010 y 2011 que reconoce ya como una cantidad irrecuperable, el problema son los entre 40.000 y 60.000 millones de euros que costará el rescate a la banca, que coincide con el recorte de los Presupuestos Generales para el 2013, y el problema es el cuarto o tercio de estos Presupuestos Generales para el 2013 que se va solo en el pago de los intereses de la deuda, casi 40.000 millones de euros que gozan de prioridad de pago absoluta gracias a la reforma de la Constitución que realizaron PP y PSOE en el 2011. Y de todo esto los trabajadores no tenemos responsabilidad alguna.

Trabajadores, sabed que todo el esfuerzo realizado por nuestros abuelos, abuelas, padres y madres en la construcción de un futuro para las siguientes generaciones lo están desmantelando a marchas forzadas.

Ante esta situación, algunos, sobre todo jóvenes, se han echado a la calle para denunciar esta injusticia, pacíficamente. La respuesta ha sido la represión, cuyos niveles están llegando a cotas insospechadas: palizas, acoso por reunirse y hablar de política, encarcelamientos preventivos, criminalización de la protesta pacífica, brutalidad policial injustificada. No lo podemos permitir. Están dando la cara por todos nosotros (en algunos casos literalmente) y encima tienen que soportar ciertos mensajes que hablan de infantilismo en sus proclamas y falta de experiencia en sus protestas. Que yo sepa, hasta ahora, la lucha obrera organizada a lo máximo que ha llegado es a organizar una comparsa multicolor por Madrid carente de mensaje y de contenido reivindicativo. Tampoco he visto a la lucha obrera organizada condenar la violencia policial sobre las protestas, no solo con palabras, si con presión y hechos, con huelgas. Aún así, se que la lucha obrera organizada es imprescindible para intentar revertir esta pérdida continúa de nivel de vida y derechos.

Trabajadores, en las manifestaciones he podido observar a jóvenes aún imberbes gritar “que viva la lucha de la clase obrera”. Pero ellos no saben aún lo que significa esa proclama; no han experimentado el miedo a perder tu trabajo, no por ti, sino por aquellos que te esperan en casa, no saben lo que es no cobrar dos meses y aguantar porque irse al paro es peor opción si cabe, no saben lo que es tragarse tu orgullo y agachar la cabeza una y otra vez para conservar tu puesto de trabajo, no saben lo que es que un hombre de 50 años llegue llorando a casa porque lo han presionado entre cinco jefes en un despacho de personal de El Corte Inglés para que firme los domingos, no saben lo que es echar horas extras, horas que te quitan de estar con tu familia, y no cobrarlas, no saben el sufrimiento y el sin vivir que significa esperar el pago de tu nómina y rezar porque no sea después del pago de la hipoteca, no saben lo que es estar parado cuando eres una de las cabezas de familia. No, no lo saben aún, no saben lo difícil que es superar este miedo, este miedo que existía ya antes de la crisis, organizarse y luchar, con la responsabilidad que conlleva no solo contigo mismo, sino con aquellos que dependen de ti. Aún así, debemos reconocerles la valentía y la lucha que realizan también por nosotros.

Trabajadores, no nos queda otra. La presión en la calle no es suficiente, los de arriba tienen dinero, medios, cuerpos represivos y medios de comunicación. Están machacando y criminalizando a nuestros jóvenes y no tan jóvenes, nuestros hermanos, hijos, conocidos, amigos, primos y en algunos casos padres y madres; a nuestros compañeros y compañeras. Uno lee historia y se asusta, se da cuenta que en el momento histórico y en el lugar donde los trabajadores no han luchado, no se han organizado o han sido derrotados las consecuencias han sido desastrosas para todos y todas. Sí, me estoy refiriendo al periodo entre guerras.

Son momentos difíciles, nos han enseñado a que miremos por nosotros mismos, pero la única manera que conozco de hacer presión a los poderosos, y deseo enormemente que si alguno sabe de otra forma me lo comunique, es parando la producción, transporte y distribución, junto a la promoción de un frente común para formar un gobierno del pueblo y para el pueblo; y para esto hay que organizarse. Se que la mayoría de nosotros trabajamos para pequeños y medianos empresarios, buena gente en general que también lo está pasando mal y que tampoco tienen culpa de lo que está sucediendo. Las huelgas no serán contra ellos y ellos podrán sumarse a las mismas, hablad con ellos, explicadles que ellos también pueden ayudar, aún así, estos pequeños y medianos empresarios tendrán que decidir de que lado se posicionan, si ayudando o represaliando a los trabajadores que van a la huelga, si de parte de sus trabajadores o de parte de los grandes empresarios y banqueros.

Trabajadores, organizaos, montad asambleas, hablad de vuestras situaciones con vuestros compañeros, sindicaos, si vuestros delegados sindicales no sirven, cambiadlos, si vuestras cúpulas sindicales no sirven, presionadlas, aquellos que os sintáis con fuerza, militad. Acudid a las manifestaciones con vuestros compañeros de trabajo. Se que las centrales sindicales carecen de credibilidad entre algunos de nosotros, pero es así porque son débiles, usad estas estructuras para organizaros, no solamente en vuestras empresas, sino en vuestros respectivos sectores. En definitiva, trabajadores, es momento de perder el miedo porque el futuro es si cabe peor.

Tenemos una tarea por delante, presión en la calle, lucha en los centros de trabajo y formación de un gobierno del pueblo y para el pueblo; solamente hay que decidirse a emprenderla.

Sin más, recibid un cariñoso abrazo de un compañero.

¡Que viva la lucha de la clase obrera!

Pedro Luis López Sánchez

jueves, 16 de agosto de 2012

El derecho a la existencia digna

“Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan”
Emma Goldman

¿De donde emana el derecho?, es decir, ¿de donde vienen los derechos?, ¿existen de por sí?, ¿alguien se los inventa cuando tiene alguna ocurrencia?, ¿han existido siempre?, ¿siempre han significado lo mismo?

La filosofía del derecho aceptada en la actualidad habla de derecho natural. El derecho natural constituye el conjunto de reglas fundamentales sobre la que se basa la convivencia humana, que es perceptible por la razón, que es congruente con la naturaleza del hombre y que representa la perfecta justicia o el ideal de lo justo. Cuando este derecho está vigente hablamos de derecho positivo, es decir, cuando este derecho está escrito en una ley. El derecho positivo y el derecho natural tienen concordancia, pues el derecho positivo debe inspirarse en el natural, desarrollándolo. La armonía con el derecho natural es lo que legitima al derecho positivo.

Sin embargo, cada vez somos mas conscientes de que las leyes son mucho más permisivas con ciertos delitos de alto standing y por el contrario, realmente duras con el pequeño delito. A las cárceles solo van los pobres, en las cárceles solamente hay pobres. La acción del SAT en los supermercados ha puesto de manifiesto que el derecho positivo, las leyes, no tienen por qué coincidir con el sentido de justicia, y por lo tanto, aún siendo ilegal la acción, una mayoría la considera justa y legítima. ¿Qué está ocurriendo?, ¿de donde viene este divorcio entre el derecho positivo y natural, que deslegitima el primero al menos para un mayoría social?

Immanuel Kant
Para explicar este divorcio debemos abandonar la teoría kantiana del derecho natural, es decir, abandonar la teoría de la existencia de un derecho universal perceptible por la razón humana anterior a la organización de las sociedades y contra el cuál no se puede legislar. De hecho, la percepción de lo justo ha evolucionado a lo largo de la historia del ser humano. Desde un punto de vista marxista, materialista, la percepción de lo justo no es anterior a los sociedades, sino que en cada época del ser humano prevalece el sentido de justicia de la clase dominante, incluso en contra de los intereses de la mayoría social. Es decir, son las condiciones socio-económicas impuestas por la clase dominante las que determinan un sentido de justicia favorable a sus intereses. De ahí que una mayoría social percibamos como justo y legítimo acciones ilegales, porque aún siendo justas para la mayoría, son contrarias a las leyes que la clase social dominante ha impuesto, con métodos mas o menos sutiles.

La crítica de los marxistas a la Declaración Universal de los Derechos Humanos [1] no proviene de que consideremos injusto lo que allí se expone, sino del hecho de que no sirve de mucho tal declaración si no se acaba con el origen de la injusticia, que se encuentra en las relaciones de explotación presentes en el capitalismo. El desarrollo histórico del capitalismo nos da la razón; las potencias más industrializadas, libres y democráticas violan constantemente los derechos humanos, son incapaces de implantarlos en su propio territorio, pues el origen de la injusticia sigue existiendo. Yo les invito a que lean y repasen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y juzguen ustedes mismos.

En este sentido, los trabajadores hemos aceptado como natural (en el sentido descrito anteriormente) el derecho al trabajo. Los sindicatos mayoritarios se afanan en la defensa de tal derecho, incluso a costa de especular y retroceder en derechos laborales conseguidos gracias a años de lucha, sangre, sufrimiento y lágrimas. Pues yo les digo señores sindicatos mayoritarios, entre los esclavos no había paro. ¿Qué en las entradas de los campos de concentración nazis se pusiera la expresión alemana Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres) no os da una pista del engaño? Los trabajadores hemos aceptado que bienestar individual debe ser conseguido con trabajo individual, de ahí que necesitemos exigir derecho al trabajo. Y los que no pueden hacer valer este derecho, pues “¡que se jodan!” [2], que trabajen en lo que puedan, incluso en condiciones de semi-esclavitud. Es el régimen de la meritocracia; en sociedades en (supuesta) igualdad de oportunidades cada uno tiene lo que se merece, dicen. Y digo yo, ¿qué méritos habrán realizado los Botín, Ortega y Roig para acumular tal cantidad de riqueza? Y en cambio, ¿qué pecados despreciables habrán cometido los desahuciados, parados y pobres de este país para merecerse tal castigo de miseria e indigencia?


Derecho al trabajo, ¡pero que absurdo tan grande! Si algo hemos hecho los trabajadores por encima de nuestras posibilidades ha sido trabajar y producir. Y después de tanto producir, de tantas casas construidas, de aumentar tanto la productividad, de tanto avance tecnológico en la agricultura, industria y servicios en post del progreso y el bienestar, ¿qué nos queda?, ¿por qué seguimos reclamando más y más trabajo?, ¿es que nos hemos vuelto todos locos?

De lo que tenemos derecho es a una existencia digna en nuestras sociedades, independientemente de nuestro estatus social y laboral. Tenemos derecho a disfrutar de lo que hemos producido en los últimos años entre todos, tenemos derecho a casa, comida, ropa, vacaciones, transporte, educación, sanidad y el resto de servicios sociales. Tenemos derecho a que la sociedad nos proporcione tal bienestar y que el trabajo quede relegado a un deber social necesario para hacer efectivo este derecho, un deber repartido entre todos.

En este momento histórico, para los trabajadores, una sociedad que no haga valer el derecho a una existencia digna a todos sus integrantes, es una sociedad fracasada y debe ser superada.

Pedro Luis López Sánchez – Twitter @estrateglobal

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[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos, Naciones Unidas, http://www.un.org/es/documents/udhr/index.shtml

[2] Andrea Fabra, diputada del PP en el Congreso, gritó ¡que se jodan! cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba los recortes en la prestación por desempleo.